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19 octubre 2026

Correr es vivir a tope de power (2015)

Tras el éxito de su libro anterior, "Mujeres que corren", Cristina Mitre ofrece a sus lectores una nueva entrega de consejos y recomendaciones para convertir esta actividad, el running, en la base para una vida saludable y plena. "Correr te ayuda a conocerte, te enseña mucho sobre ti. Te hace comprender que puedes más de lo que crees. Es una enseñanza para la vida. Una pasión que me encanta compartir".

Desde hoy ya lo tienes dentro de nuestro #PLEIEF

07 octubre 2026

Breaking2 (2017)

Después de seis meses de entrenamiento científicamente avanzado, tres de los corredores de distancia más elitistas del mundo se dispusieron a romper la barrera de dos horas de maratón. Estos pioneros emprenden un viaje global para desafiar lo impensable y romper la hazaña de dos horas, desde las pruebas en túneles de viento y los laboratorios en funcionamiento en los Estados Unidos, hasta el equilibrio de la formación con su vida cotidiana en África oriental.

Si lo quieres ver, pincha AQUÍ

13 septiembre 2026

¿Qué fue de... Ray Ewry?

Raymond Clarence Ewry
, más conocido deportivamente como Ray Ewry, nació en Lafayette (Indiana) el 14 de octubre de 1873. Durante su infancia se le detectó poliomielitis, una enfermedad que, hasta la aparición de la vacuna a mediados del siglo XX, causó estragos entre la población infantil. Al afectar al sistema nervioso y a la movilidad de los miembros inferiores, Ray pasó gran parte de su infancia postrado en una silla de ruedas. Su familia temía que pudiese quedar así el resto de su vida así que buscaron urgentemente el consejo médico para tratar de atajar los devastadores efectos de la enfermedad. Tuvieron la fortuna de dar con un galeno adelantado a su tiempo, que les aconsejó unas tablas de ejercicios que, sobre todo, recuperasen y fortaleciesen los miembros inferiores. Ray comenzó a mejorar y, motivado por verse cada vez más alejado de la silla de ruedas, incluso comenzó a diseñar su propio sistema de entrenamiento. Con el paso del tiempo se obró el milagro. No sólo logró recuperar la plena movilidad de sus piernas sino que además empezó a destacar en las competiciones atléticas. Primero a nivel local y luego compitiendo para la Universidad de Purdue, en donde además de ser el capitán del equipo de atletismo también jugó en el de fútbol americano. 

Tras licenciarse, se mudó a Nueva York para trabajar como ingeniero hidráulico. Pero ni todo el glamour de La Gran Manzana hizo que se olvidase de aquello que le había llevado a esquivar una silla de ruedas durante el resto de sus días. Se afilió al New York Athletic Club, uno de los clubes sociales y deportivos privados más importantes de la ciudad. Compitiendo para ellos se convirtió en uno de los mejores especialistas de todo el país en las pruebas de salto de altura, salto de longitud y triple salto (pruebas similares a las actuales pero que, por entonces, se realizaban desde parado, sin la fase de carrera previa). Su progresión parecía no tener límites y se convirtió en un competidor insaciable, imbatible para sus rivales. Así que, cuando el Comité Olímpico Internacional publicó las pruebas que compondrían el programa olímpico de los Juegos Olímpicos de París 1900, Ray fue incluido en el equipo estadounidense. 

Con 23 años, aquel niño que había pasado su infancia postrado en una silla de ruedas, se plantó en la capital gala como uno de los mejores atletas del momento. No importó que le pusieran las tres competiciones en el mismo día, ni que su tiempo de recuperación en una prueba tan exigente como los saltos fuese menor que el de sus rivales. Se hizo con las tres medallas de oro en juego de las pruebas de salto sin carrera previa. A su regreso a los Estados Unidos siguió compitiendo y dominando las pruebas de saltos desde parado durante todo el siguiente ciclo olímpico. Para los Juegos Olímpicos de Saint Louis 1904 de nuevo acudió como gran favorito para subirse a lo más alto del pódium. Y no sólo consiguió revalidar sus tres títulos sino que además consiguió despachar la competición con récords casi imposibles para la época como los 3,47 metros en salto de longitud desde parado. Incluso se atrevió a probar con la prueba de triple salto, tal y como la conocemos hoy en día, pero no logró clasificarse. Durante los siguientes 104 años, ningún atleta volvió a igualar su hazaña de conseguir 3 oros en 2 olimpiadas diferentes. Y sólo Michael Phelps, el nadador norteamericano, lograría superarla 108 años más tarde tras conseguir 3 oros durante 3 citas olímpicas diferentes.

Con 31 años, y aunque aquella superioridad sobre sus rivales había desaparecido, acudió a una tercera cita olímpica: los Juegos Olímpicos de Londres 1908. Llegó sabiendo que no volvería a repetir su hazaña de alzarse con otros tres oros ya que la prueba de triple salto desde parado había sido cancelada del programa olímpico. Se centró en las pruebas de salto de altura y de longitud desde parado, alcanzando de nuevo el oro olímpico en ambas. Sus 8 medallas de oro en pruebas individuales, es decir, sin contabilizar los relevos, tardaron 100 años en ser superadas, cuando Michael Phepls ganó su noveno oro en 2008. Tras esa olimpiada Ray ya no volvería a competir en unos juegos olímpicos porque para la edición de 1912 el Comité Olímpico Internacional decidió cancelar todas las pruebas de salto desde parado de su programa. Tras su retirada, su historia fue tomada como referente para muchos norteamericanos, que hoy en día siguen idolatrándolo. Falleció en 1937, a los 63 años, por causas naturales en su casa de Long Island (Nueva York). Como reconocimiento a su exitosa trayectoria fue incluido en 1974 en el Salón de la Fama Nacional de Atletismo y en 1983 en el Salón de la Fama Olímpico de los Estados Unidos.

16 febrero 2026

¿Qué fue de... Carl Lewis?


Frederick Carlton Lewis, más conocido como Carl Lewis, nació el 1 de julio de 1961 en Birmingham (Alabama, Estados Unidos). Creció en el seno de una familia de docentes muy querida y valorada dentro de su comunidad, en una época en la que el racismo en los estados sureños estaba muy extendido. De hecho, sus padres, Bill y Evelyn, fueron de los pocos jóvenes de color que habían podido cursar estudios universitarios por entonces. Bill había llegado a ser un notable atleta de 400 metros lisos. Evelyn había destacado en baloncesto y atletismo, llegando a ser considerada como una de las tres mejores vallistas del mundo durante los años 50, cuando fue seleccionada para disputar los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952. Ambos, a pesar de gozar de una buena situación económica, algo poco corriente para una joven familia negra en Alabama, nunca olvidaron sus orígenes humildes. Siempre se mostraron muy activos en los movimientos sociales que luchaban a favor de los derechos humanos y contra la segregación racial que sufrían los afroamericanos en su país. De hecho, llegaron a tener cierta relación personal con Martin Luther King, quien bautizó a los dos hermanos mayores de Carl. No corrieron la misma mala suerte del Premio Nobel de la Paz pero cerca estuvieron. En 1963, cuando el joven Carl tenía 2 años, 4 miembros del Ku Klux Klan atentaron con una bomba en la iglesia baptista que los Lewis tenían al lado de su casa, dejando como resultado 4 niñas fallecidas. Asustados, decidieron mudarse al norte del país, a Willingboro, una próspera localidad a las afueras de Philadelphia pero perteneciente al estado de New Jersey, buscando un entorno más seguro para toda la familia.

Toda la familia se integró rápidamente en la dinámica de su nuevo hogar. Sus padres continuaron siendo profesores y, además, se hicieron cargo de los equipos femeninos de atletismo de sus respectivos institutos. Los éxitos deportivos que cosecharon les llevarán a aunar esfuerzos y crear en 1969 el Club Atletismo Willingboro. El joven Carl les acompañaba, junto a su inseparable hermana, a todos los entrenamientos y competiciones, muchas veces a regañadientes. Entonces era un joven introvertido, tímido, conformista, y al que el deporte no parecía entusiasmarle demasiado. "Para mi edad, era bajito, el enano de la familia, el que no era un atleta, y mi padre siempre se preguntaba si aquello cambiaría en algún momento... en todas las familias siempre parece haber alguien sin talento, así que creo que aquel debería de ser yo" recuerda Carl. Su hermano mayor era el saltador y velocista con más talento del instituto, el mediano jugaba al futbol en el New York Cosmos, y su hermana pequeña comenzaba a despuntar en los saltos de longitud. A Carl le quedaba tan sólo el consuelo de tocar bien el violonchelo y de haber sido elegido para formar parte de la orquesta del instituto. Todo cambia cuando, en el foso de los saltos, mientras esperaban que terminasen sus padres de entrenar, deja de hacer castillos de arena para comenzar a competir con su hermana para ver quién salta más de los dos. Y lo que comenzó como un inocente juego de niñez, terminó convirtiéndose en su mayor pasión. Desde ese momento, su progresión es imparable, soñando con ser como aquel atleta que, durante los Juegos Olímpicos de México 1968, había visto por la televisión saltar casi 9 metros. Ni si quiera su baja estatura le impidió ganar, con tan sólo 12 años, el premio anual Jesse Owens de Philadelphia. Para una persona tan tímida e introvertida el atletismo era el deporte ideal para seguir siendo él mismo. Todo lo contrario de lo que pasó con los deportes colectivos que practicó (fútbol americano, baloncesto y béisbol), en donde no encontró más que un ambiente hostil en el que nunca llegó a encajar. 

Consolidado como una de las mejores promesas del estado, accedió al equipo de atletismo del Instituto de Willingboro, donde su padre ejercía como profesor y entrenador. Todo fue bien hasta que, mientras competía en una prestigiosa prueba, resbaló y cayó al suelo, privando al equipo de una histórica victoria que sus compañeros de equipo ya acariciaban con sus manos. Aquel accidente colocó a Carl como el blanco de las iras de sus compañeros de equipo que, lejos de consolarlo, se cebaron impunemente con él. Harto del trato, a final de curso decide cambiar la matrícula al Instituto John Fitzgerald Kennedy, donde su madre era ahora quien ejercía el doble rol de profesora de Educación Física y entrenadora. Aquel incidente había despertado en Carl un sentimiento de orgullo hasta entonces desconocido para él. Se había prometido que "nunca jamás me volverán a humillar en la pista". El cambio de aires le sentó bien, siguió mejorando sus prestaciones en pista y, además, pegó un gran estirón, alcanzando su altura actual, 1,88 metros. En los meses previos a dar el salto a la universidad, se convierte en el objeto de deseo de las que gozan de una mejor sección de atletismo. En teoría, el deporte universitario norteamericano es amateur. Tienen terminantemente prohibido recibir más incentivos que una beca por estudios, flexibilidad horaria en sus clases y alojamiento gratis. Pero la realidad es otra. La Universidad de Fairleigh Dickinson le ofrece mucho dinero, viajes, material deportivo y hasta un coche. La Universidad de Houston le ofrece vincularle a la multinacional Nike para un posible futuro tema de patrocinios. La Universidad de Tennessee le ofrece lo mismo pero con Adidas. La Universidad de Villanova promete facilitarle la entrada al mundo de los negocios poniendo a su nombre una franquicia de Athletic Attic. La lista es interminable, lo que resalta el potencial que atesora el joven Carl. "El teléfono podía llegar a sonar hasta 10 veces en una sola noche y ya estaba cansándome de hablar con entrenadores", así que decide firmar con la Universidad de Houston, tras entrevistarse con Tom Téllez, su entrenador jefe. "El entrenador Téllez no me ofreció dinero, ni un coche, ni un contrato de patrocinio" pero, a nivel de conocimientos técnicos, estaba muy por encima del resto, lo que impresionó en sobremanera a Carl. 

Lo primero que hizo Tom Téllez, tras iniciar los entrenamientos, fue modificar su técnica de salto. En lugar de quedarse "colgado" en el aire, le insistió en que "avanzara", para lo que tenía que caminar en el aire después de despegar. La prueba de salto de longitud era su favorita, en detrimento de la de velocidad. "En la calle de salto no hay nadie, así que tengo todo el tiempo del mundo para entrenar. Nunca tuve que esperar mi turno, y no tenía más que correr y saltar". Una semana antes de los campeonatos universitarios, con tan sólo 18 años, acude como invitado a una prueba de 100 metros lisos y derrota a James Sandford, el número 1 mundial de la velocidad. Las comparaciones con Jesse Owens son inevitables tanto por su velocidad, como por su versatilidad. Ya con 19, acude a los Trials, en los que se definirá el equipo que acudirá a representar a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. Carl deja de ser una promesa y se confirmó como una realidad. Queda 4º en la prueba de los 100 metros lisos, clasificándose como miembro del relevo 4x100, y consigue un 2º puesto en la prueba de salto de longitud, disputándole la victoria a todo un especialista como Larry Myricks. Finalmente, por motivos políticos, los Estados Unidos boicotearán la cita olímpica por motivos políticos y Carl Lewis tendrá que conformarse con disputar los Juegos Panamericanos junior. Allí, no hizo más que corroborar que ya era toda una realidad del atletismo mundial tras hacerse con tres oros en las pruebas de velocidad. 

A pesar de su supuesto amateurismo, condición indispensable para todo deportista universitario norteamericano, Adidas se convierte en su primer patrocinador a cambio de costearle los viajes. También, a través de su representante, Joe Douglas, cobraba un fijo por cada evento en el que participaba para que así "ni la NCAA ni le Universidad de Houston pudieran enterarse". Y tras un primer año de una fructífera relación con Adidas, la marca alemana le ofrece prolongar su vinculación como "consultor", durante 4 años, a razón de 8.000 dólares por temporada, además de incentivos. Pero Carl, que acababa de recibir una propuesta de 15.000 dólares anuales de un representante de la marca japonesa Asics Tiger, les pidió que le igualasen la oferta. Adidas se negó y, cuando Carl fue a firmar con los japoneses, se encontró con que no había tal oferta. Desesperado, acudió a Don Coleman, un antiguo velocista que trabajaba para Nike, una marca secundaria por entonces que aún distaba mucho de ser el gigante mundial que es ahora. A través suya, consigue un contrato con los de Oregón a cambio de 5.000 dólares anuales, más incentivos. Sin quererlo, Nike comenzó con Carl Lewis, y luego continuará con Michael Jordan, la campaña de tutelar a jóvenes deportistas talentosos que le catapultó al éxito. Y no se equivocaron porque Carl comenzó a acumular victorias y récords universitarios, simultaneando carreras de velocidad con salto de longitud, como décadas atrás había logrado Jesse Owens. Para 1982 Carl ya había renegociado con Nike su contrato, pasando a ser ahora de 200.000 dólares anuales, con un bonus de 40.000 por oro olímpico. 

Sin rival en las pistas, siguió acumulando dobletes en velocidad y longitud al mismo tiempo que comenzaba a descuidar sus estudios universitarios. Así, en su tercer año, cometió la torpeza de no presentarse a un examen para el que no había estudiado. Y eso, en el rígido sistema universitario norteamericano, significaba la exclusión temporal del programa universitario de atletismo. Carl, dado su estatus deportivo y notable popularidad, solicitó la repetición del examen pero la Universidad de Houston se mostró inflexible. Finalmente, la dirección deportiva universitaria, sometida a numerosas presiones políticas, le concedió un ultimátum: estarán dispuestos a readmitirlo siempre y cuando se comprometa a dar prioridad a sus estudios y, sobre todo, a renunciar a participar en algunas exhibiciones atléticas a las que acudía, al margen de su universidad, con el equipo de Santa Mónica. A Carl no le sentó nada bien que le dijesen qué debía de hacer y qué no. No entendían que él "quería seguir creciendo" y, sobre todo, que "si competía menos, mis progresos en el atletismo se estancarían". Así que, para sorpresa de muchos, Carl decidió poner fin a su etapa universitaria, aunque siguió viviendo en Houston y siendo entrenado por Tom Téllez. 
Desde entonces, Carl aseguró que "correré para Santa Mónica y para mí". Lejos de verse afectado por su drástica decisión, los resultados comenzaron a aflorar convirtiéndose en el primer atleta, desde 1886, que conseguía hacer un triplete: oros en los 100 metros, 200 metros y salto de longitud durante los Campeonatos Nacionales. Algo que ni el mismísimo Jesse Owens había logrado. Y con el añadido de que sus marcas se acercaban cada vez más a los récords mundiales: "estoy a 0,1 del récord mundial de los 100 metros, 0"03 del récord de los 200 metros y a 10 centímetros del récord de longitud, así que esta incertidumbre me resulta fascinante. Hace que competir siga siendo divertido" afirmaba. Sus marcas abrieron la veda hacia la búsqueda de nuevos récords en disciplinas como el 100 o la longitud, cuyos topes mundiales llevaban vigentes más de una década, pareciendo inaccesibles hasta entonces. Sin querer, Carl llevó al atletismo a una de sus épocas más espectaculares de su historia.

Pero no todo fue un camino de rosas para Carl. Su particular forma de entender el atletismo, simultaneando varias modalidades, le supuso ser el centro del debate entre periodistas, atletas y aficionados. Varios, como el velocista británico Allan Wells, afirmaban que "no tiene sentido intentar lo que ha hecho Carl Lewis. Los entrenadores norteamericanos no deberían haberle permitido competir en las dos pruebas. Son ganas de buscarse problemas". También se le criticó cómo gestionaba sus esfuerzos para desgastarse lo menos posible y así poder llegar en condiciones de competir por la victoria en las cuatro pruebas. "He hablado con mucha gente y, en lo que todos coincidían, es que le faltó deportividad. Todo el mundo sabe lo gran atleta que es, y no es que le tengan envidia ni nada por el estilo. Pero, para algunos, ya se está pasando" criticaba su compatriota Edwin Moses, minutos después de que Carl renunciase a batir el récord del mundo en longitud para no desgastarse de más de cara a la final de los 200 metros. Pero, por mucho que arreciasen las críticas, lejos de afectarle, todo aquello se convertía en una motivación extra para Carl. "Era la gente como Wells la que me inspiraba para seguir haciendo lo que hacía". 

Con solo 22 años se plantó en Helsinki como una de las figuras emergentes del atletismo mundial, para competir en los primeros Campeonatos del Mundo de Atletismo que se organizaban. Aunque llevaba en mente competir en el 100, 200, 4x100 y longitud, finalmente renunció a hacerlo en el 200 porque creía que la climatología jugaba en su contra. Ganó el oro en las tres pruebas en las que participó y se convirtió en el gran protagonista en todas las portadas de la prensa mundial. Hubo un diario noruego que trató de enturbiar su imagen relacionándolo con el dopaje, algo que empezaba a perseguirse tímidamente en aquellos años, pero la propia Federación Internacional de Atletismo (IAAF) se encargó de desmentirlo. Inicia el año 1984 con el objetivo de igualar la gesta de su ídolo, el gran Jesse Owens, 48 años atrás en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. El boicot de la Unión Soviética y la República Democrática de Alemania, devolviendo la afrenta sufrida durante los Juegos de Moscú 1980, en cierta medida, le allanó el camino hacia los 4 oros. Logró ganar cómodamente los 100 metros lisos (9,99), logrando la mayor ventaja de la historia sobre el segundo clasificado (0,21 décimas). El segundo oro fue en salto de longitud, donde tan sólo necesitó hacer dos saltos, y renunciar a los otros cuatro, de cara a reservar energías para las series clasificatorias de los 200 metros que se disputaban ese mismo día. El tercero lo logró en el 200, con récord olímpico incluido (19"80). Y el cuarto cayó con el relevo 4x100 metros en donde se encargó de realizar la última posta. Sin embargo, su hazaña olímpica fue más celebrada por la prensa mundial que por el público asistente, que llegó a silbarlo en alguna ocasión. Esta gestión del esfuerzo tan particular, unida a la frialdad que mostraba ante los medios de comunicación norteamericanos, lo convirtieron en el centro de las críticas desde muchos frentes: s
e le cuestionó su estilo de vida, su religiosidad, su condición sexual, sus propiedades, sus coqueteos con la música... Sin embargo, en el resto del mundo, y especialmente en Europa, Carl Lewis se convirtió en todo un icono, ya no sólo del atletismo, si no del deporte mundial.

Después del éxito olímpico pasa un tiempo en donde las pruebas de salto comienzan a desaparecer parcialmente de su programa competitivo para centrarse más en las carreras. Tan sólo realiza participaciones muy esporádicas donde siempre se alzó cómodamente con la victoria. Pero, a medida que se acercan los Campeonatos del Mundo de Roma 1987, emergen dos amenazas para Carl Lewis. Por un lado, el soviético Bob Emmian logra saltar 8,61 metros, marcando un nuevo récord de Europa. Y por otro, el canadiense Ben Johnson comienza a dominar la prueba de los 100 metros lisos, derrotando a Carl Lewis en las 6 ocasiones previas en las que coincidieron. En Roma, Johnson confirmó su supremacía en la prueba reina derrotando a Carl Lewis y llevando el nuevo récord mundial hasta los 9"83. Los rumores de dopaje de Johnson, movidos por la prensa estadounidense y el propio Carl Lewis, comienzan a expandirse por todas partes. "En Roma se ha producido uno de los mayores escándalos del deporte. Pocos son los grandes campeones que no utilizan sustancias dopantes para mejorar su rendimiento. Yo soy uno de ellos. No sé explicar cómo ciertos velocistas de esta ápoca son capaces de batir récords mundiales. Para mí, la situación actual, destruye toda época del atletismo". Johnson y su entorno, lejos de callarse, contratacaron presentando un estudio de la Universidad de Ottawa en donde se ponía de manifiesto las excepcionales capacidades neuromusculares del canadiense. En la prueba de longitud, Carl Lewis sí logró hacerse con el oro tras un salto de 8,67 metros, inalcanzable para Bob Emmian y Larry Myricks.

Sin casi tiempo para digerir la derrota de Roma, llegaron los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. La final de los 100 metros lisos acaparó los mayores índices de audiencia de aquella edición. Carl Lewis había llegado en su mejor versión, con el aval de haber derrotado a Ben Johnson en la única ocasión en la que habían coincidido. Por su parte, el canadiense llegaba tras una recuperación casi milagrosa de una lesión en su pierna derecha, que hizo peligrar su participación en la olimpiada hasta las semanas previas. Ambos se plantaron en la final pero de diferente forma. Mientras Carl Lewis llegó sobrado, Ben Johnson tuvo que sufrir más de lo esperado para lograr colarse entre los 8 mejores. Pero, contra todo pronóstico, Ben Johnson reapareció con su mejor versión y destrozó a todos sus rivales con un nuevo récord del mundo, unos increíbles 9"79. Esto no hizo más que aumentar las sospechas, que ya había previamente, de dopaje sobre el atleta canadiense. A los pocos días, el Comité Olímpico Internacional comunica el positivo por estanozonol. Johnson nunca aceptará el positivo y, a día de hoy, sigue manifestando su inocencia, culpando de su positivo a una modificación de la muestra de su orina. La descalificación del canadiense le devuelve a Carl Lewis el cetro mundial y olímpico, con lo que la posibilidad de repetir los 4 oros de Los Ángeles 1984 estaba en su mano de nuevo. El segundo oro lo consigue en la prueba de salto de longitud, con un salto de 8,72 metros que dejó sentenciada la prueba frente a sus compatriotas Larry Myricks y Mike Powell. En los 200 metros lisos tuvo que conformarse con la plata, tras ser derrotado en los metros finales por su amigo, y pupilo, Joe DeLoach. En el relevo de 4x100 metros, las cosa fue aún peor: el equipo norteamericano, máximo favorito para hacerse con el oro, fue descalificado tras una mala entrega del testigo. Esta época de rivalidad con Ben Johnson, desgastó mucho a Carl Lewis. Tanto, que decidió tomarse los dos siguientes años casi de forma sabática para preparar con tranquilidad los próximos mundiales de Tokio. Siguió con su racha de imbatibilidad en longitud, aunque el nivel de sus rivales le ponía cada vez en mayores aprietos. 

Con 30 años, se presentó a los Campeonatos del Mundo de Tokio 1991 con un triple objetivo: ganar el oro en los 100 metros, el relevo 4x100 metros y en el salto de longitud. Sus compatriotas Leroy Burrell, en los 100 metros lisos, y Mike Powell, en longitud, ya le habían dado un serio aviso en los trials clasificatorios, poniéndolo contra las cuerdas. En la final de los 100 metros lisos más rápida de la historia, Carl Lewis se hizo con el oro, nuevo récord mundial incluido (9"86). En la prueba de salto de longitud también se vio la mejor competición de todos los tiempos en esta modalidad. Carl Lewis logró volar hasta los 8,91 metros que, a la postre, serían insuficientes para conseguir el oro. Los 8,95 de Mike Powell pusieron fin a un doble récord: a los 23 años de los 8,90 que había marcado Bob Beamon, y a las 65 pruebas de longitud consecutivas que Carl Lewis llevaba invicto. Jamás una medalla de plata fue tan amarga. Carl reconocía que "para mí esta es una noche muy triste. Yo he dado de mí todo lo que tenía y jamás pude imaginarme que, saltando 8´91 iba a ser derrotado". En el 4x100 metros pudo desquitarse junto a sus compañeros, logrando el oro y un nuevo récord del mundo. Lo más sorprendente es que, pese a 2 oros, 1 plata y dos récords del mundo, para muchos medios de comunicación norteamericanos Carl Lewis fue en gran derrotado. Ver para creer.

Pero, como siempre hacen los grandes campeones, tras la dolorosa derrota de Tokio, buscó desquitarse y focalizó sus miras en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. La triple corona, ganar la misma prueba durante 3 olimpiadas seguidas, era su gran obsesión y un reto sólo a la altura de los más grandes. Pero, a sus 31 años, con una década en la élite mundial, los trials clasificatorios fueron un baño de realidad. Logró in extremis una plaza para el equipo de relevos 4x100 y otra para la prueba de longitud. La triple corona en longitud parecía casi imposible dado que Mike Powell, el plusmarquista mundial, estaba a un nivel superior al que podía llegar Carl. Sin embargo Powell, al que quizás le pudo la presión, no consiguió superar los 8,67 metros que marcó Carl en su primer, y mejor, salto. En el 4x100 mostró de nuevo que la experiencia es un grado, jugando un papel destacado en el oro conseguido por el equipo estadounidense, con nuevo récord mundial.

Con 32 años, y nuevos talentos atléticos emergiendo, Carl Lewis acude al Campeonato del Mundo de Stuttgart 1993. Consciente de que su cuerpo ya no era el mismo, y poco atraído por los mundiales bianuales a los que consideraba poco más que "supermítines", decide renunciar a la prueba de salto de longitud para centrar sus esfuerzos en rendir en los 100 y 200 metros lisos. En el hectómetro, contra todo pronóstico, roza la medalla tras finalizar en 4ª posición. En el doble hectómetro consigue ganar el bronce, su primera medalla en un mundial en esta modalidad. Sin embargo, tras el mundial entró en una espiral de lesiones, y recaídas, que le mantuvo prácticamente en blanco los dos siguientes años. Así que, cuando la retirada parecía coger forma, como si de un ave fenix se tratase, Carl Lewis renace de sus cenizas y se confirma como uno de los mejores saltadores norteamericanos durante los trials clasificatorios para los 
Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Con el cubano Iván Pedroso intratable, amenazado muy de cerca por el recordman norteamericano Mike Powell y el jamaicano James Beckford, como grandes aspirantes al oro, la participación de Carl Lewis parecía predestinada a ser una mera comparsa. Pero la desgracia se cebó con Iván Pedroso y Mike Powell, que vieron lastrado su concurso por sendas lesiones. Tan sólo James Beckford (8,29 metros) logró hacer algo de frente a los 8,50 metros que marcó Carl Lewis para hacerse finalmente con el oro. De esta forma entró en los anales del olimpismo al convertirse en uno de los 5 deportistas que ha logrado vencer en la misma prueba individual durante 4 olimpiadas. Pero su participación estuvo a punto de no terminar aquí. Quedaba el relevo del 4x100 metros y, aunque no había acudido al campus preparatorio, si fuese convocado podría participar sin problemas. Pero las exigencias de Carl Lewis y su confrontación con el técnico principal, Erv Hunt, dieron al traste con toda opción de incluirlo. "Si me lo pidieran, lo correría en un segundo. Pero no me lo han pedido", confirmaba Carl en una entrevista. Sin él, el equipo de relvos 4x100 terminó en segunda posición, siendo superado por Canadá. 

En 1997 Carl Lewis anunció su retirada. A partir de entonces, los reconocimientos no pararon de llegarle desde todas las instituciones. En 1999 fue galardonado como Deportista del Siglo por el Comité Olímpico Internacional , Atleta Mundial del Siglo por la Federación Internacional de Atletismo, y Olímpico del Siglo por la prestigiosa revista Sports Illustrated. En el 2000, la Universidad de Houston, le puso su nombre al complejo deportivo donde hoy ejerce como entrenador jefe de su equipo universitario de atletismo. Y, en 2010, fue incluido en el Salón de la Fama del Atletismo que hay en New Jersey. También ha realizado sus pinitos en el cine, con pequeños papeles en algunos cortos y películas. "Sé que triunfaré en el cine. Dentro de 10 años ganaré el Oscar" llegó a decir nada más retirarse. En los últimos tiempos se le ha visto participar en algunos eventos políticos, destacando su enemistad declarada con Donald Trump, al que considera "un racista prejuicioso, misógino, que no valora a nadie más que a sí mismo". 
📷ESPN, History.com, Pinterest

20 noviembre 2025

Alberto Rodríguez y Alejandro Díez, premiados en la Gala del Atletismo Asturiano

Nuestros alumnos Alberto Rodriguez y Alejandro Díez han sido premiados recientemente en la Gala del Atletismo Asturiano como deportistas relevantes sub-18 tras sus buenos resultados en la temporada que finaliza. Ambos, atletas del Club Náutico de Carreño, cursan 1º de bachiller durante este curso.

01 noviembre 2025

Alberto Rodríguez, 8º clasificado en el Campeonato de Asturias de campo a través.

Alberto Rodríguez, alumno de 1º de Bachillerato, ha finalizado en 8ª posición en el Campeonato de Asturias de campo a través. El corredor del Club Náutico de Carreño sigue acumulando experiencia en pruebas de fondo, con el mérito añadido de estar siempre en los primeros puestos. 

15 septiembre 2025

¿Qué fue de... Lasse Viren?




Lasse Arturi Viren nació en Myrskyla (Finlandia) el 22 de julio de 1949. Su infancia la pasó rodeado de densos bosques, ocho lagos, extensas praderas y empinadas colinas, que conformaban un paisaje rural idílico. Allí, junto a sus tres hermanos, se inició a la práctica del esquí y sus diferentes modalidades. Lasse destacó muy pronto en el esquí de fondo, donde llegó a ganar varias pruebas en categoría infantil. Sin embargo, el deporte que realmente le llenaba era el atletismo. Así que, con 16 años, abandona la práctica del esquí y comienza a tomarse más en serio el atletismo, siendo orientado por su hermano Nisse a la hora de planificar sus entrenamientos. Abandona sus estudios de mecánica para centrarse más en sus entrenamientos de fondo y comienza a trabajar en la empresa de transporte de madera donde lo hacía su padre. Entrenando por aquellos oscuros bosques, soportando las inclemencias del duro invierno finés, desarrolla una gran fuerza de voluntad que le permitirá acumular grandes volúmenes de carga sin mayor problema. También moldeará su carácter y personalidad, mostrándose siempre como una persona muy segura de sí misma, voluntariosa, valiente y muy inteligente en la toma de decisiones que requieren precisión perceptiva. No tarda mucho en comenzar a destacar en las pruebas de fondo juveniles, donde se hace famoso por sus espectaculares finales de carrera. 

En 1968 ingresa voluntariamente en las Fuerzas de Defensa de Finlandia, una sección del ejercito que recluta a los mejores atletas de cada generación con el objetivo de tener un cuerpo de exploradores bien preparados para los tiempos de guerra. Allí estará a las órdenes de uno de los más afamados entrenadores fineses del momento: Hannu Posti. Le aumentan el número de sesiones y la intensidad en sus entrenamientos, pero su progresión parece frenarse de golpe. Lasse acusa el sustancial aumento en el volumen y en la intensidad de sus entrenamientos. Un 16º puesto en el campo a través y un 11º en los 5.000 metros no le contentan, ya que esperaba mejores resultados en esta etapa junior. Pero cuando su organismo comienza a asimilar las exigentes cargas de trabajo a las que se le había sometido, sorprende a todos alzándose con el Campeonato nacional de campo a través junior de 1969. Acto seguido se proclama campeón nacional junior del 3.000 y el 5.000, donde pulveriza su propia marca y el récord anterior. En apenas un año había pasado de 14:59 a 13:55. 

Desde ese momento Lasse pasa a ser considerado como la mayor promesa del atletismo finés, un país con gran tradición en las carreras de fondo. Por ello, es convocado por la selección absoluta, donde debutará en un meeting corriendo el 5.000 contra Suecia, Noruega y Gran Bretaña, ganando en dos de las 3 pruebas. También se hace con la victoria en el 5.000 absoluto en los campeonatos nacionales, dejando a casi 15 segundos a su más inmediato perseguidor. Pero Lasse no se conforma con eso y aspira a victorias de mucho más calado. Así que decide, a finales de 1969, ponerse en contacto con el prestigioso entrenador finés Rolf Haikkola, que por entonces llevaba a los mejores fondistas escandinavos. Éste, consciente del potencial que atesora la joven promesa en ciernes, no duda lo más mínimo a la hora de convertirse en su nuevo entrenador. El inicio de la colaboración entre ambos, a principios de 1970, coincide con el traslado por unos meses de Lasse a Estados Unidos, donde entrenará y competirá para la Universidad de Bringham Young. El cambio es muy grande, sobre todo porque supone abandonar un sistema de entrenamiento realizado en el medio natural por otro totalmente artificial, cubriendo grandes volúmenes sobre asfalto y pista cubierta. Sus músculos se resintieron con el cambio y Lasse lo acusó a su regreso de la experiencia americana. Enlazó varias competiciones con resultados mediocres, muy por debajo de lo esperado para alguien de su potencial, y le cayeron las primeras críticas. De nuevo entrenando por los alrededores de su tierra natal, como había hecho toda su vida y con Haikkola planificando al detalle sus entrenamientos, no tardó en recuperar su mejor versión y batirá de nuevo el récord nacional del 5.000. 

En 1971 Lasse se prepara a conciencia para obtener una plaza en los Campeonatos de Europa. Realiza un pequeño stage de 3 semanas en las Islas Canarias, buscando mejorar rendimiento con entrenamientos en altura. Obtiene buenos resultados en los campeonatos nacionales, pero no gana. También empieza a competir fuera de Finlandia y de nuevo se queda con la miel en los labios pese a realizar buenos resultados. Tan sólo le queda el consuelo de batir el récord nacional de los 3.000 metros y mejorar su marca personal en la prueba reina del medio fondo, los 1.500 metros. Finalmente, es seleccionado para defender los colores de Finlandia en los Campeonatos de Europa de Helsinki 1991. Allí, su ímpetu y las ganas de mostrar todo su talento le jugaron una mala pasada, al excederse con la carga y no llegar a recuperar plenamente para el día de la competición. Tuvo que conformarse con un 7º puesto en el 5.000 y un 17º en el 10.000. Unas semanas después, batió el récord nacional de los 5.000 metros, hasta entonces en posesión del también finés Juha Vaatainen, ganador del 5.000 y 10.000 en el europeo recién finalizado.

Al año siguiente, Lasse focalizó toda su preparación en los Juegos Olímpicos de Munich 1972. Prosiguió con sus entrenamientos en altura, siendo uno de los pioneros en emplear este método con cierta asiduidad. Hizo concentraciones en Font Romeu (Pirineo francés), aumentó considerablemente el volumen de kilómetros que cubría en sus entrenamientos (rondaba los 8.000 kilómetros anuales), trabajó mucho los cambios de ritmo (hacía hasta 273 diarios) y ganó mucha fuerza-resistencia muscular gracias a sus series corriendo sobre las dunas. No se saltó ni un entrenamiento, haciendo muchos días dobles y triples sesiones. Cinco semanas antes de la cita olímpica ya registra la tercera marca mundial en los 5.000 metros y bate el récord del mundo de las 2 millas. Debutó en la olimpiada corriendo los 10.000 metros en una prueba que pasó a los anales de la historia del deporte. Mediada la carrera, cuando Lasse controlaba la carrera desde una cómoda 5ª posición, tropezó con Gammoudi y se fue al suelo. Quedó totalmente descolgado de un grupo de cabeza que rodaba muy rápido, por lo que muchos le dieron por desahuciado de cara a la pelea por las medallas. Sin embargo, Lasse se levantó lleno de rabia y comenzó una remontada que le llevó a unirse al grupo de cabeza y, finalmente, ganar la prueba con récord mundial y olímpico incluido. Sabía que en aquellas circunstancias, si ganaba, no sólo sería campeón olímpico. También sería una leyenda. Y ese fue el pensamiento que repetía en su cabeza y que también alimentó su remontada. 
En la prueba de los 5.000 metros también se haría con el oro tras adelantar en la última curva a los dos grandes favoritos, el tunecino Gammoudi y el estadounidense Prefontaine. Con esta hazaña, Lasse emulaba, medio siglo después, a los principales exponentes de la escuela finlandesa: Kolehmainen, Nurmi y Ritola. 

En 1973, convertido ya en una estrella del atletismo, se le invitó a participar en numerosas pruebas atléticas, pero la mayoría de las veces rehusó las invitaciones. Era un año de transición para él y sabía perfectamente que sus prioridades serían, por este orden, los próximos juegos y el europeo de Roma. No consigue grandes victorias pero siempre está en el pódium o se queda cerca de las medallas. Esta visión particular a la hora de planificar su carrera deportiva mucha gente no lo entiende y comienzan los rumores que cuestionan sus sistemas de entrenamiento, esos que mantenía con tanto secretismo. Lasse, introvertido y reservado, hace caso omiso a todas estos rumores y vuelve a repetir la metodología de entrenamiento que tan buenos resultados le había dado en Munich. De nuevo vuelve a aumentar el volumen de kilómetros anuales cubiertos, mantiene las altas intensidades y prosigue con sus entrenamientos en altura durante el invierno en el extranjero. Pero aparecen dos importantes lesiones en los isquiotibiales y el tobillo, que le impiden completar los entrenamientos como hasta entonces. Su técnica de carrera se resiente a consecuencia de los fuertes dolores que sufre y esto le condicionará su participación en el Campeonato de Europa de Roma 1974. Deberá conformarse con un bronce en la prueba de los 5.000 metros y un decepcionante 11º puesto en los 10.000. 

En 1975, desesperado por las molestias que no terminan de desaparecer, se opera de los isquiotibiales. Finalizada la rehabilitación, los dolores desaparecen por completo pero su condición física se resiente. Ha estado parado mucho tiempo para recuperarse y las cargas de entrenamiento tendrá que ir incrementándolas progresivamente, escuchando a su organismo, para evitar recaídas. Como es lógico, su nivel de rendimiento tardará en volver a ser el de antes, pero, a finales de año, ya conseguirá encontrarse muy cerca de su mejor versión. En 1976 prosigue con su planificación habitual: pasará el duro invierno fuera de Finlandia entrenando grandes volúmenes de kilómetros en altura en Colombia, pero también por las arenas de Brasil y Puerto Rico. Además, como gran novedad, empieza a rondarle la idea de correr la maratón, en un claro intento de seguir los pasos del checo Emil Zatopek. Para ello viajará a Kenia, donde realizará un nuevo ciclo de entrenamiento en altura enfocado a esta prueba. Allí fue capaz de desarrollar los mejores ritmos de carrera que se le conocen, llegando a batir el récord del mundo de los 25 kilómetros. Pero unos meses después, la desgracia de nuevo se ceba con Lasse al sufrir una sinusitis cuando estaba en su mejor momento de forma. Tendrá que reposar casi un mes, apartado de las pistas, pero ni si quiera eso logró mermar la gran fortaleza mental que atesoraba. De nuevo, a base de disciplina y capacidad de superación, y con la nueva cita olímpica en el horizonte, logra recuperar su estado de forma en poco tiempo.

Se presenta en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 como abanderado del equipo finés, un honor reservado para muy pocos. Su reto será convertirse en el primer atleta de la historia que logre revalidar sus títulos olímpicos en el 5.000 y el 10.000. Hasta la fecha, todos los que lo habían intentado, habían fracasado. Comenzó con la prueba de los 10.000 metros, en la que logró revalidar su título de campeón olímpico mostrando una gran superioridad sobre el resto de participantes. Pero la hazaña de Lasse se vio enturbiada por una absurda polémica que puso en peligro su título y su continuidad en los juegos olímpicos. Y es que, nada más entrar en meta, no se le ocurrió otra cosa más que descalzarse y dar la vuelta de honor a la pista con los brazos en alto portando sus zapatillas de clavos Asics. Eso, en una época en la que el amateurismo de los deportistas era sagrado, levantó ampollas dentro del Comité Olímpico Internacional. Fue llamado a declarar y despejó todas las acusaciones de profesionalismo justificando su acción "porque le había salido una ampolla en el pie". Fue absuelto de sus cargos y se le permitió seguir compitiendo. En el 5.000 de nuevo revalidó su título tras lanzar uno de sus característicos ataques a 400 metros de la meta, con el que consiguió desarbolar a sus inmediatos perseguidores, el bravo neozelandés Quax y el alemán Hildenbrand. Cubierto su objetivo, al día siguiente se lanzó a por lo que podía ser su quinto oro olímpico, esta vez en la prueba de maratón. El tiempo de recuperación fue muy escaso, apenas 18 horas, para todo el gasto que había hecho hasta entonces. Sus médicos no eran nada optimistas de cara a conseguir un buen resultado. Pero Lasse, valiente y decidido como siempre, se puso al frente de la carrera desde el primer momento. Durante los primeros 25 kilómetros lo mantuvo pero un fallo en uno de los primeros avituallamientos hizo que la fatiga propia de la carrera, más la acumulada de días anteriores, vaciase completamente sus reservas. Aún así entraría en meta en 5ª posición a poco más de 3 minutos del vencedor, el alemán Cierpinski. 

Regresó de las olimpiadas convertido en un héroe nacional. Pero, a las pocas semanas, se vuelve a lesionar de gravedad. Esta vez, mientras entrenaba por uno de los bosques que rodeaba su pueblo, introdujo accidentalmente su pie en una grieta entre dos rocas y se rompió el tobillo. La lesión puso en serio peligro su continuidad en el alto rendimiento por lo que tuvo que ser operado por uno de los mejores especialistas del momento. De nuevo consigue recuperarse milagrosamente y comienza a prepararse para llegar a tope a la siguiente cita olímpica. En 1977 corrió su segundo maratón, el de Nueva York, donde consigue terminar en 17ª posición. Las molestias en el tobillo operado le obligan a rebajar notablemente el volumen de kilómetros que habitualmente cubría y los resultados se resienten. Los problemas se acentúan en 1978 cuando, a consecuencia de su maltrecho tobillo, tuvo que modificar su técnica de carrera. Esto motivó que se perdiera los Campeonatos de Europa de Praga 1978 por una lesión de rodilla. En 1979 no consiguió acercarse a sus mejores marcas pero sí logró, al menos, entrenar con mejores sensaciones. Y, a principios de 1980, con los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 a la vuelta de la esquina, dio la sensación de que Lasse había conseguido recuperar gran parte del nivel que le llevó a convertirse en un referente mundial. Pero los años, las lesiones y los kilómetros acumulados en estos últimos años comienzan a pasarle factura en forma de rigidez muscular primero y en una rotura muscular en la musculatura de la ingle después, a escasas semanas de la cita olímpica. 

Se presentó en los juegos sin haber llegado a completar su planificación inicial. Por primera vez sufre para meterse en la final de los 10.000 metros. Inicialmente se queda fuera pero, una lesión a última hora del corredor irlandés Treacy, le permite colarse en la final. Allí sorprendentemente mejora su rendimiento, llegando a encabezar la prueba durante la última vuelta, para finalmente alcanzar la 5ª plaza. En la prueba de la maratón las cosas no le fueron mejor. A los 20 kilómetros tuvo que retirarse de la prueba tras sufrir problemas estomacales y calambres en las piernas. Agotado física y mentalmente, los dos años siguientes se dedicaría a correr algún 5.000 aislado, con los que podría fin a su etapa en la pista. A partir de ahí correrá algún maratón mas y alguna carrera corta por todo el mundo "para que algunos puedan disfrutar presumiendo de haberme ganado". Pero lo hizo más como invitado que como competidor.

En los últimos años de su carrera deportiva afloraron las acusaciones de que el secreto de los resultados de Lasse se debía en gran parte a un programa de autotransfusiones de sangre. Por aquel entonces, el hoy llamado dopaje sanguíneo (entrenar en altura para subir el hematocrito, extraer la sangre, congelarla y luego inyectársela para la competición) era algo tan legal como poco ético. Estas sospechas aumentaron cuando décadas más tarde Rolf Haikkola, su entrenador, reconoció que Lasse había competido en varias citas importantes con el hematocrito en torno al 70%. El atleta español Mariano Haro, uno de sus grandes rivales de aquella época, afirmó que "Lasse Viren me ganó dopado en Munich 1972". El hecho de que Lasse pareciese sólo centrarse en los juegos olímpicos, donde mostraba siempre un rendimiento excepcional, siendo el resto del tiempo su rendimiento más bien modesto, tampoco le ayudó mucho a quitarse la sombra de la duda. Él siempre se defendió de estas acusaciones afirmando que, durante los años entre las olimpiadas sufrió lesiones importantes, lo que le impidió poder entrenar con normalidad. En cualquier caso, él siempre se mostró impasible ante las acusaciones de dopaje, afirmando que "corro 8.000 kilómetros al año y eso es suficiente. Nunca nadie me ha pillado en falta". Y es que, en su favor, hay que decir que, a nivel fisiológico, parecía haber sido diseñado para las pruebas de fondo. Poseía un corazón más grande de lo habitual, sus músculos tenían la proporción ideal para un fondista entre fibras rojas y blancas, y su nivel de hematocrito era muy elevado (36,4 - 45,0 ml/kg). Además, de forma natural su organismo producía la hormona luteinizante, la encargada de elevar los niveles de testosterona, en grandes cantidades siempre coincidiendo con competiciones importantes. A nivel técnico, también era un privilegiado, siendo capaz de desarrollar una excelente técnica de carrera que le permitía economizar mucho sus esfuerzos. Los técnicos soviéticos realizaron muchos estudios para intentar conocer más a fondo el secreto de su elevado rendimiento y llegaron a estas conclusiones. Tampoco nos podemos olvidar de sus destrezas a nivel psicológico. Los estudios psicológicos que le realizaron dieron como resultado que Lasse poseía un coeficiente intelectual muy elevado y superior a la media, con una gran capacidad para resolver cálculos mentales y tareas que requieren precisión perceptiva. Eso le permitiría leer mejor que nadie las carreras, trazando líneas de carrera tan eficientes que ahorra siempre correr metros de más. Muchos decían que era frío y calculador pero es que, desde que entraba en la pista, Lasse ya estaba procesad Además, su ética de trabajo y disciplina no hizo más que aumentar todo el potencial que atesoraba.

A nivel de entrenamiento fue todo un pionero que rompió con muchos de los axiomas de la época. Renunció a las planificaciones cerradas, en las que el atleta se dedicaba únicamente a ejecutar lo que se le mandaba, para dar paso a una planificación más abierta y flexible, y en donde el atleta también es partícipe. No seguía una rutina ni un horario semanal, sino que su planificación, siempre sobre una base, se iba modificando semana a semana. Sus sistemas de entrenamiento solían ser continuos variables, a base de fartleks con constantes aceleraciones. "Entrenábamos series de 5.000 metros en una pista de 600 metros, con cambios de ritmo de 200 metros, como si fuera una bala: hasta 273 cambios de ritmo diarios" recuerda Haikkola. La temporada la estructuraba en un sistema de ciclos muy parecido al actual. Realizaba una especie de pretemporada en invierno, donde primaba el trabajo de base y resistencia. A medida que se iba acercando la primavera iba centrándose más en la velocidad para llegar lo más en forma posible de mayo a septiembre. Durante la temporada metía algunos ciclos de gran intensidad para perfilar picos de forma. Y al acabar la misma, fue un adelantado a su tiempo incluyendo una fase de transición entre temporadas para que su organismo pudiese descansar. También fue de los pioneros a la hora de trabajar regularmente con entrenamientos en altura. Toda su planificación era guardada celosamente y trataba de que no saliese a la luz para evitar caer en manos de sus rivales. Hoy en día sabemos que aquel sistema revolucionario era completamente diferente a lo conocido y empleado hasta entonces.

Durante sus años dorados en el atletismo, simultaneó la competición con su trabajo como agente de policía. Tras abandonar el atletismo, formó parte de la junta directiva de la Federación Finlandesa de Deportes entre 1990 y 1994. Luego, su enorme fama en el país le llevó a meterse en política, llegando a ser elegido para el parlamento de Finlandia entre 1999 y 2011. Además, es un destacado empresario, llevando la gestión de la empresa de su familia. 

15 agosto 2025

¿Sabías que...?

¿Sabías que... la historia de que la prueba de la maratón tiene 42,195 kilómetros en honor a la distancia que recorrió Filípides para avisar en Atenas de la victoria sobre los persas, en la batalla de Maratón, era mentira?

En realidad, Filípides no corrió 42,195 km, cubrió un total de 246 km, ya que tuvo que ir y volver a Esparta, en día y medio. Y no fue a anunciar una victoria a Atenas desde Maratón, como se dijo. Lo que realmente hizo fue ir desde Atenas a Esparta para buscar ayuda de dicha ciudad-estado helena. Y es que los atenienses no tenían suficientes tropas para contrarrestar al ejercito persa y no les quedó otro remedio que acudir a pedir auxilio a sus vecinos espartanos. Sin embargo, cuando Filipides llega a Esparta, éstos estaban celebrando sus fiestas patronales, con lo que regresa a Atenas corriendo y sin los ansiados refuerzos espartanos.


Además, hoy sabemos que Filípides recorrió la distancia a pie (si fuese a caballo levantaría sospechas entre los espías persas y lo matarían en el trayecto) y con toda su equipación (si fuese desarmado y sin su armadura, los propios helenos podrían confundirlo con un desertor y ejecutarlo). 
Esta historia fue tergiversada y adornada románticamente durante los siglos posteriores y llega a oídos de Pierre de Coubertain, el inventor de los JJOO modernos, quien la implanta en el programa olímpico. 

Si de verdad quieres emular a Filípides, has de saber que hoy en día, se sigue celebrando una prueba de resistencia que cubre los 246 kilómetros que separan Atenas de Esparta, ida y vuelta, sin descando: el Spartathlón

01 agosto 2025

Lola Artime alcanza las semifinales en los Campeonatos de España sub-16

Lola Artime, alumna de 3º de la ESO no sólo se ha clasificado para el Campeonato de España sub-16, sino que además ha llegado hasta las semifinales. La prueba, donde pudo codearse con las mejores atletas de España de su edad, se celebró en el complejo deportivo de Las Mestas de Gijón. Gran temporada para la atleta del Club Náutico de Carreño. 

¡¡ Enhorabuena Lola!!

📷 Náutico de Carreño

10 julio 2025

Lara Tomé, plata en el Campeonato de España sub-23

Nuestra ex-alumna Lara Tomé prosigue su exitosa carrera deportiva y suma un nuevo éxito a su ya prolífica carrera. Este mes se ha coronado como subcampeona de España sub 23 en la prueba de 200 metros vallas, donde además ha conseguido su mejor marca personal. La prueba tuvo que decidirse con foto finish ya que Lara marcó en la línea de meta el mismo tiempo que la ganadora. 

¡¡Enhorabuena Lara!!

01 julio 2025

Lola Artime consigue la mínima en el 600 para los Campeonatos de España sub-16

Nuestra alumna Lola Artime Suárez prosigue con su progresión y ha conseguido la marca mínima exigida para poder acudir a los Campeonatos de España sub-16. La atleta del Club Náutico de Carreño ha conseguido parar el reloj en 1:38:81 en la distancia de los 600 metros lisos. 

¡¡Enhorabuena Lola!!

16 junio 2025

Lara Tomé vence en el 200 del Campeonato de España de clubes (División de honor)

Nuestra ex-alumna Lara Tomé prosigue su exitosa carrera dentro del atletismo nacional. Ayer, sin ir más lejos, ganó la prueba de 200 metros lisos del Campeonato de España de Clubes en su División de Honor, con el añadido de parar el reloj en un 23,95, su mejor marca personal. Pero no sería su única aportación a la destacada participación de su club, el Atletismo Piélagos, ya que también quedó tercera con el relevo 4x100 del club cántabro. 

¡¡Enhorabuena Lara!!

15 junio 2025

¿Qué fue de... Abebe Bikila?



Abebe Bikila nació el 7 de Agosto de 1932 en Jato, una pequeña aldea de Etiopía, en el seno de una familia tan humilde como numerosa. Cuando apenas contaba con 3 años de edad, la Italia fascista del dictador Benito Mussolini invadió Etiopía obligando a Bikila y a su familia a abandonar su hogar y refugiarse, durante una temporada, en la remota ciudad de Gorro. Unos meses después regresaron a su casa pero las cosas no mejoraron para ellos con las directrices del nuevo gobierno. Por un lado, muchos días no había nada que comer y las necesidades cada vez eran mayores. Y por el otro, creció en medio de una familia desestructurada en la que su madre llegó a casarse hasta en tres ocasiones. En los ratos libres en los que no tenía que pastorear, se evadía de los problemas jugando a la gena, un juego típico etíope, con una dinámica muy similar al hockey pero en la que las porterías suelen distar unos 2 kilómetros una de la otra. También, junto a su hermano Albalonga, era muy aficionado a correr por las extensas llanuras etíopes con animales, unas veces por diversión, para ver quien se cansaba antes, y otras, las que más, para cazar y poder llevar algo de comer a casa. 

A medida que iba creciendo comenzó a darse cuenta de que su vida, con que toda aquella miseria que le rodeaba, no tenía mucho futuro. Así que, en cuanto cumplió 17 años, decidió irse a vivir a la capital, Addis Abeba. Allí consiguió enrolarse nada menos que en el 5º Regimiento de infantería de la Guardia Imperial, la guardia del emperador etíope Haile Selassie. Por esa época comienza a aficionarse a salir a trotar a diario rutas que rondaban los 20 kilómetros por las colinas que rodean a la capital etíope. Su ritmo no pasa desapercibido para Onni Niskanen, un entrenador sueco contratado por el gobierno para entrenar a los militares. Impresionado por el potencial que atesoraba aquel joven desconocido, y que carecía de experiencia alguna en las pruebas atléticas, Niskanen comienza a pulir su estilo y técnica de carrera pacientemente durante los primeros meses. No necesitó mucho tiempo para darse cuenta de que lo que mejor le venía eran las pruebas de gran fondo, así que enfocó su carrera hacia el maratón. Siempre se suele decir que su carrera fue algo totalmente espontánea e improvisada, pero la realidad es que fue algo planificado al detalle desde que en 1956 empezó a entrenar de forma sistemática. 

Sus inicios en la competición tienen lugar en los campeonatos de las fuerzas armadas, donde tras un segundo puesto en su bautismo competitivo, lo gana todo. Sin embargo, para la mayoría de los expertos, sigue siendo todo un desconocido porque, hasta la fecha, únicamente había participado en dos maratones. Así, no es de extrañar que no fuera seleccionado para disputar los Juegos Olímpicos de Roma 1960. Sin embargo, Wami Biratu, el atleta etíope inicialmente seleccionado para correr la maratón se lesionó jugando un partido de fútbol y Bikila fue el elegido para sustituirlo. Llegó a la ciudad eterna y, antes de la prueba de la maratón, le ofrecieron unas zapatillas Adidas, que era el patrocinador de los Juegos Olímpicos. Las probó y se sintió tan incómodo con ellas que renunció a correr calzado por miedo a que le hiciesen daño y no pudiese completar la prueba. Su entrenador se desesperaba y no daba crédito a lo que estaba viendo. Pero a Bikila aquello no pareció afectarle porque ganó la prueba con autoridad, marcando un ritmo infernal que fue destrozando a sus rivales hasta llegar en solitario a la meta. Hasta se permitió el lujo de, cuando pasaba frente al obelisco de Axum robado por los italianos en 1937 a Etiopía, detenerse unos instantes frente a él para honrar a sus compatriotas caídos en combate. 
Aquello le convirtió no sólo en el héroe nacional de Etiopía, sino también en un referente del deporte mundial. A la llegada a Etiopía fue agasajado con todo tipo de homenajes oficiales y regalos. De estos últimos destacan un Volkswagen Escarabajo con chofer, ya que Bikila no sabía conducir, y una casa para su disfrute. 

Pero no todo fueron buenas noticias ya que en Etiopía hubo un intento de golpe de estado en 1960 y, como muchos de los compañeros de Bikila estaban implicados en él, estuvo acusado de tomar parte en él aunque nunca hubo pruebas que lo imputasen. Él siguió a lo suyo, corriendo y ganando maratones, con la excepción del de Boston, en el que el frío le pasó factura en los últimos kilómetros y tuvo que conformarse con un quinto puesto. Tambíen, como gran novedad, comenzaba a vérsele corriendo con zapatillas. Todas las marcas querían que llevase sus zapatillas pero la forma en la que Bikila daba largas y no se casaba con ninguna, levantó sospechas de que tenía ya apalabrado algún contrato de patrocinio, como así fue con la casa alemana Puma (por entonces, el deporte era amateur y estaban prohibidas estas cosas aunque, es sabido por todos, que se hacían bajo manga).

Durante casi un año no volvería a disputar una prueba de maratón y se centró exclusivamente en preparar lo que serían sus segundas olimpiadas, los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. A poco más de un mes vista de la prueba olímpica de la maratón, Bikila comenzó a sentir un profundo dolor abdominal mientras entrenaba. Fue ingresado de urgencia al hospital y allí se le diagnosticó una apendicits aguda con la que, sus aspiraciones a renovar el título conseguido cuatro años atrás parecían esfumarse. Sin embargo Bikila completó una recuperación en tiempo récord y una semana más tarde estaba ya con el alta médica fuera del hospital. No tardó mucho en colgarse de nuevo las zapatillas y viajar a Roma. 
“Ahí está un rival con el cual no tenemos que preocuparnos”, pensó el fondista estadounidense Gordon McKenzie al ver a Bikila calentando para el inicio de la maratón de Roma 1960. Ni él, ni nadie, podría imaginar que aquel atleta delgado, con sus huesos delineando notoriamente su físico, minutos después dominaría los 42.190 metros de la prueba con un tiempo de 2h15m16s, y con los pies desnudos. Aquella exhibición de fortaleza física y mental, le permitió ganar la prueba con total autoridad, aventajando en meta en más de cuatro minutos a su inmediato perseguidor, el británico Basil Heatley. Con nuevo récord mundial incluido, Bikila se convertía en el primer atleta de la historia olímpica en conseguir completar un doblete en la prueba de maratón. A la vuelta a Etiopía de nuevo fue recibido como un héroe y ascendido al rango de teniente en su regimiento de infantería.

Los años siguientes siguió corriendo y ganando maratones porque en su cabeza ya figuraba el objetivo de intentar conseguir su tercer entorchado consecutivo durante los Juegos Olímpicos de Mexico 1968, pese a que la altitud no le beneficiaba. Sin embargo, en 1967, disputando la maratón de Zarautz, se lesionó en tendón de la corva. Lesión de la que nunca más se recuperaría y que provocaría que en más de una ocasión se le viese cojear durante el transcurso de las carreras. Para la cita olímpica fue recibido con todos los honores y se le reservó el dorsal 1. Pero Bikila no era el de antes, había llegado seriamente tocado pues, a la lesión de su corva había que añadirle también una fractura de peroné, diagnosticada una semana antes de la cita. Pese a todo, quiso probarse y aguantó estoicamente los 16 primeros kilómetros hasta que no pudo mas y echó el pie a tierra en la que sería su última maratón. El gobierno etíope supo valorar su tesón y capacidad de superación, y le ascendió a capitán del Regimiento de Infantería al que pertenecía.

Bikila no se dio por vencido, ni mucho menos por acabado, y unas semanas después, tras haberse recuperado de su fractura, comenzó a entrenar con la idea de competir en la maratón de los siguientes Juegos Olímpicos, los de Munich 1972. Sin embargo, un accidente en coche, cuando intentaba sortear a unos jóvenes que se estaban manifestando y que le hizo perder el control de su Cadillac, le dejó parapléjico. Afrontó aquello con una gran entereza y, tras ocho meses ingresado en un hospital de Londres, regresó a la competición probándose en pruebas de tiro con arco y en tenis de mesa para gente en silla de ruedas. Su vínculo con el movimiento olímpico permaneció intacto y acudió como invitado especial del comité olímpico internacional. Además, durante la ceremonia de apertura, fue ovacionado con todo el estadio en pie vitoreándole. Un año más tarde, en 1973, fallecía en Addis Abeba tras unas complicaciones vasculares derivadas del accidente sufrido con el coche años atrás. Fue enterrado con honores militares y en Etiopía se decretó un día de luto en su honor. Su mayor legado fue abrir un filón en las carreras de fondo para los deportistas africanos que, desde entonces, han sido los grandes dominadores. Además, fue un pionero a la hora de emplear el entrenamiento en altura como método para la mejora de la resistencia, algo que ahora tenemos muy asumido pero que, por aquel entonces, se desconocía.