Algo parecido observa Xoana Roig, miembro de la junta directiva del Colegio Oficial de Licenciados en Educación Física y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de Galicia, quien considera que el aumento de participantes se da, sobre todo, en las carreras de montaña. En el pasado, dice, fue mayor en asfalto. "Mucha gente acababa de empezar y se apuntaba a hacer una media maratón, con grandes distancias, y esa motivación extrema es un poco peligrosa". Esto no significa que sea mejor ser sedentario, sino que conviene acumular muchos años antes de someterse a un esfuerzo como este. Un consejo que el refranero español expresa de muchas maneras. Del "paso a paso se hace el camino" a eso de que "Roma no se hizo en un día". Antonio Moreno, experto en fisiología del ejercicio y profesor de la Universidad Europea de Madrid, se suma a la opinión de sus colegas: "La práctica deportiva está creciendo mucho en todo tipo de usuario, tanto en el que hacía deporte en el pasado como en el que no. Muestra de ello es el incremento del número de altas en la mayoría de centros deportivos", comenta. Todo un ecosistema que es positivo desde el punto de vista de la salud, pero negativo para aquellos que buscan ir demasiado rápido.
Correr no debería ser solo correr
Un buen descanso, el entrenamiento de fuerza o la progresión en las cargas dejan una enseñanza muy clara: "Actualmente, sabemos que un buen corredor no solo corre", destaca el entrenador personal y fisioterapeuta. Hay quien empieza a correr por bienestar mental, quien busca perder peso y quien simplemente persigue nuevas experiencias. También están quienes llegan a este deporte por motivos de salud. Precisamente para este último objetivo no hace falta extenuarse. Lejos de los entrenamientos interminables que abundan en las redes sociales, correr ofrece grandes beneficios con sesiones relativamente cortas: "No hace falta correr grandes distancias ni hacer entrenamientos muy largos para obtener beneficios", destaca el experto en ejercicio y salud. De hecho, un metaanálisis publicado en la revista científica British Journal of Sports Medicine en el 2020, concluyó que, incluso, las dosis más bajas de carrera ya se asocian con una reducción significativa de la mortalidad por cualquier causa, cardiovascular y por cáncer. "En este estudio, esas ventajas aparecían con volúmenes tan modestos como una única sesión de carrera por semana, menos de cincuenta minutos de carrera semanales; o a aproximadamente entre dos y tres sesiones de quince a veinte minutos a un ritmo cómodo", señala el fisioterapeuta y entrenador personal. En otras palabras, si solo se presta atención al bienestar, no es necesario salir a correr durante una hora. De diez minutos a media hora pueden ser suficientes, siempre y cuando el hábito se mantenga. Las recomendaciones institucionales establecen unos 150 minutos de actividad física moderada a la semana ó 75 de la vigorosa. Correr se sitúa en esta última. Si alguien quiere cumplir a rajatabla esta pauta, bastaría con que corriera unos 25 minutos, durante tres días. "Es más importante la constancia que la duración de cada entrenamiento. Incluso pequeñas cantidades de carrera aportan beneficios medibles, y aumentar el volumen por encima de esos niveles no parece traducirse en una mejora proporcional de la reducción del riesgo de mortalidad. Si el objetivo cambia y buscamos mejorar el rendimiento deportivo, aumentar el VO2 máximo o preparar una competición, sí será necesario progresar hacia mayores volúmenes e intensidades", contempla el especialista. Roig se muestra más exigente: "Se suele decir que con veinte minutos es suficiente, pero pienso que hay que intentar llegar a la media hora". La experta gallega recomienda realizar esta media hora de carrera dos o tres veces a la semana, y según se construya la base, ir subiendo de tiempo a cuarenta o cincuenta minutos. Además, si alguien nunca ha corrido, puntualiza que lo mejor es comenzar en esta actividad realizando cacos, es decir, alternando períodos de correr y de caminar. Eso sí, de forma pautada: "No vale correr, cansarse y parar cuando queramos. Tiene que haber un plan, por ejemplo, un minuto corriendo y otro andando. Después, treinta segundos caminando y dos corriendo. Así hasta terminar corriendo todo el tiempo", señala la educadora física deportiva de la entidad gallega. La clave es encontrar una progresión que permita que la persona avance en la práctica sin sufrir estrés físico, lesiones o malas sensaciones que le hagan abandonar.
Hablar mientras se corre para medir la intensidad
Los efectos positivos de correr son de sobra conocidos. De hecho, según Díaz, es una de las formas de ejercicio físico con mayor evidencia científica sobre sus beneficios para la salud. No solo reduce la mortalidad, sino que mejora la capacidad cardiorrespiratoria, disminuye la presión arterial, favorece el control del peso, mejora el perfil lipídico y reduce el riesgo de desarrollar patologías del corazón o diabetes tipo 2. Eso sí, ser una disciplina recomendable no la convierte en imprescindible. El entrenador personal y fisioterapeuta deja claro que "no es necesariamente mejor que caminar. La evidencia muestra que, cuando se iguala el gasto energético, caminar a buen ritmo y correr producen ventajas muy similares sobre la condición cardiovascular y metabólica. La principal diferencia es la eficiencia, ya que la carrera permite alcanzar ese gasto energético en menos tiempo», aclara. Salir a dar un paseo a buen ritmo es, además, mejor para personas que se inician en el ejercicio y vienen de un sedentarismo mantenido durante años, con bajos niveles de fuerza, con exceso de peso o determinadas patologías. Es más, dice el fisioterapeuta, "no todo el mundo debería empezar a correr desde el primer día, aunque la mayoría sí pueden llegar a correr con una progresión adecuada". Por ejemplo, si alguien tiene una obesidad importante, "para los que el impacto de la carrera supone cargas de dos a tres veces el peso corporal sobre rodillas y tobillos"; una artrosis muy avanzada con dolor; diabetes descompensada o enfermedades cardiovasculares no controladas, "resulta más positivo que comience con actividades de menor impacto, como caminar, hacer bicicleta, elíptica o ejercicio acuático, mientras mejora la capacidad física", recomienda el fisioterapeuta, quien en contrapartida, destierra un mito muy extendido: "Un aspecto muy interesante es que el miedo a que correr desgaste las rodillas no está respaldado por la evidencia científica", añade Díaz. Por el contrario, el problema suele radicar en correr demasiado, demasiado pronto o sin una preparación adecuada.
Para los que escojan el running, Antonio Moreno pone fecha a los primeros efectos positivos: "En las primeras cinco o seis semanas ya se observan las adaptaciones iniciales, donde hay una mayor eficiencia cardíaca o a nivel respiratorio. Si nos vamos a parámetros de rendimiento, tenemos que esperar los seis, ocho o diez meses de práctica, para notar cómo la eficacia mejora", comenta el profesor de fisiología del ejercicio. Para encontrar una intensidad adecuada, los profesionales reconocen que existen muchas formas. La más fiable es el uso de la frecuencia cardíaca a través de diferentes dispositivos. Sin embargo, no es necesario hacerlo. "La forma más sencilla es buscar una intensidad aeróbica en torno a entre el 60 y el 70 % del esfuerzo máximo. Además, existe un método muy práctico que utilizamos con frecuencia: el test del habla. Es cierto que no tiene un gran respaldo científico en comparación con otras herramientas, pero resulta útil para regular de forma aproximada la intensidad media del ejercicio". apunta Moreno. Esta medida consiste en poder mantener una conversación mientras se corre. "Si puede hablar con cierta comodidad, probablemente esté entrenando a una intensidad adecuada. En personas que no parten de un nivel de condición física muy elevado, esa intensidad suele ser suficiente para conseguir las primeras adaptaciones al entrenamiento", concluye el experto.

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