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Peter Johann Weissmüler, nació el 2 de junio de 1904 en Freidorf, una pequeña población a las afueras de la ciudad de Timisoara (Rumanía). Su familia, de ascendencia alemana, decidió emigrar a los Estados Unidos cuando él apenas contaba con 7 meses de vida. Se instalaron en Windber (Pensilvania), una zona minera que contaba con una importante colonia de origen alemán. Lo primero que hicieron fue anglificar los nombres completos de todos los miembros de la familia, pasando el pequeño Johann a ser conocido desde entonces como Johnny Weissmuller. Al poco tiempo se mudaron a Chicago, en donde residían sus abuelos maternos, al encontrar unas mejores condiciones laborales de las que tenía su padre en la mina. En la ciudad del viento su padre comenzó a regentar una cervecería y su madre trabajó como jefa de cocina en un prestigioso negocio de restauración. La infancia de Johnny estuvo marcada por la poca salud que le acompañó en sus primeros años. Siempre fue un niño débil, muy propenso a los resfriados, mal comedor y muy poco amigo de ejercitarse físicamente como hacían sus coetáneos. Y en el colegio, como estudiante, su rendimiento era pésimo. Su familia, preocupada, empieza a sospechar que puede tener algún tipo de problema físico o enfermedad que justifique su mala salud. Y no van desencaminados porque con 9 años el médico le diagnosticó poliomelitis y una severa anemia. Como todavía faltaban varias décadas para que se descubriese la vacuna, entonces se le recomendó nadar para fortalecer su musculatura del tren inferior y así tratar de combatir la enfermedad. Las estadísticas indicaban que uno de cada tres afectados sufría parálisis total y, el resto, podrían sufrir secuelas perdiendo la movilidad de sus extremidades. Pocos lograban recuperarse bien.
Así que, a aquel niño tan frágil, no le quedó otro remedio que acudir todas las mañanas al gélido lago Michigan para hacer los ejercicios de natación que le habían prescrito. Y fue allí, en la playa de Fullerton, a orillas del lago, donde se gestó la más grande de sus victorias, la que le ganó a una enfermedad que causaba estragos entre los niños de su edad. La experiencia, en lo que parecía un sacrificio para alguien que no era muy dado a ocupar su tiempo libre con ejercicio físico, resultó más que gratificante. Además de mejorar su maltrecha salud, despierta en él un espíritu competitivo hasta entonces desconocido. E incluso hasta se le da bien. Poco a poco empieza a frecuentar algunas competiciones locales y a ganar sus primeros trofeos. Estaba tan entusiasmado que, cuando estaba cerca de cumplir los 12 años, falsificó su edad para poder acceder a los equipos deportivos de la Young Men´s Christian Association (YMCA). Allí recibirá un entrenamiento acuático más metódico y exhaustivo, lo que potenciará aún más si cabe su rendimiento en las pruebas de natación. El deporte le cambia a todos los niveles, y ahora incluso se atreve a probar otras disciplinas como las carreras pedestres o el salto de altura, destacando en ambas. Su físico también denota que el ejercicio físico está actuando positivamente sobre el joven Johnny, dejando atrás esa debilidad y delgadez extrema. Sin embargo, las cosas en casa no van tan bien. Su padre tiene que cerrar la cervecería porque entra en quiebra, y retornará a la mina. Se da a la bebida y se convierte en una persona completamente alcoholizada, que maltrató a su mujer e hijos en repetidas ocasiones. El divorcio del matrimonio supone el fin de un problema, pero también el comienzo de otro. Al joven Johnny no le queda otra que arrimar el hombro para ayudar económicamente a su madre. Abandonó sus estudios y comenzó a trabajar como ascensorista. Luego, también estuvo en el prestigioso Illinois Athletic Club, trabajando como mozo de cuadras. En todo este tiempo siguió sin descuidar sus obligaciones con la natación para seguir combatiendo aquellas enfermedades que en su día le habían diagnosticado. Un día, mientras se ejercitaba en su tiempo libre, en la piscina del Illinois Athletic Club, fue observado por el entrenador de la sección de natación, que no era otro que el célebre William Bachroch. Hábil como pocos para detectar el talento, supo ver antes que nadie el diamante en bruto que tenía entre sus manos con aquel joven desconocido. Johny, con él, no sólo encuentra a un entrenador, sino también a un mentor que, durante el resto de su carrera deportiva, será como el padre que ya no tiene.
Con Bachroch comienza a competir a otro nivel más allá de las pruebas locales, en las que se imponía con facilidad. Con la ilusión de algún día poder ir a los Juegos Olímpicos, busca medirse a los mejores nadadores nacionales en las pruebas de la Unión Atlética Amateur. Con 17 años recién cumplidos hace su debut en la prueba de 50 yardas estilo libre y gana. Y un año más tarde, se coloca entre la élite de la natación mundial tras destrozar el récord mundial de los 100 metros, convirtiéndose en el primer nadador de la historia que era capaz de bajar del minuto. Los 57,4 que acreditó con 19 años dejaban atrás en más de 3 segundos al récord del mundo que hasta entonces estaba en posesión de su compatriota, el potente Duke Kahanamoku. Nadie duda de que Johnny debe de ser uno de los nadadores que conformen el equipo estadounidense que participe en los Juegos Olímpicos de París 1924. Sin embargo, hay problema que lo impide, no tiene la nacionalidad. Al no haber nacido en los Estados Unidos no podrá ser seleccionado por este país, teniendo que hacerlo en su lugar alguno de los nuevos países que habían surgido tras la disolución del Imperio Austrohúngaro. Entonces decide emplear la partida de nacimiento de su hermano, con el que compartía segundo nombre y tenía la nacionalidad norteamericana. Nadie se dio cuenta del detalle y pudo ser convocado por los Estados Unidos para participar en el evento olímpico.
Con su impresionante físico, 1,90 metros y 95 kilos, se convierte en uno de los focos mediáticos en las calles de París. Además, durante los entrenamientos, cautiva a los espectadores por su elegante estilo y por los cómicos saltos de trampolín que hace junto a su compatriota Stubby Krugger. Se hacen tan populares que el público demanda esos saltos, a lo que ambos nadadores acceden gustosamente, pese al riesgo que conlleva, antes de la realización de alguna prueba. Como máximo favorito, Johnny conquista el oro en los 100 metros, récord olímpico incluido, dejando los sitios restantes del pódium a los dos hermanos Kahanamoku. Sin apenas tiempo para recuperarse del esfuerzo, se dispone para la final de los 400 metros libres, donde el sueco Arne Borg, plusmarquista mundial, figura en todas las quinielas como gran favorito a llevarse el oro. Pero alguien que ha librado, y ganado, la batalla a una enfermedad tan dura como la poliomelitis nunca se dará por vencido. Tras un inicio de prueba muy parejo, Johnny y Arne se alternan en cabeza con diferencias mínimas durante los primeros 300 metros. Pero es Johnny quien, en el último 100 de la prueba, se impone a lo grande, distanciando a su rival en casi 20 metros, para hacerse con su segundo oro olímpico, récord mundial incluido. Lejos de conformarse con su gesta, con apenas 2 horas para recuperarse de la prueba de los 400, compitió en el relevo 4x200 estilo libre, estableciendo un tercer récord mundial y, con ello, su tercer oro. Por si fuera poco, cerrará un día de ensueño conquistando el bronce con el equipo estadounidense de waterpolo.
Durante los años siguientes el único rival al que Johnny tendrá que hacer frente es a él mismo. Sus retos se reducen a batir las marcas mundiales que él mismo ha fijado. Paralelamente a sus entrenamientos, encuentra trabajo junto a los guardacostas, colaborando con ellos en muchas acciones de salvamento. La más famosa fue en 1927, cuando logra salvar a más de 60 personas de morir ahogadas, la mayoría niños, tras hundirse un crucero. También sigue practicando otras modalidades deportivas como las carreras pedestres. Ese mismo año, mientras disputaba la prestigiosa maratón de Chicago, observó que, cerca de donde estaba, un barco se iba a pique. Se desentendió por completo de la carrera, y se volcó en prestar socorro a los tripulantes, logrando salvar a 11 personas. Su fama no cesa de crecer y se presenta en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928 con tal. Lleva años sin ser derrotado y, en la final de los 100 metros, el húngaro István Barany, parece que está a punto de hacerlo. Pero Johnny, como los grandes campeones, sacó lo mejor de sí mismo en una situación límite y no sólo ganó su cuarto oro, sino que además batió su propio récord de nuevo. Dos horas después, logrará el que será su quinto y último oro olímpico, récord mundial incluido, con el relevo 4x200 estilo libre. A su regreso a los Estados Unidos son varias las empresas que están interesadas en aprovechar el tirón mediático de su físico imponente y, como no, su gran popularidad. Se convierte en modelo y representante de la marca de ropa interior BVD, cobrando un sueldo de 500 dólares semanales. Viajó por todo el país promocionando la marca: distribuyó personalmente folletos, ofreció espectáculos de natación, hizo actos en los que firmaba autógrafos a los asistentes... Y así, sin buscarlo, se le abrió una nueva puerta con la que jamás había soñado: Hollywood.
Le ofrecen un pequeño papel en el corto "Campeones de cristal", a lo que le sigue otra fugaz aparición como un Adonis en la película "Glorificando a la chica americana". No obstante, Johnny supo mantener los pies en la tierra y siguió priorizando su faceta de deportista, sin descuidar los entrenamientos con los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932 metidos entre ceja y ceja. Pero todo cambia en 1931, cuando la industria de Hollywood comienza a perfilar los actores que darán vida al popular personaje de los comics, Tarzán. Inicialmente, la Metro Goldwin Mayer (MGM) había pensado que el papel de Tarzán fuese para Herman Brix, otro medallista olímpico que empezaba a hacer sus pinitos en el cine. Pero, desgraciadamente, éste se había lesionado mientras grababa la película Touchdown. El destino hace que Johnny, que estaba en medio de una de sus giras promocionales, y Cyril Hume, que estaba perfilando la adaptación de la película, coincidan en la piscina del hotel en el que se alojaban. Hume quedó impresionado por el estilo que tenía Johnny nadando pero, sobre todo, cuando lo ve emerger de la piscina. Ahí supo que él era "el único hombre que es natural y que puede actuar sin ropa", y que nadie mejor que él podría encarnar el papel de Tarzán. Su primera película, "Tarzán de los monos", será estrenada en 1932 y alcanzando un éxito inusitado, especialmente entre los jóvenes y el público femenino. Aunque su personaje tenga ciertas diferencias con el del cómic, el público quedó cautivado por el papel de Johnny y pide más aventuras de Tarzán. Pero Johnny debe atender antes a la cita olímpica que encima, ese año, será en casa. Y ahí es cuando, por primera vez, se empieza a cuestionar si realmente le merece la pena seguir coleccionando laureles o, en su lugar, debería dar el salto al cine y, económicamente, dejar su vida resuelta.
A nivel deportivo ya lo había ganado todo, con el añadido de haber batido hasta en 67 ocasiones el récord mundial. Aún así, quiso participar por tercera vez en unos juegos olímpicos. Como vigente campeón olímpico, creía tener derecho a defender su corona. Sin embargo, fue vetado por el Comité Olímpico Internacional ya que consideraba que había perdido su condición de deportista amateur por todos los contratos de los que se había beneficiado a lo largo de estos últimos años. Aquello fue un gran palo para Johnny pero, a la vez, le allanó el camino a la hora de volcarse definitivamente en su carrera cinematográfica. Firma un contrato de diez años con la MGM para hacer las futuras películas de Tarzán y acudirá a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, esta vez como espectador. Pero la fama tiene también su lado negativo y es que la MGM cree que, si el público femenino se entera de que Johnny estaba casado, su popularidad descenderá. Así que en 1933 rompe su matrimonio con Bobbe Arnst, que percibirá en compensación 10.000 dólares de la MGM para resarcirse de su dolor. Sin embargo, a los pocos meses anunciaba que se había vuelto a casar, esta vez con la actriz mexicana de moda en Hollywood, Lupe Vélez. Mientras tanto, siguió protagonizando películas de Tarzán para la MGM, con quien agotó el contrato que les unía. En 1942 firma con otra productora, RKO, con la que protagoniza otras seis películas más de Tarzán. Entre ambas productoras protagonizó un total de doce películas, engrosando su cuenta corriente con algo más de 2 millones de dólares de la época, todo un dineral. Pero los años van pasando y su cuerpo, por mucho que se cuidaba, ya no era el de antes. En un intento por seguir explotando el papel de Tarzán, en 1948 protagoniza "Jim de la Selva" una especie de versión de su personaje de antaño, pero más entrado en años y vestido con ropa de cazador. Incluso llevó este personaje al formato de serie, pero nunca alcanzaría el éxito de su personaje anterior.
En 1955 comienza a desentenderse del mundo de la interpretación y de todo lo que le rodea. Se le ve más preocupado por sacar adelante sus negocios particulares en Fort Lauderdale, que en buscar nuevos papeles en Hollywood. En uno de sus viajes de negocios a La Habana, le pilló el estallido de la revolución cubana y fue detenido, mientras jugaba al golf con sus amigos, por un grupo de revolucionarios. Cuando la cosa empezaba a ponerse fea, porque estaban siendo encañonados, no se le ocurrió otra cosa más que dar el grito que tan popular había hecho Tarzán, mientras se aporreaba enérgicamente el pecho. Los combatientes lo reconocieron inmediatamente, depusieron las armas, le estrecharon las manos e incluso le pidieron autógrafos. Y la cosa no acabó ahí, incluso acabaron escoltándolos primero hasta su hotel y, finalmente, hasta el aeropuerto para abandonar la isla. Su carrera deportiva recibió un merecido reconocimiento cuando en 1965 es incluido dentro del Salón de la Fama de la Natación Internacional. En 1974 le diagnosticaron un problema cardiaco, que marcaría el inicio se los problemas de salud que le acompañarían durante el resto de sus días. Tras sufrir varios derrames cerebrales fue internado en un hospital de California especializado en tratar a actores y personalidades famosas. No durará mucho en él. Comenzó a tener serios problemas para reconocer a los suyos y fue entonces cuando su quinta, y última, mujer decidió llevárselo a Acapulco. Allí falleció a principios del año 1984 víctima de un edema pulmonar. Dicen los que le conocían que murió creyéndose Tarzán y que, justo antes de morir, dio el grito tan típico de su personaje. A su entierro no asistieron ni compañeros de profesión, ni familiares, pero sí más de 1000 mexicanos. En Estados Unidos, el presidente Ronald Reagan, que también había sido actor como él, decidió honrarle con una salva de 21 cañonazos, como si fuera un Jefe de Estado.
📷Wikipedia, Mundo deportivo, 20 minutos