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18 enero 2025

Heráldica deportiva: Heart of Midlothian

El Heart of Midlothian es un club de fútbol profesional escocés que tiene su sede en la ciudad de Edimburgo. Es uno de los clubes históricos escoceses aunque, durante los últimos años, ha sufrido descensos de categoría y graves problemas financieros tras pasar a manos extranjeras. Toma su nombre de un siniestro edificio, situado en la céntrica High Street, que albergó durante muchos años la cárcel y el lugar desde donde se llevaban a cabo las ejecuciones públicas en Edimburgo. Demolido en 1817, en el lugar que ocupó dejaron un mosaico con un corazón hecho de adoquines que señala el lugar en el que se encontraba el Palacio de Justicia, la cárcel y el lugar en el que se llevaban a cabo las ejecuciones públicas. Fue creado en 1874 cuando un grupo del Heart of Midlothian Quadrille Assembly Club, una asociación de baile, pidieron prestada una pelota y se pusieron a jugar al fútbol hasta que la reventaron. Aquello les enganchó y decidieron repetir la experiencia los siguientes días, contando con el inestimable apoyo de la policía local, que prefería ver a los jóvenes jugando al fútbol que vagando por las calles.

A imagen y semejanza de lo que ocurre en Glasgow, el Heart of Midlothian tiene sus orígenes en las diferencias étnicas, religiosas y económicas de la población. Sus aficionados son mayormente escoceses protestantes, por eso incluyen la cruz de San Andrés en el escudo, y políticamente conservadores. Guardan una enconada rivalidad con sus vecinos del Hibernian, el equipo de los descendientes de irlandeses católicos y políticamente más afines a la izquierda. Sus aficionados son conocidos como The Jambos (las manzanas) o The Jam Tarts (Las tartas de manzana).

14 septiembre 2024

Heráldica deportiva: Millwall Football Club

El Millwall Football Club es un equipo de fútbol inglés que tiene su sede en el área de Millwall, en la zona este de Londres. Sus orígenes hay que buscarlos en la empresa escocesa de mermeladas y conservas JT Morton, con sede en Aberdeen (Escocia), que se encargaba sobre todo de abastecer a los barcos de vela con alimentos. Cuando decide abrir una sucursal en la Isla de los Perros, área de Millwall (Londres), se lleva consigo un buen número de trabajadores escoceses de las Lowlands, sobre todo de Dundee, para echar a andar el negocio. Muchos de estos trabajadores eran grandes aficionados al futbol así que acordaron fundar un club al que llamaron Millwall Rovers. Como la plantilla original tenía en sus filas un gran número de jugadores de ascendencia escocesa,  acordaron que el león rampante, símbolo del escudo real de Escocia, fuese el elemento identificativo del club. Además, a imitación del uniforme del once del tartán, decidieron vestir con camiseta azul oscuro y pantalón blanco. Posteriormente cambian de nombre, pasando a ser Millwall Athletic, de estadio y de ubicación, pasando a tener su sede en el área de New Cross, al sureste de Londres. Allí, en la zona de los muelles de Londres, estableció una estrecha vinculación con muchos de los estibadores del puerto, pasando a ser conocidos sus hinchas con el apelativo de The Dockers (los estibadores).

Ha tenido dos lemas a lo largo de su historia. El primero fue "No fear no foe, where e´er we go" ("No tememos a nadie en ninguna parte"), que fue incluido en su primer escudo. El más popular hoy en día es "No one like us, we don't care” (No le gustamos a nadie, pero no nos importa). Durante muchos años sus aficionados fueron conocidos como The dockers (los estibadores), aunque durante los últimos años lo son más por The Lions (los leones). Tienen fama de ser una de las hinchadas más violentas de todo el Reino Unido. Mantienen una de las mayores y más antiguas rivalidades del Reino Unido con el West Ham United, otro equipo con gran seguimiento entre los estibadores londinenses, con los que disputan el llamado derbi del este de Londres. También existe rivalidad, aunque en menor medida, con el Crystal Palace y el Charlton Athletic. Una de las canciones que más canta su afición es el London Calling del grupo The Clash.

07 septiembre 2024

Heráldica deportiva: Hibernian F.C.

El Hibernian Football Club, también conocido como Hibs, es un equipo de fútbol escocés que tiene su sede en la ciudad de Edimburgo. Su nombre es la forma en la que los romanos llamaban a Irlanda, Hibernia (Tierra de invierno), en latín clásico. Sus orígenes hay que buscarlos en la comunidad de emigrantes irlandeses, de religión católica y con pocos ingresos, del barrio de Cowgate en Edimburgo. El sacerdote irlandés Edward Joseph Hannan, que estaba al frente de la parroquia de San Patricio, decide crear un equipo de fútbol entre sus feligreses de la zona conocida como Little Ireland, y de paso conmemorar el nacimiento del político independentista irlandés Daniel O´Connell. En aquel equipo parroquial todos sus jugadores dedían ser miembros de la Sociedad de Jóvenes Católicos, abstemios y católicos practicantes. Así, cuando quieren dar un paso más e inscribirse en la federación escocesa de fútbol para participar en las liga, no son bienvenidos. El conflicto surge con mutuas acusaciones de sectarismo: los escoceses les acusan de sólo aceptar en sus filas a irlandeses católicos; los irlandeses se defienden argumentado que se les cierran las puertas sólo por su origen irlandés. Finalmente se les acepta en la liga y no tardarán ser un equipo de referencia, no sólo entre la comunidad irlandesa de Edimburgo, sino también en la de toda Escocia e Irlanda. De hecho, el Celtic surge tras una gira benéfica organizada por el Hibernians por toda Escocia para recaudar fondos para las obras sociales de la iglesia católica escocesa.

Su escudo ha sido siempre motivo de debate por reflejar su herencia irlandesa. Algunos creían que debería de suavizarse este aspecto para no seguir siendo acusados de sectarismo, aunque este punto deja de tener sentido cuando en 1893 el club se abrió a toda la comunidad escocesa. Pero la inmensa mayoría de sus seguidores están orgullosos de exhibir su vínculo con Irlanda y su cultura. El escudo consta de un arpa, que simboliza la herencia irlandesa, un barco, que hace referencia al puerto de Leith, y el castillo de Edimburgo. Rodeándolo, en forma circular aparecen el nombre del club, de la ciudad de Edimburgo y el año de su fundación.

Sus seguidores son conocidos como Hibs, Hibbies o The Cabbage (Las coles). El lema del club está en gaélico y es Erin go bragh (Irlanda por siempre). Su máximo rival es el Heart of Midlothian, el equipo protestante de Edimburgo. Eso sí, entre ambos no llegan al nivel de rivalidad -a todos los niveles- que se vive en Glasgow entre el Celtic y el Rangers. La canción "Sunshine on Leith" del grupo The Proclaimers se ha convertido en el himno oficioso del club.

13 marzo 2024

Los leones de Lisboa

Hablar de fútbol en Escocia es hacerlo de algo más que un deporte. Se dice que los escoceses pueden cambiar de coche, de partido político, incluso pueden divorciarse y cambiar de pareja... pero nunca de equipo de fútbol. Y es que en los dos grandes equipos históricos del país, el Celtic de Glasgow y el Glasgow Rangers, los salarios y las fichas altas son importantes para muchos de sus jugadores, pero no tanto como los valores que representan. Cuando uno nace como bhoy o como gers, lo es para toda la vida.

Nuestra historia de hoy comienza en Glasgow, la ciudad más industrial y poblada de toda Escocia. Corría el año 1951 cuando el Celtic de Glasgow contrataba para jugar en su equipo de reservas a John "Jock" Stein, un central bastante limitado técnicamente pero muy fuerte, disciplinado y aguerrido. Quitando su última temporada en las filas del Llanelli Town galés, nunca se había dedicado al fútbol de forma profesional. Es más, muy probablemente nunca hubiese llegado a poder jugar en la Scottish Premier League de no ser porque, durante la II Guerra Mundial, la mayoría de los jugadores británicos profesionales se habían tenido que alistar en las Fuerzas Armadas Británicas para ir al frente. Ese vacío en los grandes clubes escoceses fue aprovechado por jugadores más del montón, como Jock Stein, minero de profesión y que habían quedado liberado de ir a filas por su rol estratégico en la producción de mineral.

Ese mismo año, Jock Stein ve como la fortuna vuelve a sonreírle de nuevo. Al poco de comenzar la temporada, la defensa del primer equipo del Celtic de Glasgow sufre una plaga de lesiones. Y, ante la falta de jugadores para ese puesto, su entrenador Jimmy McGrory se ve obligado a tirar del equipo filial, haciendo debutar a varios canteranos, entre ellos Jock Stein. Desde ese día, ya nunca más regresaría a jugar con el filial. Su aura, y su ascendencia entre los aficionados y sus compañeros del equipo, lo convirtió rápidamente en todo un referente dentro y fuera del terreno de juego. Incluso llegó a ser nombrado capitán del equipo, lo cual no debería de ser noticia. Pero es que Jock Stein era protestante y el Celtic de Glasgow es el equipo católico por excelencia de Escocia. El sectarismo religioso en Escocia era tal, por aquel entonces, que sus vecinos del Glasgow Rangers vetaban el acceso de jugadores católicos en su plantilla.

Tras ganar la Scottish Premier League en la temporada 1953-54, el club decidió premiar a la plantilla con un viaje a Suiza para asistir a varios partidos del Mundial de fútbol en el país helvético. Sus compañeros escoceses cayeron a las primeras de cambio por lo que los jugadores del Celtic tuvieron oportunidad de ver en acción a otras selecciones nacionales. Hungría, con la hornada de los magiares mágicos en sus filas, fue la sensación del torneo. Los Puskas, Czibor, Kocsics... deslumbraron al mundo con su aluvión de fútbol ofensivo, de gran calidad y revolucionando las tácticas, hasta entonces conocidas, con un sorprendente 4-2-4. Para Jock Stein aquello supuso un antes y un después en su concepción futbolística. Y, desde ese momento, se volvió en todo un estudioso de las tácticas húngaras y de todas las variantes que se irían desarrollando a partir de ellas.

Fuente: Dunfermline Athletic
A los 35 años, un Jock Stein ya muy tocado por las lesiones crónicas que le llevan pasando factura varios años, decide colgar las botas y poner fin a su carrera como jugador profesional. En el club mueven ficha rápidamente y le ofrecen llevar las riendas del equipo de reservas del Celtic. Acepta el cargo y comienza a poner en práctica todas esas nuevas metodologías y tácticas que llevaba tiempo analizando detalladamente. En los tres años que está al frente de los reservas logra configurar un grupo de jugadores muy jóvenes, y de gran calidad, que darán que hablar en un futuro no muy lejano. Sin embargo, y a pesar de que el primer equipo no está a la altura  de lo esperado, nadie le ofrece el puesto de entrenador. Empieza a pensar que su fe protestante es un obstáculo demasiado importante como para que le diesen la oportunidad de ocupar el banquillo de Celtic Park. No en vano, hasta ese momento, el banquillo católico sólo había conocido entrenadores que profesaban esa fe. Así que, buscando hacer méritos para un día poder regresar a la que consideraba su casa, decide hacer una apuesta valiente y abandona el Celtic para firmar por el modesto Dunfermline.

Al frente de los pars logrará despachar cuatro grandes temporadas (1960-1964) en las que lleva a un equipo programado para pelear por no descender a ser campeón de la Copa de Escocia (derrotando en la final a su ex-equipo, el Celtic) e incluso a jugar competiciones europeas. El juego alegre, ofensivo y vistoso que desarrolla el Dunfermline no pasa desapercibido en las islas británicas. Y, como cabría esperar, comienzan a llegarle cada vez más ofertas de importantes clubes ingleses y escoceses que le ofrecen poder absoluto de cara a la gestión del equipo. Pero Jock Stein las rechazará todas, sin importar de dónde vienen. Él sólo quiere entrenar al Celtic, donde muchos aficionados comienzan a pedir su regreso, y esperará el tiempo que haga falta. Pero la llamada católica no llega. Así que, en otra hábil maniobra de acercamiento al Celtic, decide firmar en 1964 por una temporada con el otro gran equipo de marcada herencia católica de Escocia, y equivalente del Celtic en Edimburgo, el Hibernian. Los Hibs, uno de los grandes clubes escoceses y con una importante masa social detrás, atravesaban una mala época en la que coqueteaban peligrosamente con el descenso. El equipo necesitaba una revolución y Jock Stein ve en él un trampolín para volver a Glasgow. Reestructuró el equipo a partir de descartes de los grandes equipos escoceses (John McNamee, Willy Hamilton...) o de la Premier League inglesa (Pat Quinn). Configuró un sistema de juego en el que sacó el mejor rendimiento visto a cualquiera de los jugadores que tomaban parte en él. Incluso derrotó contundentemente al Real Madrid de los Di Stéfano, Puskas, Amancio, Muller..., pentacampeón europeo, en un partido disputado en Edimburgo durante aquella temporada.

Al acabar esa temporada, el Celtic sumaba otro rotundo fracaso. Eran ya 11 temporadas seguidas sin ganar la liga, mientras que sus archirrivales del Glasgow Rangers seguían sumando casi la mitad de los títulos en juego. Y, como los dirigentes del Celtic seguían sin mover ficha, Jock Stein decide aprovechar una importante oferta que recibe del Wolverhampton inglés para presionar a la directiva del Celtic. Les pide consejo sobre si debería aceptarla, siempre con la esperanza de que, al conocer su disponibilidad, le ofreciesen coger las riendas del banquillo católico. Pero lo único que le ofrecen es el puesto de segundo entrenador a las órdenes del entrenador irlandés, y ex-compañero suyo en las filas católicas, Sean Fallon.  Aquello no convence a Jock Stein, que comienza a valorar seriamente la oferta inglesa tras ver que en Glasgow siguen sin darle la oportunidad que cree que merece. Así que, cuando Bob Kelly, el máximo mandatario del Celtic de Glasgow, ve que el riesgo de perder definitivamente a Jock Stein es real, decide dar el paso y colocarlo al frente del cuerpo técnico. En 1965, por primera vez en la historia, se rompía un tabú: un entrenador protestante llevaría las riendas del club más emblemático de la población católica escocesa.

Su llegada fue muy aclamada por una hinchada católica que llevaba demasiados años lejos de los éxitos a los que habitualmente estaban acostumbrados. Y Jock Stein no decepcionó a nadie. En el terreno de juego, sus planteamientos tácticos, basados en aquellos complejos e innovadores sistemas que había descubierto visionando partidos de la selección húngara, fueron toda una revolución. Logró mezclar esa riqueza táctica con el carácter indómito y la garra tan típica del jugador escocés, dando como resultado un fútbol dinámico, ofensivo y muy vistoso. Esa fue su principal seña de identidad. Esa y la cantidad de jóvenes canteranos que ascendió y que consolidó en el primer equipo. La mayoría habían pasado por sus manos cuando estuvo al frente años atrás del equipo reserva. Frases suyas como "La única forma de traer a los aficionados al estadio es hacer que se diviertan. Por tanto, hagámoslo" o "el mejor sitio para defender es el área rival" resumen muy bien su filosofía de juego. 

Las ligas, en la década anterior tan esquivas, comienzan a caer de forma consecutiva. Hasta en 9 ocasiones seguidas logra colocar al Celtic en lo más alto de la clasificación. En Escocia ya no tienen rival, así que el siguiente paso era ser competitivos en las competiciones europeas, donde el equipo comienza a hacerse un nombre. En 1965 están a punto de clasificarse para la final de la Recopa de Europa. Pero, un polémico arbitraje en Anfield, en el que se le anula un gol legal a Bobby Lennox a 5 minutos del final, les impide eliminar al todopoderoso Liverpool FC. Pero, sin duda, su momento álgido llegaría en la Copa de Europa de 1967. Un Celtic que funcionaba con la fiabilidad y precisión de un reloj suizo, se fue deshaciendo de los campeones nacionales de las diferentes ligas europeas con una facilidad pasmosa. Primero el Nantes francés, luego el Zurich suizo dirigido por Kubala, más tarde el Duckla Praga... Tan sólo pasó algunos apuros ante la sorprendente Vojvodina yugoslava del viejo zorro Vujadin Boskov, a la que eliminaron con un gol en los instantes finales. En la final, que aquel año se celebraba en Lisboa, les esperaba el todopoderoso Inter de Milán, el equipo que hizo del catenaccio un arte. La escuadra transalpina repleta de figuras como Corso, Mazzola, Jair da Costa, o el balón de oro español Luis Suárez, estaba considerado como el mejor equipo del mundo. Las dos temporadas anteriores habían hecho doblete, Copa de Europa y Copa Intercontinental, lo que le valió el sobrenombre de "La Grande Inter". Además, en su banquillo, contaban con el prestigioso Helenio Herrera, uno de los entrenadores más revolucionarios y laureados en la historia del fútbol. 

Los pronósticos no eran muy favorables al Celtic. La mayoría de expertos consideraban como un equipo vistoso pero muy bisoño y que poco, o nada, podía hacer frente al experimentado y potente once italiano, que llegaba de eliminar al todopoderoso Real Madrid. Sin embargo los escoceses, lejos de amilanarse, tenían la motivación de convertirse en el primer equipo británico que ganase la Copa de Europa. Nadie lo había conseguido antes. Hasta ese momento, las Copas de Europa únicamente habían ido a engrosar las vitrinas de clubes españoles, portugueses e italianos. Además, todos sus jugadores eran de Glasgow o de su extrarradio, lo que le confería una mayor cohesión grupal, y un sentido de pertenencia que no se da en los clubes hechos a base de talonario. Sin lugar a dudas, se trataba de un partido de contrastes entre dos equipos totalmente antagonistas.

Fuente: PES miti del Calcio
Como era de esperar, la fiel hinchada católica se desplazó en masa hasta la capital portuguesa para animar a los suyos en una oportunidad histórica para colarse entre la élite del fútbol mundial. En las declaraciones previas al partido, Jock Stein daba esperanza a los más de 15.000 seguidores escoceses que acompañaban al equipo, anunciando que 
"vamos a atacar como nunca atacamos antes" como mejor forma de contrarrestar el ramplón, pero efectivo, catenaccio italiano. Y así fue. El partido comenzó con el once escocés atacando por las bandas con los extremos Lennox y Johnstone, y los italianos esperando pacientemente por su oportunidad replegados atrás en su campo. Y esta no tardó en llegar cuando Mazzola adelantó de penalti a los italianos, cuando menos lo merecían. Los inexpertos escoceses, que ya habían estrellado dos tiros al palo, acusaron el golpe y empezaron a precipitarse y a tomar malas decisiones en su juego. En los minutos finales del primer tiempo, el Inter tuvo contra las cuerdas al Celtic, y pudo cerrar el partido por medio de varias contras muy claras. Permitió que el Celtic llegase vivo al descanso y los escoceses milagrosamente revivieron. Lejos de tomar más precauciones defensivas, como todo el mundo esperaba, redoblaron su apuesta ofensiva metiendo más jugadores de ataque. El ritmo frenético al que jugaban los escoceses, con y sin balón, comenzó a pasarle factura a los italianos. A medida que pasaban los minutos, la superioridad física del Celtic era más patente y, fruto de ello, en el muro defensivo interista comienzan a aparecer las primeras fisuras. Las acometidas escocesas se suceden una y otra vez ante un equipo italiano que deambula por el campo totalmente roto. El lateral Gemmell consiguió empatar el partido tras un potente disparo con el Inter completamente hundido en su área, con hasta 9 jugadores defendiendo en ella. El rodillo escocés no cesa, huele sangre y, cinco minutos más tarde llega el segundo gol escocés, obra de Chalmers, cuando solo restaban 6 minutos para cumplirse el tiempo reglamentario. Habían cumplido a rajatabla las instrucciones de Jock Stein justo antes de saltar al campo: "salgan y disfruten". Los italianos acusaron demasiado las bajas de Luis Suárez y Jair da Costa. Acostumbrados a un fútbol conservador, más de esperar que de proponer y de ganar por la mínima, no supieron contrarrestar el vendaval de fútbol escocés. 

Aquella derrota supuso el final de aquel Inter y de su entrenador, Helenio Herrera, que acabaría abandonando el club. Elegante en la derrota, reconoció que "nosotros no podemos tener ninguna queja. El Celtic mereció la victoria. Fuimos golpeados por la fuerza del Celtic. Aunque nosotros perdiéramos, el encuentro fue una victoria para el deporte". Al Celtic, la victoria le colocó en el mapa de los grandes clubes europeos del momento. Los jugadores fueron bautizados como Los Leones de Lisboa, y Jock Stein fue galardonado con la Orden del Imperio Británico. Además, una grada de Celtic Park, desde esa temporada, lleva su nombre en su honor. A día de hoy está considerado como el mejor entrenador escocés de la historia, por delante de Álex Ferguson.

05 febrero 2024

Heráldica deportiva: Celtic de Glasgow

El Celtic de Glasgow es un equipo profesional escocés de fútbol. Sus seguidores son conocidos popularmente como "The bhoys" (palabra con la que se identificaban a sí mismos los emigrantes irlandeses que habían emigrado a otros países) o "The hoops" (por las rayas horizontales blancas y verdes de su uniforme). No solo es uno de los gigantes del fútbol escocés sino que también es uno de los equipos históricos del fútbol mundial. Ser del Celtic es más que alentar a un club de fútbol porque su historia le lleva a estar profundamente vinculado a movimientos sociales, políticos y religiosos. El trébol de cuatro hojas que hay en su escudo, y que sustituyó a la cruz celta, no es casual. Es uno de los emblemas más simbólicos de Irlanda. Representa a aquellos emigrantes  y colonos irlandeses que, durante la época de la gran hambruna, allá por el siglo XIX, emigraron a Inglaterra, Escocia y otras colonias británicas de ultramar en busca de trabajo y mejores condiciones de vida. Pero no todos logaron su propósito, sobre todo los que emigraron a Escocia e Inglaterra, porque muchos sufrieron el rechazo y la discriminación de la población autóctona, lo que les convirtió en la nueva clase baja. 

En Glasgow, los emigrantes irlandeses se establecieron sobre todo en la zona del East End que, en aquel momento, pasaba por ser una de las zonas más deprimidas y marginales de todo el Reino Unido. Hacinados, y víctimas de múltiples enfermedades, llegan a concentrar la mayor densidad de población de toda Europa, pero los problemas no terminaban ahí. La población autóctona, lejos de ayudarles, intentó aprovecharse de su situación ofreciéndoles los peores puestos de trabajo, con unos sueldos muy bajos y en condiciones infrahumanas. Y es que el emigrante irlandés, por lo general, provenía del mundo rural, carecía de estudios y no tenía cualificación alguna. Este detalle no pasó desapercibido para la iglesia protestante que sí se interesa por su situación, pero más por el hecho de engrosar su lista de fieles que el de prestar ayuda humanitaria a la población más necesitada.

En medio de este panorama desolador, emerge con fuerza la figura de Andrew Kerins, un hermano marista irlandés que había sido destinado a Glasgow hacia 1870. El Hermano Walfrid, que así se hacía llamar, sabía de primera mano las penurias que los colonos irlandeses habían pasado en su Irlanda natal porque a él también le tocó vivirlas de primera mano durante su juventud. Desde su posición, primero de maestro y luego como director de escuelas católicas de Glasgow, dedicó su vida no sólo a educar a los jóvenes de estos barrios marginales, sino también a alimentarlos y vestirlos. Logra desarrollar campañas en las que se consigue que los niños pobres tengan al menos una comida caliente al día, pero no es suficiente. La pobreza seguía creciendo sin remisión, y la iglesia presbiteriana entorpece las campañas de la iglesia católica, tal y como hacía habitualmente en Irlanda. Su modus operandi era siempre el mismo, enviar misioneros a las zonas más deprimidas para aprovecharse del hartazgo y la desesperación de los colonos más necesitados, ponerlos en contra de los católicos, y captarlos para su fe. Y mal no les iba porque, además de evangelizar la zona, toda las disensiones internas del presbiterianismo quedaron olvidadas en un segundo plano. Al mismo tiempo, gran parte de la sociedad escocesa, que en su mayoría profesaba el protestantismo, empieza a mostrarse molesta con la masiva llegada de colonos católicos irlandeses. Aparece un sentimiento de anticatolicismo en la sociedad escocesa que se verá reflejado en una creciente presencia de la Orden de Orange, una fraternidad protestante de carácter muy conservador. Lo que no había conseguido el protestantismo escocés en siglos, lo había conseguido en un par de décadas el catolicismo, unirlos en un sólo frente anticatólico.

En 1887 el Hibernians, un equipo de Edimburgo creado por el padre Edward Hannan y en el que sólo podían jugar católicos irlandeses, ganó la Copa de Escocia, el trofeo más importante y deseado por entonces. Su hazaña es celebrada por todos los irlandeses en Escocia. Al Hermano Walfrid le marcó mucho el hecho de que los irlandeses de Glasgow celebrasen aquel triunfo como algo suyo y, sobre todo, como aquel hecho asilado había traído algo de alegría a sus vidas. En el acto de entrega del trofeo, celebrado en Glasgow, son los propios directivos del Hibernians quienes animan a los irlandeses de Glasgow para que creen su propio club. El Hermano Walfrid, encantado con la idea, recoge el guante y crea el Celtic de Glasgow en 1888. Con ello buscaba que los irlandeses de Glasgow tuviesen una identidad propia, con un símbolo alejado de la iglesia, y que reforzase el sentimiento de orgullo irlandés. A diferencia del Hibernians, el Celtic no pretendía ser exclusivo de la comunidad irlandesa. De hecho, escoge su nombre porque la cultura celta era un nexo de unión entre irlandeses y la población de Escocia. "Lo que cuenta no es su nacionalidad o su religión. Lo que cuenta es el hombre en sí mismo", afirmaba Willie Maley, primer entrenador de la historia del Celtic.

@Andy Buchanan

El nuevo club es un éxito total, tanto a nivel deportivo como a nivel humanitario. Porque además de ejercer como elemento de cohesión e identidad para los emigrantes irlandeses, también acoge e integra en sus filas a gente de otras clases sociales y confesiones religiosas. Con lo recaudado en las entradas de los partidos consiguen dinero para proseguir con sus campañas de ayuda a las familias más necesitadas del East End, sobre todo a la hora de que no faltase entre los más jóvenes un plato de comida caliente. A diferencia de otros clubes de la época, donde ya se veían los albores del profesionalismo, el Celtic tenía jugadores amateurs. También será un elemento muy importante a la hora de combatir el alcoholismo, adicción que crecía a pasos agigantados en los barrios más marginales, y la delincuencia. Pero, sobre todo, fue un símbolo de esperanza cuando todo lo que le rodeaba era miseria y desesperación.

Con su aparición serían varios clubes los que se disputarían la supremacía del fútbol en Glasgow: Celtic, Rangers, Partick Thistle, Queen´s Park... El caso del Rangers es muy llamativo porque era un club creado, una década antes que el Celtic, sin ningún tipo de pretensión identitaria ni ideológica. Simplemente respondía a los deseos de un grupo de jóvenes escoceses del West End por jugar al fútbol. Con el tiempo, el gran crecimiento deportivo y social experimentado por el Celtic, despertó el recelo del protestantismo más rancio, sobre todo el de la sectaria Orden de Orange. Ésta, que contaba con varios miembros en la directiva del Rangers, fue radicalizando su posición hasta el punto de no contratar ni jugadores ni empleados católicos durante la mayor parte de su historia. 

@The Scotsman

A partir de ahí la rivalidad se radicaliza en ambos bandos, yendo más allá de lo deportivo. Ser hincha del Celtic, por lo general, implica ser de izquierdas, católico, y estar a favor de la independencia de Escocia. Y ser del Rangers es todo lo contrario, un perfil más conservador, profesar el protestantismo y estar a favor de la permanencia de Escocia dentro del Reino Unido. Así surge el Old Firm, el que para muchos es el derbi deportivo más importante del mundo. Toma su nombre de un enfrentamiento entre Celtic y Rangers en 1909. Ambas directivas, enfrentadas en lo deportivo pero muy afines en lo empresarial, acordaron un biscotto entre ambos equipos para así forzar otro partido de desempate (aún no se había inventado la prórroga, ni los desempates a penaltis) y generar más taquilla. Se cuenta que los hinchas, tras ver que los jugadores de ambos equipos no tenían mucho interés en atacar y lanzar a puerta, invadieron el campo y arrasaron las taquillas como señal de protesta. 

Desde entonces la rivalidad entre ambos clubes es una constante. Y lo más curioso es que en un derbi entre ellos, dos equipos escoceses, no verás en las gradas ninguna bandera con la cruz de San Andrés. Sólo verás banderas irlandesas en un fondo y de la Union Jack en el otro. Y, para evitar incidentes, los partidos se celebran siempre a mediodía, intentando que el alcohol aumente los enfrentamientos entre ambas aficiones.

11 marzo 2019

¿Sabías que...

¿Sabías que en el Torneo VI Naciones de rugby, que se disputa estos días, compiten los 6 mejores equipos del hemisferio norte?

El Torneo de las VI naciones es una competición privada, internacional que se celebra anualmente entre las seis mayores potencias europeas de rugby. El campeón del torneo es reconocido oficialmente como Campeón de Europa de rugby.  El torneo comenzó a disputarse en 1883 bajó el formato de IV Naciones (Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda), las que por entonces configuraban el Reino Unido. Posteriormente, en 1910, Francia se sumó a la competición, después de demostrar que realmente tenía nivel para luchar con las potentes selecciones británicas, y la competición pasó a llamarse Torneo V Naciones. Sería expulsada en 1931, acusada de profesionalismo, y readmitida de nuevo en 1947. Finalmente, en el año 2000, la selección de Italia se sumó a la nómina de participantes tras haber probado su nivel durante los últimos mundiales, pasando a llamarse desde ese momento Torneo VI Naciones. Además, dada su antigüedad, el torneo alberga otros tantos títulos y copas, de forma paralela, entre sus naciones participantes, como por ejemplo:
  • La Copa Calcuta se la adjudica el ganador del duelo entre Escocia e Inglaterra.
  • El Trofeo Millenium se la dan al ganador del Irlanda - Inglaterra.
  • La Centenary Quaich se la adjudica el ganador del Irlanda - Escocia.
  • El Trofeo Auld Alliance se disputa cada año entre la selección de Francia y Escocia.
  • El Trofeo Garibaldi se lo dan al ganador del Italia - Francia.
  • La Triple Corona se otorga a la selección británica que logra derrotar a las otras tres.
  • La Cuchara de madera la consigue aquel equipo que no consigue ningún punto durante todo el torneo.