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07 octubre 2026

Heráldica deportiva: Golden State Warriors

Los Golden State Warriors son un equipo profesional de baloncesto, con sede en la ciudad de San Francisco (California). Es uno de los equipos más laureados de la NBA, especialmente durante la última década. Sus orígenes hay que buscarlos en 1946, cuando son creados oficialmente los Philadelphia Warriors en la costa este. En 1962 el productor de radio y televisión estadounidense, Franklin Mieuli, se hizo con el paquete accionarial mayoritario y decidió mudar el equipo a San Francisco, pasando a llamarse el equipo desde entonces como San Francisco Warriors. En su nueva ubicación, lejos de consolidarse, comienzan a alternar partidos como local en diversas localidades además de San Fancisco: San José, Oakland... Y, con la construcción del Oakland Coliseum Arena precisamente en esta última población, comienzan a frecuentar cada vez más esta cancha hasta convertirla en su sede fija. Así que, en 1971, el equipo pasará a llamarse Golden State Warriors para dejar claro que eran el equipo que representaba a todos los habitantes del estado de California. En 2019, de nuevo se marchan a jugar a San Francisco, tras la construcción del moderno Chace Center, sin modificar el nombre del equipo. El apodo de Warriors lo toman inspirándose en las beligerantes tribus nativas que habitaban en Estados Unidos antes de la llegada de los colonos europeos. Su logo, tras muchos cambios, representa el Golden Gate, el puente más famoso de San Francisco. En él destacan los dos colores originales del club, el azul y amarillo, símbolo del club desde su fundación. Guardan una gran rivalidad, sobre todo, con sus vecinos de Los Ángeles Lakers y Sacramento Kings y, en menor medida, con los Cleveland Cavaliers.

10 febrero 2026

La guerra fría que ni los Juegos Olímpicos pudieron derretir

Los Juegos Olímpicos de Munich en 1972 suponían el regreso del movimiento olímpico a tierras alemanas tras los polémicos Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. Todo apuntaba a que, tras dejar atrás los años oscuros del movimiento nazi, la cita olímpica iba a transcurrir con total normalidad. Pero nada más lejos de la realidad, esta nueva edición pasará a la historia por sufrir el primer atentado de gran magnitud contra el movimiento olímpico. A las 4 de la mañana del día 5 de septiembre, 8 terroristas palestinos, pertenecientes al grupo Septiembre Negro, saltaron la valla de la villa olímpica disfrazados de atletas y con las armas escondidas en bolsas de deporte, penetraron en el pabellón en donde se alojaban las delegaciones de Uruguay, Israel y Hong Kong. Nada más entrar en las habitaciones israelís se cobraron sus 2 primeras víctimas disparando sobre el entrenador de halterofilia Moshe Weinberg y su pupilo Yosef Romano. Acto seguido, tomaron como rehenes a 9 miembros más de la delegación hebrea: 4 deportistas, 2 árbitros y 3 entrenadores. Intentaron hacerse con alguno más pero varios lograron escapar tras romper una ventana. Los asaltantes demandaban la liberación de 234 prisioneros palestinos alojados en las cárceles israelís, además de dos miembros de la guerrilla comunista urbana del Ejercito Rojo. La policía alemana trató de intervenir en el secuestro pero cometieron la torpeza de permitir que la televisión lo retransmitiese en directo, con lo que los asaltantes pudieron ver en todo momento lo que estaba ocurriendo. Finalmente, los terroristas y sus rehenes se trasladaron en 3 helicópteros hasta la base aérea de Fürstenfeldbruck, perteneciente a la OTAN. Allí tendría lugar un violento tiroteo en el que fallecerían 5 secuestradores, los 9 rehenes israelís, un policía y un piloto de helicóptero. Muchas voces pidieron cancelar los juegos, incluso hubo países que recogieron a su delegación al completo y regresaron a sus países de origen. Pero, tras celebrarse una misa en el estadio olímpico, el Comité Olímpico Internacional decidió que los juegos debían de seguir. 

Así que, cuando parecía que el deporte iba dejando un poco de lado todo ese componente ideológico que le es inherente, de nuevo aparecieron los problemas. La Guerra Fría entre el bloque comunista, encabezado por la Unión Soviética, y los Estados Unidos, estaba en pleno apogeo y, a falta de conflictos bélicos, el deporte se convirtió en un medio inmejorable para mostrar la superioridad política e ideológica sobre su odiado rival. Por entonces, los norteamericanos, ante la imposibilidad de mandar a sus estrellas de la NBA por su estatus de jugadores profesionales, enviaban a sus mejores jugadores universitarios. Su superioridad era tal que incluso con sus jugadores amateurs, que rondaban los 20 años, habían sido capaces de alzarse con el oro en las anteriores siete citas olímpicas. Su racha inmaculada de más de cincuenta victorias, y ninguna derrota, hablaba por sí sola. Con semejante panorama, el oro parecía estar reservado para la selección norteamericana, teniendo que conformarse el resto de selecciones con las migajas. Pero no todos lo veían así. Hacía años que en la Unión Soviética y la extinta Yugoslavia, el baloncesto se había convertido casi en una cuestión de estado y las diferencias con el gigante norteamericano eran cada vez menores.

El torneo olímpico comenzó dándole continuidad al modelo competitivo de las últimas ediciones: dos grupos de ocho selecciones cada uno, clasificándose únicamente los dos primeros de cada uno para las semifinales. El combinado estadounidense se presentó con un equipo más bisoño e inexperto que el de ediciones anteriores, con jóvenes que apenas rondaban los 20 años. De hecho, por primera vez, ninguno de los componentes del equipo olímpico norteamericano había sido seleccionado en el draft de ese mismo verano (algunos sí ocuparán puestos altos, pero en las ediciones de 1973 y 1974). Aún así, partían con la vitola de grandes favoritos y de enemigo a batir por el resto de las selecciones clasificadas. Y, cuando la pelota comenzó a rodar, los resultados no hicieron más que confirmar las previsiones de los expertos. Estados Unidos se presentó a lo grande, sacando el rodillo a pasear frente a selecciones llamadas a estar arriba, como Checoslovaquia, Australia o Cuba. Pero en el cuarto partido, Brasil, selección con la que nadie contaba, no sólo logró neutralizar su torrente ofensivo sino que además les obligó a exprimirse a tope para ganar por un exiguo 61-54. Aquello fue un punto de inflexión para el resto de selecciones, especialmente los soviéticos que, por primera vez, veían que derrotar a los norteamericanos no era tarea imposible. Además, en su grupo, la Unión Soviética no sólo ganó todos sus partidos, promediando más de 20 puntos de ventaja, sino que además se permitió el lujo de decidir qué otro país le acompañaría a semifinales. Un Yugoslavia - Unión Soviética en la séptima y última jornada de grupo, con los soviéticos ya clasificados y los plavis pendientes del basketaverage ante un posible triple empate con italianos y puertorriqueños, despejaría el camino hacia las medallas. La derrota yugoslava supondría dejar a un rival directo fuera, a la par que clasificaba a Italia, una selección a la que habían ganado cómodamente en la fase de grupos y que no sería rival en un hipotético duelo por las medallas. 

Los cruces de las semifinales depararon un Estados Unidos - Italia y un Unión Soviética - Cuba que, salvo sorpresa mayúscula, dejaban vislumbrar cual iba a ser la gran final. Los Estados Unidos cumplieron los pronósticos y ya, con más días de descanso de por medio, tras disputar los primeros siete partidos en tan sólo ocho días, sacaron de nuevo el rodillo y borraron del campo a Italia. Los transalpinos fueron capaces de parar en parte el arsenal ofensivo de Estados Unidos, pero en ataque se mostraron muy por debajo de su nivel condicionados por una excelente defensa norteamericana. El 68-38 final lo decía todo. Por su parte, los soviéticos, en lo que se presumía como un partido que no debería complicársele mucho, encontraron en su aliado político un hueso duro de roer. Cuba les obligó a exprimirse al máximo, llegando a ponerles en aprietos y crearles serias dudas en su juego durante varias fases del partido. Finalmente, los soviéticos se llevaron la victoria tras un ajustado 67-61 en el marcador.

La final más deseada por comunistas y capitalistas era ya una realidad. Pero más por los soviéticos porque, tan sólo unos días antes del torneo olímpico, el norteamericano Bobby Fischer se convirtió en el primer no soviético en alzarse con el título de Campeón del Mundo de Ajedrez. Su victoria ante el soviético Boris Spasski fue tomada por en el Kremlin como una humillación y los servicios secretos soviéticos, la KGB, no tardaron en tomar cartas en el asunto. En un viaje relámpago, se presentaron en Múnich y le comunicaron a Vladimir Kondrashin, el técnico del equipo soviético de baloncesto, la necesidad imperiosa de devolver el golpe. El baloncesto, deporte creado por los norteamericanos, y en el que mostraban un dominio incontestable desde su inclusión como deporte olímpico en 1936, se presentaba como una ocasión inmejorable para ello. 

Los antecedentes no invitaban al optimismo tras el fiasco soviético durante el Campeonato del Mundo de 1970, en donde los de Alexander Gomelsky se tuvieron que conformar con el bronce. La llegada de Kondrashin, todo un estudioso del baloncesto no despertó inicialmente mucha confianza entre las altas esferas políticas y deportivas soviéticas. Fiel defensor de sus ideas, tras su nombramiento como seleccionador nacional dos años antes, había roto la tradición de que el CSKA de Moscú fuese la base del seleccionado soviético. En su lugar, sabiéndose inferior a los americanos, diseñó una selección muy física, con un gran compromiso defensivo, muy compenetrada y capaz de montar rápidos contrataques con los que desarbolar al rival. Su primera prueba de fuego fue el Campeonato de Europa de 1971, en donde ya se pudo vislumbrar un importante giro táctico en su equipo. A partir de ahí, las autoridades soviéticas le dieron carta blanca, reforzando su impronta en el grupo. Además, tenía la motivación extra de que, si lograba la victoria, el gobierno ruso se haría cargo de una costosa operación que su hijo, en silla de ruedas, necesitaba. 

Por su parte, el combinado norteamericano abogaba por una línea continuista, manteniendo en el cargo a Henry Iba, el técnico que les había llevado hasta el oro en las dos olimpiadas anteriores. Nadie reparó en sus métodos arcaicos, pero por otro lado entendibles en una persona de 70 años, ni en que llevase ya dos años apartado de los banquillos de la Universidad de Oklahoma State tras jubilarse. Tampoco pareció importar mucho que sus tres mejores jugadores renunciasen a ir con la selección por diferentes motivos. Julius Erving acaba de convertirse en profesional tras firmar por la ABA, Bill Walton renunció a vestir la camiseta nacional en protesta por la guerra de Vietnam, y Swen Nater se hartó de los métodos de Henry Iba y abandonó la concentración del equipo. Pensó que, a falta de sus mayores talentos ofensivos, cimentar sus victorias en una buena defensa debería de bastar para hacerse con su tercer oro olímpico consecutivo.

El 9 de Septiembre de 1972 las dos superpotencias mundiales se enfrentaban en un pabellón abarrotado de aficionados, que en su mayoría apoyaban al equipo americano. Los soviéticos comenzaron el partido jugando con gran personalidad, se notaba que era un bloque muy trabajado y que jugaba de memoria. Conocedores de sus limitaciones, pero también de los puntos débiles del rival, evitaban a toda costa de que el partido se convirtiese en un correcalles porque ahí llevaban todas las de perder. En su lugar, realizaron ataques largos, ralentizando constantemente el juego y poniendo en aprietos a la defensa americana con tiros certeros de media distancia. Por su parte, los estadounidenses no atinaban a desarbolar la defensa soviética que, además, se mostraba mucho más efectiva en el rebote. El 7-0 inicial a favor de los soviéticos hizo saltar las alarmas entre los universitarios que tardaron 4 minutos en anotar su primera canasta. Tratan de ajustar la defensa pero Sergei Belov los machaca una y otra vez, demostrando quien es el mejor jugador del torneo, aumentando la diferencia hasta un 21-11. Sin embargo, en los minutos finales, un arreón final de los estadounidenses acorta las diferencias hasta el 26-21 con el que se llega al descanso. Tras el paso por los vestuarios todo el mundo esperaba la remontada de los norteamericanos, pero esta no llegó. El juego se recrudecía a medida que pasaban los minutos y, víctima de una trifulca con el soviético Edeskho, los norteamericanos perdían a su ala-pívot Dwight Jones, el único que lograba frenar a los soviéticos bajo los aros. Poco después, un fuerte golpe contra el suelo les dejó sin Jim Brewer, su pivot. Estados Unidos acusó el golpe y, a diez minutos del final, de nuevo los soviéticos se fueron en el marcador (38-28). A Henry Iba no le queda otra que quemar todas las naves y morir matando. Renuncia a sus encorsetados sistemas y desata todo el talento que atesoran sus jugadores cuando le meten ritmo al juego. Ordena una presión a toda cancha que consigue, por primera vez, desarbolar la férrea defensa rusa. Doug Collins y Kevin Joyce lideraron la remontada norteamericana, llegando al último minuto tan sólo un punto abajo (49-48). Las dudas parecían atenazar a los soviéticos, más pendientes del reloj que de los complejos sistemas de juego. Comenzaron a acusar la presión de verse ganadores mientras veían como se desmoronaba su magistral plan en tan sólo unos minutos, ante la avalancha de juego de sus rivales. El estadio, contagiado del ambiente que reinaba en la pista, se convirtió en una auténtica olla a presión. 

Los soviéticos acometieron el que podía ser su último ataque tratando de agotar al máximo la posesión para realizar un último lanzamiento que le diese la puntilla a su rival. El balón quemaba en las manos, y nadie parecía atreverse a realizar el lanzamiento final. A punto de entrar en los 10 últimos segundos, el balón le llega a Aleksander Belov pero su lanzamiento es taponado por Tom McMillen. Su rechace lo cogió Sergei Belov, el máximo anotador del partido, quien, intentó pasar la pelota sin percatarse de que Doug Collins estaba al acecho. El escolta interceptó el balón y enfiló la canasta soviética dispuesto a culminar la gran remontada con una bandeja por el lado izquierdo. Pero, apareció por allí Zurab Sakandelidze para cometer sobre él una violenta falta, desentendiéndose por completo del balón mientras le empujaba por la espalda, en lo que hoy sin duda sería una falta antideportiva. Con 3 segundos aún por jugar, Collins deberá lanzar dos tiros libres para intentar ponerse por delante en el marcador por primera vez en todo el partido. Antes de que Collins se dirigiese a la línea de tiros libres, la mesa de anotadores mira hacia el banquillo soviético y les pregunta si quieren hacer uso del tiempo libre que aún les queda. En aquel momento, la norma les permitía solicitarlo antes del primer o segundo tiro libre. Kondrashin dice que ni hablar, prefiere esperar a ver el resultado del primer tiro para ver si lo necesita o no. Espera a que la presión de tener que anotar los dos tiros venza a Collins. Lo que no sabe es que es un jugador frío, probablemente el menos indicado para hacerle falta jugándose algo. 

Collins, tras recuperarse del gran golpe que ha recibido, anota el primer tiro y empata el partido 49-49. El pabellón estalla celebrándolo por todo lo alto, al mismo tiempo que uno de los entrenadores asistentes soviéticos corre a la mesa para solicitar un tiempo muerto. Los oficiales de mesa, atónitos, no reaccionan. Su inexperiencia en estos finales apretados les impide llegar a entender que el mismo equipo que hace tan sólo unos segundos habían rechazado el tiempo muerto ofrecido, ahora de repente lo demande con tanta urgencia. Entre que dudan qué hacer y hacen sonar la bocina, los árbitros ya le habían dado el balón a un Collins en plena ejecución de su segundo tiro libre. El escolta norteamericano no falla y, por primera vez en todo el partido, coloca a los Estados unidos por delante en el marcador (49-50). Con tres segundos por jugar aún, suena la bocina para parar el juego y darle el tiempo muerto solicitado a los soviéticos. Pero, por alguna razón desconocida, quizás por por el griterío ensordecedor o la tensión acumulada, el soviético Modestas Palauskas pone el balón en juego sacando de fondo sobre Sergei Belov y los árbitros paran el partido, cuando aún restaba un segundo por jugar. Varios jugadores e integrantes del equipo de Estados Unidos pensaron que era la bocina final del partido y comenzaron a celebrar la victoria. El cuerpo técnico soviético se dirigió hacia la mesa para exigir el tiempo muerto que no les habían concedido. Los americanos, que desconocían el error de la mesa, no comprendían la razón de las protestas ya que entendían que se había aplicado correctamente el reglamento.

Según el reglamento, el tiempo muerto ya no podía solicitarse. Collins anotó su segundo tiro libre y, con un segundo en el reloj, los soviéticos sacaron en corto para que Sergei Belov lanzase un tiro lejano a la desesperada. Los estadounidenses comenzaron a celebrar su octavo entorchado olímpico por todo lo alto, saltando y abrazándose por toda la pista. Por su parte, el grueso del equipo técnico y los jugadores soviéticos focalizaron su frustración con airadas protestas al equipo arbitral y la mesa de anotadores. 

La tensión con la que se había disputado el partido ahora se trasladaba a la zona técnica y a la mesa, donde las partes implicadas discutían acaloradamente. Es entonces cuando hizo su aparición el inglés William Jones, secretario general de la FIBA (Federación Internacional de Baloncesto). En una decisión sin precedentes, bajó desde su palco y, unilateralmente, sin contar con nadie, ordenó al equipo arbitral que, tras el tiempo muerto, se reanudase de nuevo el partido con aún tres segundos por disputar en el marcador. El equipo norteamericano, inmerso en las celebraciones, no daba crédito a lo que estaban viendo. La indignación en su delegación fue tal que muchos jugadores están dispuestos a abandonar la cancha e irse a los vestuarios si tal decisión se lleva a cabo. Pero Henry Iba se niega. Dice que vuelvan a la cancha y ganen el partido. Su confianza en la victoria es tal que ni se molesta en poner a presionar el saque a su hombre más alto, Tom Burleson, de 2,24 metros, lo que hubiese dificultado mucho el saque a los soviéticos. 

Con ambos equipos en pista, se reanuda de nuevo el partido. Los soviéticos sacaron en corto buscando a Sergei Belov para que intentase anotar desde larga distancia, algo que ya había hacho varias veces a lo largo de su carrera. Sergei recibe, se gira y rápidamente arma el brazo para lanzar desde su propio campo sin que la pelota entre en el aro. Es entonces cuando, sin haber agotado los tres segundos, suena la bocina final. Los americanos vuelven a celebrar el título de nuevo y los soviéticos vuelven a dirigirse a la mesa para reclamar que únicamente se ha disputado 1 de los 3 segundos que restaban por jugar. La mesa de anotadores da la razón a los soviéticos porque en el momento de sacar de fondo, el reloj aún no se había puesto en 3 segundos (todavía marcaba el segundo que restaba de la última jugada previa al polémico tiempo muerto). Así que, por tercera vez, la URSS volverá a sacar de fondo. Ivan Edeshko, el hombre encargado del saque, en lugar de buscar en corto a Sergei Belov, extremadamente marcado, buscó sorprender a los americanos con un pase largo hacia la zona contraria. Sorprendentemente, Tom McMillen, el jugador norteamericano encargado de presionar el saque de fondo, en lugar de encimar a Edeshko, da un paso atrás con la idea de ayudar a presionar un previsible saque en corto. En el otro extremo de la pista Aleksander Belov recibe el pase medido que le ha enviado su compañero y, sobre la bocina, anota el definitivo 51-50 ante la estéril oposición de Kevin Joyce y Jim Forbes. Ahora son los soviéticos los que corren, saltan y se abrazan por todas las esquinas del campo celebrando la gesta de ser el primer equipo olímpico que derrota a los Estados Unidos. Éstos, por su parte, no están de acuerdo con todo lo acontecido. Henry Iba realizó una protesta formal que se dirimió entre 5 representantes de la FIBA. 

A las cuatro de la mañana, con los jugadores esperando por el veredicto final sentados en las gradas del estadio, se ratificó la victoria de la Unión Soviética por 3 votos a 2. Algo esperado, por otra parte, ya que los cinco delegados correspondían a Cuba, Polonia, Hungría (países comunistas, y afines a la URSS, todos ellos), Puerto Rico e Italia. El escándalo fue aún mayor cuando se supo que el árbitro principal del partido, el brasileño Renato Righetto, se había negado a firmar el acta arbitral por estar indignado por cómo se habían gestionado los momentos finales del partido. Y, para añadirle más gravedad al asunto, el delegado italiano que había tomado partida a la hora de dilucidar la reclamación norteamericana, afirmó haber "votado en blanco, y han salido 3 a 2 a favor de los soviéticos. Ninguna papeleta en blanco”. Ante semejante escándalo, a la mañana siguiente, cuando el combinado estadounidense debía acudir a la ceremonia de la entrega de medallas, en su lugar partió de vuelta a casa. Rechazaron tajantemente una plata olímpica que no les correspondía porque sentían que les habían robado el oro con aquel polémico final. A día de hoy, el Comité Olímpico Internacional sigue guardando sus medallas en una caja fuerte de su sede de Suiza. Cada año, le envían una carta a la Federación Estadounidense de Baloncesto para que las soliciten mediante un formulario. Pero ellos, más de medio siglo después, siguen negándose a recogerlas. Incluso hay alguno, como Kenny Davis, el capitán de aquel equipo, que en su testamento ha prohibido a sus herederos recoger esa medalla bajo ningún pretexto. 

La historia tuvo su epílogo durante la final de baloncesto de los Juegos Olímpicos de los Ángeles 1984. Allí, el alero Chris Mullin, amigo personal de Henry Iba, nada más ganar el oro olímpico fue a buscarlo a la grada. Junto a varios miembros de aquella selección de ensueño (los Michael Jordan, Pat Ewing, Sam Perkins, Alvin Robertson...) lo mantearon en medio de la pista del mítico Forum de Inglewood para devolverle el protagonismo que un arbitraje polémico le había negado doce años atrás.
📷Mister Dato, Infobae, Marca,Curistoria.com

15 diciembre 2025

¿Qué fue de... Pau Gasol?

Pau Gasol Sáez nació el 6 de julio de 1980 en Barcelona (España) en el seno de una familia muy vinculada a la rama sanitaria. Su infancia transcurrió en el municipio de Sant Boi de Llobregat, en el área metropolitana de Barcelona. Estudió en la Escola Llor, todo un referente de la educación integral, en la que recibe formación académica, deportiva (practicó deportes como la natación, kárate, fútbol, hockey, balonmano, ping pong, skate, baloncesto...) y artística (estudió solfeo y piano). En casa, aunque el baloncesto era casi una religión, siempre le animaban a probar el mayor número posible de actividades para que encontrase algo que realmente le llenase. Y, como en el colegio el baloncesto era el deporte de más renombre, Pau acabó apuntándose a él pero como mero pasatiempo, sin renunciar a la práctica de otros como el fútbol. Aún así aquel joven espigado, delgado y no excesivamente alto, comienza a destacar por encima de sus compañeros de equipo. Y por eso, sus padres deciden cambiarlo cuando tenía 12 años al Club Básquet Cornellá, un equipo con una hechura mucho más profesional y, en ese momento, convenido del F.C. Barcelona. Allí pasó los siguientes tres años a las órdenes de Juanjo Campos, un entrenador clave en su carrera porque supo ver antes que nadie todo el potencial que atesoraba Pau.  Recuerda que era como una esponja, "absorbe tácticas y movimientos sin apenas tiempo de digerirlos. Es un muchacho siempre dispuesto a intentar lo que se le pedía. Todo eran retos, todo lo podía conseguir, todo podía seguir adelante y competía siempre". Tras su primer año de cadete, la progresión que ha experimentado Pau es innegable. Con 15 años ya supera el metro y noventa centímetros pero, a la vez, tiene la inteligencia táctica, la agilidad y la coordinación con el balón que muchos jugadores de menos tamaño no tienen. Son varios equipos los que llamaron a su puerta para incorporarlo a sus categorías inferiores, siendo el F.C. Barcelona quien finalmente se hizo con sus servicios ganándole la partida al Real Madrid y al Joventut de Badalona entre otros.

En Barcelona se encuentra con, probablemente, la persona que más y mejor ha entendido a Pau en toda su carrera deportiva, Joan Montes. Su fichaje no despertaba el mismo entusiasmo entre todos los entrenadores de la base blaugrana pero, aun así, el máximo responsable de la cantera blaugrana apostó decididamente por su fichaje. Su primer año en el F.C. Barcelona se convierte en todo un desafío para Pau pero no por lo que acontece en la pista sino con su entrenador, Juan Llaneza. Éste convierte a Pau en un sospechoso habitual de no haber cubierto las expectativas que hay depositadas en él. "A Pau le costó adaptarse a las nuevas condiciones de trabajo. Venía de entrenar tres días a la semana y pasó a cinco, jugando además un partido. Sufrió mucho para asumir el volumen de entrenamiento porque nosotros éramos un equipo más formado físicamente y él tenía problemas para seguir el elevado ritmo de trabajo que llevábamos, pero nunca se quejó" justifica Llaneza. Las formas y los métodos empleados no siempre son los más acertados y Pau, que no deja de ser un chico de 15 años, que estaba aún muy lejos de haber completado su desarrollo. Aún así, terminó su etapa de cadete con un muy buen sabor de boca porque, ante la ausencia de minutos con Llaneza, es convocado por el junior de Joan Montes para un partido en el que no se jugaban nada. Pau despachó un muy buen partido con el junior ante los ojos de Ángel Pardo, seleccionador nacional sub-16, quien decide convocarlo para jugar por primera vez con las inferiores de la selección española. 

En su etapa de junior todo parecía ir a mejor con la designación de Joan Montes como entrenador. Él conoce el carácter de Pau, entiende sus circunstancias y sabe cómo tratarlo. Pau, agradece los minutos y la confianza con trabajo y números. Además forma una dupla letal con el escolta Juan Carlos Navarro. Incluso es reclamado por el primer equipo para entrenar con ellos cuando falta algún jugador. Pero la actitud de Pau, un poco altiva, no es la esperada y es relegado de nuevo al júnior. "Navarro trabaja más. Pero Pau, a veces, corre a medio gas y le cuesta, y encima cuestiona cosas y discute" recuerda Joan Montes. Y las cosas irán a peor cuando Joan Montes, a mitad de temporada, es promocionado a entrenador del primer equipo, relevándolo Joaquim Costa al frente del junior. Con él, entrenador estricto y poco amigo de hacer concesiones, Pau revive las mismas situaciones tensas que había experimentado un par de años atrás con Juan Llaneza, con el añadido de que ahora también debe de hacer frente a sus estudios universitarios de Medicina. Entrenamientos antes de ir a la universidad por la mañana, entrenamientos por la tarde, horas frente a los libros y muy pocas horas de sueño. El resultado es un Pau cansado, incapaz de entrenarse bien y que acaba chocando con su entrenador y jugando menos de lo esperado para un jugador de su clase. Sin embargo, en la selección española junior no pensaban así y era un habitual en todas las convocatorias. Ese mismo verano se proclama Campeón de Europa sub-18 y el prestigioso Torneo Albert Schweitzer, considerado el Mundial sub-18 oficioso, dejando destellos de esa gran coordinación que tan poco se veía en gente de su envergadura. Esto despierta el interés de varios equipos, como la potente Virtus de Bolonia, dispuesta a ofrecerle un plan de desarrollo personalizado para ir incorporándose progresivamente al primer equipo. También llegan propuestas a tener en cuenta desde Yugoslavia, la cuna del baloncesto mundial en ese momento, para pulir su técnica individual. 

La siguiente temporada comienza con la aparición de Pepiño Casal, una figura decisiva en la maduración física de Pau Gasol, como antes lo había sido en la del malogrado Fernando Martín o de Andrés Jiménez. Supo hacerle ver a Pau el enorme potencial que atesoraba para ser un referente en el baloncesto nacional y, además, logró que apartase momentáneamente sus estudios de medicina para centrarse exclusivamente en el baloncesto. Además, Aíto García Reneses, entrenador del primer equipo, conocedor del enorme talento de Pau y también de los constantes roces que éste tenía con Joaquim Costa, intenta retrasar todo lo posible una situación que ya está tan enquistada que nadie duda de que acabe explotando el día menos pensado. Le hace ver que no subirá al primer equipo hasta que demuestre en el filial, donde se estaba empezando a ganar cierta fama de altivo, que realmente se lo merece. Pau parece que lo entiende y comienza a entrenar, y a jugar, como nunca antes había hecho. Progresivamente irá incorporándose a los entrenamientos del primer equipo, llegando a debutar en ACB frente al CB Cáceres. Su etapa de juvenil acabará con una actuación estelar en la Copa de España, donde derrotaron al Joventut de Badalona, liderado por todo un talento generacional como Raúl López, en la final. También se despediría de las categorías inferiores de la selección española con el oro en el Mundial sub-20 de Varna (Bulgaria), en donde, sin llegar a destacar como Raúl López o Juan Carlos Navarro, Pau ya empezó a hacerse notar. Las grandes universidades americanas habían mandado numerosos ojeadores al torneo y quedaron prendadas de Pau Gasol. Tanto, que tuvo ofertas de las más importantes para incorporarlo la siguiente temporada a sus equipos en la NCAA. De no haber mediado Joan Montes, Pau hubiese aceptado una oferta que aunaba formación académica, mejorar su inglés y seguir jugando al baloncesto. 

En su primer año de senior apenas pisa el filial de Joaquim Costa, porque su crecimiento en el primer equipo es constante. Tanto que termina la temporada cuestionándole la titularidad al alero serbio Milan Gurovic, fichado el año anterior como jugador franquicia blaugrana por 3 millones de euros (máximo traspaso pagado en España por un jugador en aquel momento). Aíto, perro viejo de los banquillos, rápidamente se dio cuenta del diamante en bruto que habían depositado en sus manos. Tenía los fallos propios que tiene un recién llegado pero, también, la capacidad de entender las complejas tácticas y los esquemas de juego con una naturalidad pasmosa. Incluso se permitía el lujo de explicárselas en un inglés muy fluido a sus compañeros que no hablaban castellano. Sobre todo al libanés Rony Seikaly, el fichaje más caro de la historia del club blaugrana, quien llegó con la vitola de jugador de cierto renombre en la NBA, y que no tardaría en dar la espantada. Cosa que supo aprovechar Pau mejor que nadie para consolidarse como un hombre de peso en el equipo. "Se dijo que Pau jugó porque Seikaly se fue, pero lo cierto es que en la pretemporada yo ya le había dado juego y habría jugado de alero, ala-pívot o de lo que fuera" aclaraba Aíto. En un par de meses Pau conquistará la Copa del Rey y la Liga ACB con el F.C. Barcelona, siendo nombrado mejor jugador del torneo en ambas. Los ojeadores de la NBA no paran de enviar informes suyos y es el propio Pau quien, siguiendo el camino abierto por Fernando Martín 16 años antes, les facilita su labor cuando se declara como elegible para el draft de ese año.

En una época en la que los equipos de la NBA no eran muy dados a arriesgar con jugadores europeos, Pau consigue ser elegido con el número 3 por los Atlanta Hawks. Nunca antes un jugador europeo, no formado en una universidad estadounidense, había logrado una posición tan alta. "¡No podía ni imaginármelo!. No tengo palabras. Es la primera vez que estoy en Estados Unidos y soy tercero en el draft. No puedo decir nada más" pronunció un emocionado Pau en su discurso. Sin embargo, no jugará en el equipo de Georgia porque sus derechos habían sido traspasados previamente a los Memphis Grizzlies, uno de los peores equipos de la liga. Sus inicios allí no fueron fáciles porque partió con la presión de tener que hacer olvidar a Shareef Abdur-Rahem, la estrella indiscutible del equipo, que acababa de ser traspasado a los Atlanta Hawks, frustrado de estar tantos años en un equipo perdedor. Lejos de afectarle, el joven de Sant Boi crece a pasos agigantados en cada partido que disputa, y, con una fe ciega en sus posibilidades, termina por convertirse en el líder absoluto del equipo. Se convirtió en el primer jugador europeo en ganar el trofeo al rookie del año, algo impensable hasta hace bien poco para un jugador no formado en la NCAA. Cada temporada los números de Gasol mejoran y, con él, también lo hace el equipo. La planificación deportiva girará en torno a Pau y, como muestra de ello, lo renovaron por 6 temporadas a cambio de 86 millones de dólares, su primer gran contrato. En su tercer año, consigue meter a los Grizzlies en los play offs por primera vez en su historia, e incluso repetirán en el siguiente, aunque nunca lograrán superar la primera ronda. En 2006 Pau se consolida como uno de los jugadores referentes de toda la NBA cuando es convocado por primera vez para jugar el All Star, siendo el primer jugador español que lo consigue. Pero en la sexta temporada en los Grizzlies, cuando todo el mundo esperaba que el equipo diese un paso adelante más, sucede todo lo contrario. Pau se lesiona con España durante la disputa del Mundial de Japón en 2006, y se pierde el primer tercio de la temporada. El equipo sin él es un auténtico desastre y vuelve a colocarse entre las peores franquicias de la NBA. Decepcionado por la errática política de fichajes y cansado de estar en un club perdedor, Pau solicita que lo traspasen a otro equipo. Los propietarios son reacios a soltar a su estrella a pesar del firme interés mostrado por los Chicago Bulls, Boston Celtics y New Jersey Nets.
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En el verano de 2007, con la llegada a los Grizzlies de Marc Iavaronni, el rol de Pau en el juego del equipo comienza a menguar inexplicablemente. El nuevo entrenador le entregó galones a un sobrevalorado Rudy Gay, cuyo ascendente en el equipo era mucho menor del que se espera para todo un jugador-franquicia, como había sido Pau durante las últimas 6 temporadas. Y, lejos de reconducir la situación, todo se complicó mucho más cuando alguien filtró a la prensa la intención de Pau de cambiar de aires. Muchos aficionado no supieron digerir la noticia y reaccionaron desproporcionadamente, cuestionando su rendimiento y creándole ciertas situaciones incómodas que acentuaron el deseo del jugador por salir de Memphis. Fueron pocos los que se pusieron de parte de un jugador que ostentaba nada menos que 12 récords históricos de la franquicia. Con este panorama, el traspaso del Pau pasó de ser una mera posibilidad a una necesidad para club y jugador. Finalmente serán Los Ángeles Lakers quienes consigan hacerse con sus servicios a cambio de varios jugadores, dos futuras rondas del draft y los derechos de Marc Gasol, el hermano de Pau. "Gasol nos dará un juego más completo y fluido" aseguraba Phil Jackson, el entrenador angelino. Poco se equivocó. La química con Kobe Bryant, el jugador franquicia de los Lakers, es instantánea, incluso hablan castellano durante los partidos para evitar que los rivales adivinen sus intenciones. "Pau es un jugador increible" afirmó tras su primer partido juntos. Pau le ofrecerá nuevas posibilidades de juego, al tiempo que aligerará las defensas sobre la estrella del equipo. Por su parte, Kobe abastecerá a Gasol con un amplio repertorio de pases, a la par que lo libera de la presión de tener que liderar a todo un equipo. Los expertos ven en ellos una versión modernizada del excelso dúo formado por Michael Jordan y Scottie Pippen en los 90. Y no se equivocan ya que, durante los próximos 3 años, los Lakers disputarán las finales de la NBA, ganando dos de ellas. Pau tuvo un papel destacado en las dos últimas finales, especialmente en el séptimo y último partido de las finales del 2010, donde sostuvo al equipo en los momentos cruciales cuando Kobe Bryant parecía no tener su día. Tras estas buenas temporadas, el rendimiento de los Lakers decae con el entrenador Mike D´Antoni al mando. Tras sus primeros 345 partidos con los Lakers, en el que Pau siempre había sido titular, comienza a perder el status de pieza básica en los sistemas de juego. Nadie entiende a D´Antoni cuando plantea un sistema de juego en el que no se aprovechan las virtudes de Pau jugando en el poste. Acabará saliendo en el verano de 2014 a los Chicago Bulls, como agente libre. "Fue una corazonada. Pensé que Chicago sería el equipo ideal para mí. Es un gran reto, pero me motivan los desafíos. Lo espero con ilusión" afirmaba en su presentación. Con los de Illinois disfrutará de una segunda juventud, recuperando los buenos números que había hecho en sus mejores temporadas, con un buen número de dobles-dobles y tríples-dobles en su haber. Incluso llegó a ser convocado para disputar lo que sería su tercer All Star. 

En verano de 2016 firma por los San Antonio Spurs de Gregg Popovic, donde pasará las siguientes dos temporadas y media. La calidad de Pau sigue intacta pero los años y las lesiones comienzan a hacer mella sobre su rendimiento que, pese a todo, sigue siendo bueno. A mediados de la temporada 2019 rescinde su contrato con el equipo de Texas para firmar, acto seguido, con los Milwaukee Bucks. Con ellos, su presencia fue casi testimonial, ya que únicamente llegó a disputar 3 partidos. Una lesión le imposibilitó disputar los play offs y, al finalizar la temporada, no renovó su contrato. Ese mismo verano firmó por los Portland Trail Blazers, en donde no llegó ni tan si quiera a debutar en un partido oficial tras ser cortado por el club en noviembre. Unos meses más tarde firmó por el F.C. Barcelona, con los que ganó la Liga ACB y fue finalista de la Copa de Europa. Al finalizar la temporada, con 41 años, y tras permanecer 23 años compitiendo en la élite, decidió poner fin a su carrera deportiva.

En todo este tiempo, su palmarés con la selección española de baloncesto es enorme: 3 Campeonatos de Europa, 1 Mundial, 2 platas y 1 bronce olímpico... y, sobre todo, la satisfacción de haber contribuido al crecimiento del baloncesto en un país que, hasta no hace mucho, no tenía ojos más que para el fútbol. Su reconocimiento va más allá de nuestras fronteras, siendo nombrado MVP del Mundial de 2006 y del Eurobasket del 2009 y 2011. También ostenta el honor de ser el máximo anotador de la historia de los Eurobasket. Y en la NBA, es uno de los cuatro jugadores que, a lo largo de su historia, han conseguido sumar 20.000 puntos, 10.000 rebotes, 3.500 asistencias y 1.500 tapones. Está incluido en el cinco ideal de todos los tiempos de jugadores europeos que han jugado en el NBA. Y tiene el honor de que uno de los mejores equipos de todos los tiempos, Los Ángeles Lakers, haya retirado su número (#16). Reconocimiento que sólo han alcanzado figuras de la talla de Magic Johnson, Kareem Abdul Jabbar o Kobe Bryant. 

Tras su retirada Pau se volcó con sus inquietudes empresariales, intelectuales y humanitarias. Desde 2003 es embajador de UNICEF, colaborando activamente en varias campañas, especialmente en África. También es parte activa, junto a otros jugadores de la NBA, del programa "Hoops for Saint Jude", un programa benéfico para colaborar con el Hospital de Investigación Infantil Saint Jude, en Memphis (Tennessee). Preside, junto con su hermano Marc, la Gasol Foundation, institución desde la que pretende promover la salud comunitaria y hábitos de vida saludables, especialmente mediante la prevención y la lucha contra la obesidad infantil. Se ha mostrado muy implicado en la lucha por la igualdad de oportunidades entre ambos sexos, siendo uno de los perfiles más activos a la hora de demandar que alguna mujer pueda llegar a entrenar algún equipo de la NBA, algo que hasta la fecha no ha ocurrido, o actuando como Embajador de la Copa del Mundo de baloncesto femenino. Desde 2019, es una figura destacada en el Consejo Asesor del Deporte Español, organismo perteneciente a la Asociación del Deporte Español. En él, Pau se encuentra inmerso por un lado en el grupo de trabajo del deporte como derecho y, por otro, en el de mecenazgo deportivo. Es también miembro del prestigioso Comité de Atletas del Comité Olímpico Internacional, promoviendo los eventos organizados por este organismo y promoviendo la actividad física entre la población. En España, junto a su hermano Marc, lleva las riendas del Basket Girona, ostentando el cargo de vicepresidente.

📷FC Barcelona, As, ABC, Marca, Unicef

15 agosto 2025

¿Qué fue de... Raymond Lewis?



Raymond Lewis nació el 3 de septiembre de 1952 en la ciudad de Los Ángeles (Estados Unidos) en el seno de una familia muy pobre. Su infancia transcurrió en el gueto de Watts, uno de los más marginales y conflictivos de todo norteamérica. La mitad de su población tenía antecedentes penales, únicamente un tercio había conseguido superar la educación secundaria y los índices de paro no cesaban de crecer. Además, las desigualdades sociales eran una constante por lo que los conflictos raciales contra la población afroamericana estaban a la orden del día. No en vano, en 1965 tuvo lugar allí uno de los mayores disturbios que se recuerdan en todo el país, con 34 muertos y más de 1.000 heridos, casi todos ellos afroamericanos, en los 6 días que duró el levantamiento. Este conflicto marcó mucho el carácter de un joven Raymond, que fue testigo directo del reguero de sangre, la brutalidad policial y el gran número de cadáveres de ciudadanos de color que había tirados por las calles de su barrio. Como pasó con muchos deportistas de aquella época, la calle fue su escuela y, en ella, el deporte era el mejor medio para evadirse de los problemas. Su primer deporte fue el béisbol, llegando a jugar en el equipo infantil de Caghey´s, en las ligas locales de East Rutherford. Era un jugador que destacaba por dominar las tres grandes habilidades específicas del béisbol: lanzar, recepcionar, correr y batear. Cosa que no era fácil en esas edades. Pero también, junto a su hermano mayor, practicaba baloncesto, diseñando ambos en muchas ocasiones las canastas atando un neumático con dos cuerdas a la pared. Ambos jugaban interminables "uno contra uno" en los que Raymond ganaba gracias a su inmenso talento, que parecía no tener límites. Su fama comienza a extenderse por todos los rincones del guetto, convirtiéndose en un dios para los miembros de su comunidad. "Creciendo en Watts, notabas la presión de ganar y ser realmente alguien; era la única forma de hacerse respetar o más allá, tener una posibilidad de salir del gueto" recuerda su mejor amigo, Dwight Slaughter (padre del que años más tarde sería jugador de la sección de baloncesto del Real Madrid). 

Raymond sabe que el baloncesto probablemente sea su única vía de escape del gueto, así que se vuelca en él y aparca el béisbol. En 1968 ingresa en el instituto de Verbum Dei, una modesta institución católica copada en su mayoría por alumnado afroamericano y latino. No tarda mucho en colocarlo dentro del mapa baloncestístico estadounidense, llevándolo a ganar tres títulos consecutivos de la Federación Interescolar de California, acumulando en todo este tiempo 84 victorias y sólo 4 derrotas. “Ningún tío que haya jugado a esto fue tan bueno como Raymond. Cuando le veías con el balón parecía como si él midiera casi 3 metros y el resto no llegase a uno” recuerdan sus compañeros. No era un jugador como los demás. A su talento innato le sumaba una gran inteligencia en la toma de decisiones y una rapidez en la ejecución de las mismas, que era letal para sus oponentes. Además, nunca dudaba. Su carácter, forjado en el gueto, le había convertido en uno de sus respetados líderes sin la necesidad de ponerle la mano encima a alguien o portar un arma. Su arma era el balón de baloncesto y su campo de batalla las canchas deportivas. "Realmente lo idolatrabas. Su talento le proporcionó una gran autoridad. Fue un demonio de tío" decían sus compañeros.

Con el paso de sus años en el instituto, la fama de Raymond no para de crecer a la par que sus exhibiciones en las canchas. Nadie es capaz de botar el balón como él. Tiene semejante dominio del mismo que es muy difícil verle perder un balón o fallar un pase. Pero es que además ha desarrollado un tiro que roza la perfección, encadenando varios partidos con una estadística inmaculada, pese a ser el que más veces lanza en su equipo. Es nombrado jugador del año en su temporada de junior y de senior, palabras mayores. Como era de esperar, los ojeadores de las universidades comienzan a frecuentar sus partidos para ver en primera persona a aquel joven del que tanto se hablaba. Jim Harrick, entonces técnico de la Morningside High School, queda prendado de su juego y comenta a la prensa local que no ha visto un jugador de semejante nivel en su vida. Jerry Tarkanian, de la Long Beach State, que fue el entrenador que mejor llegó a entenderlo a la hora de apostar por él, llegó a declarar que ""Nunca vi a nadie jugar el uno contra uno como lo hacía él. Nunca vi a nadie que pudiera pararle ni detener sus penetraciones. Fue el mejor jugador de baloncesto que jamás haya visto. Puedes coger a los cinco mejores defensores de la NBA y ninguno podría para a este chico". Sin embargo Raymond, en una decisión poco acertada, eligió irse a la Universidad de Los Ángeles State porque ésta le ofrecía, como prima de fichaje, un coche un poco mejor que el que le ponía Long Beach State y el fichaje de su amigo Dwight Slaughter. "No fui a Long Beach por dinero. No te voy a mentir. Yo adoraba a Tarkanian, fue un hombre muy especial para mí. Vino antes que nadie a por mí para incluirme en sus planes. La verdad es que me dolió rechazarle pero la idea del dinero era la que ganaba por encima de todas porque lo único que yo quería era salir de la miseria del guetto de Watts cuanto antes y creí que hacía lo mejor" reveló Raymond en una entrevista 24 años después.

Cuesta creer que un jugador con semejante potencial, y que estaba en todas las listas de los mejores ojeadores del país, no recibiese ninguna oferta de las grandes universidades del estado de California, sobre todo UCLA, para unirse a sus filas. Puede que antecedentes como los de Joe Hammond o Earl Maningault, grandes talentos baloncestísticos surgidos de los bajos fondos y que acabaron perdidos en el mundo de la droga, le pasasen factura a Raymond. John Wooden, el prestigioso técnico de UCLA argumentó que no estaba interesado en él porque su expediente académico era muy mediocre. Y él no era partidario de sumar a sus filas a jugadores que no tuviesen un buen expediente ya que creía que, a la larga, a la hora de trabajar sus complejos sistemas tácticos iban a acabar dándoles problemas. Pero también es cierto que en aquella época las actitudes racistas todavía estaban muy extendidas por los Estados Unidos, recelando mucho de los jugadores afroamericanos procedentes de barrios conflictivos. Sea como fuere, hoy en día el caso sigue estando lleno de muchas sombras que difícilmente podremos llegar a conocer. Universidades, franquicias NBA, altos cargos deportivos del país mucha gente caería arrastrada por la verdad si algún día se aclarase todo lo sucedido.

En 1971, Raymond disputó su primer año de universitario y, dando la razón a quienes apostaron por él, batió todos los récords de la competición. 39´8 puntos de media, 60% de efectividad en los tiros de campo siendo la mayoría desde fuera de la zona, en una época donde aún no existían los triples. Él tenía su cabeza puesta en la NBA por lo que sus exhibiciones en pista iban dirigidas a acelerar su paso a la liga profesional lo antes posible, sin esperar a agotar los 4 años de universitario. 73 puntos frente a Santa Bárbara, 50 contra San Diego, 41 contra UCLA, la universidad que lo había rechazado y a la que le rompió una racha de 22 partidos sin perder... En su segundo y último año de universitario ya se podía ver que todo aquello le quedaba pequeño a Raymond: el entrenador Bob Miller, el nivel de su equipo, la propia competición universitaria (NCAA)... había que salir de allí. Y cuanto antes mejor. Así, en la primavera de 1973 se declara como jugador elegible para el draft de la NBA. Aquel año no había entre los elegibles mejor jugador que Raymond, así que todo indicaba que iba a salir en un puesto alto. Pero las elecciones se iban sucediendo una tras otra y el nombre de Raymond Lewis no aparecía por ningún lado. Hubo que esperar hasta que los Sixers de Philadelphia, hicieron su segunda elección en la primera ronda, con el número 18. Raymond no salía de su asombro porque consideraba que ni Doug Collins, número 1 del draft y primera elección de los Sixers, ni ningún otro de los 17 jugadores elegidos antes que él eran mejores. Con un cabreo mayúsculo acudió a la firma de su contrato y se retiró a la pensión donde estaba alojado. Podía elegir ver el vaso medio lleno, y valorar que por fin había cumplido su sueño de llegar a la NBA y que había sido escogido en primera ronda. Pero, en su lugar, escogió verlo medio vacío y ver todo aquello que había sucedido como una humillación hacia su persona. A la mañana siguiente Raymond, visiblemente alterado y sin haber conciliado el sueño en toda la noche, se presentó en las oficinas del club pidiendo renegociar su contrato de forma un tanto imprudente. Los Sixers hicieron oídos sordos y, de forma suave y con mucha cautela, le emplazaron a unirse a los campus de verano, dejando en el aire una futura renegociación.

Raymond hizo caso al club y se incorporó al campus de verano con sólo un nombre entre ceja y ceja; "Doug Collins". Los partidos disputados en esas fechas no hicieron más que acentuar la enorme diferencia que existía entre su nivel y el del resto de novatos. Eso molestaba, y mucho, a un Collins que se veía humillado en la lucha fratricida que mantenía con Raymond a diario. Los conatos de pelea entre ambos eran frecuentes en unos entrenamientos en los que iban al límite de lo permitido. Aún así, el entrenador Gene Shue no termina de confiar en Raymond, cosa que sí hace con Collins, con el que se muestra más paternalista. Y, tras un periodo en el que Raymond cree que ya ha demostrado con creces cuál es su nivel en la liga, se presenta en las oficinas de nuevo y vuelve a pedir que se renegocie su contrato. Los Sixers de nuevo se negaron en redondo, pero esta vez sin tapujos. Raymond, que venía de endosarles a Los Ángeles Lakers 52 puntos, se lo toma mucho peor que en la anterior ocasión y estalla loco de ira. Comienza a ausentarse de los entrenamientos, apareciendo y desapareciendo a su gusto, como si fuera un fantasma (de hecho, desde ese momento se le conocerá como "The phantom"). Los Sixers, que están atravesando una temporada de transición en la que intentan sentar las bases que les ayuden a poner orden en una franquicia que iba completamente a la deriva, sancionan durante toda la temporada de empleo y sueldo a Raymond.

Aquella sanción, justo en el momento cuando ya tocaba su sueño con los dedos, le dejó muy tocado. Decidió regresar a Los Ángeles para buscar refugio entre los suyos, pero lo único que encontró fue una depresión. Seguía dándole vueltas a todo lo que le había pasado y no encontraba ninguna explicación de por qué su talento había sido desperdiciado de aquella manera. Entre tanto, los Sixers, viendo que su jugador había desaparecido del mapa, deciden extender la sanción de empleo y sueldo durante los 3 años de contrato que tenía garantizados. Durante el segundo año de sanción le surge una oportunidad de fichar por los Utah Stars, un equipo de la liga ABA, pero esto llega a oídos de los Sixers, que tienen sus derechos, y amenazan con denunciarlo. En su último año de contrato, el nuevo gerente de los Sixers, Pat Williams, trata de darle una nueva oportunidad y rescatarlo del olvido. "Quise dar un nuevo arranque a su carrera animándole a integrarse en el equipo, pero creo que Ray había perdido ya todo el enfoque de su caso porque cada día que estuvimos juntos fue un constante litigio de nuevo". Pero, para entonces, Raymond tiene demasiado odio acumulado y se niega a aceptar lo que el llama "limosnas" que le ofrecen por jugar. Con ello, los Sixers le cierran definitivamente las puertas. 

Toda esta situación no hace más que hundir más a un Raymond que ve como su depresión se agrava. Además se inicia en el consumo de drogas y empieza a abusar de ellas. Eso sí, ni en sus peores crisis dejó de jugar al baloncesto en las canchas del gueto californiano que le vio crecer. Una vez finalizada su vinculación laboral con los Sixers, se convierte en agente libre para firmar con quien quiera. No tarda mucho en recibir una llamada de Los Ángeles Clippers, otro equipo de la NBA. Acude a los entrenamientos de verano, donde le tocará batirse el cobre con varios futuros All Stars y, aún así, suma varias actuaciones por encima de los 50 puntos. Nadie creía lo que estaban viendo. ¿De dónde había salido ese chico?. Los Clippers se muestran muy interesados en contratarlo pero, como a cualquier agente libre sin experiencia en la liga, sólo podían ofrecerle el mínimo establecido en el convenio de la liga. La historia se repite. De nuevo Raymond se toma eso como una ofensa personal y, en cuanto hizo conocer a los directivos sus aspiraciones económicas, la negociación se terminó. Y con ello las oportunidades para Raymond de jugar en la NBA. 

A partir de ese momento, es como si Raymond hubiese pasado a engrosar una lista negra y dejase de existir. Las ofertas nunca más volvieron a aparecer. Ni de la NBA, ni de la ABA, ni de la CBA. Con el tiempo recapacitó de sus errores y aseguraba que nunca más solicitaría renegociar un contrato. Pero ya era demasiado tarde. Ningún equipo volvería a llamar a la puerta del que está considerado como el mejor anotador, menor de 1,90 metros, de todos los tiempos. "¿Existía realmente esa lista negra? Tengo mis dudas pero donde no me cabe ni una sola es que, en efecto, Ray Lewis fue vetado. Fue vetado por todos aquellos tipos con quienes se encontró y no hicieron justicia deportiva a su rendimiento, por todos aquellos entrenadores que le explotaron sabiendo que no le iban a ayudar lo más mínimo, por un equipo que le prohibió renegociar simplemente su contrato cuando el chico apenas contaba 19 años y ninguna formación real. Por todos aquellos que sabiendo que venía de un gueto remoto actuaron de forma sucia y arrogante con él. Raymond sí tiene parte de responsabilidad en lo que le pasó, pero no toda" afirma Paul Feinberg, autor de un monográfico suyo en 1995. Hundido, Raymond rapidamente entendió que salir de su casa era hacerlo al mundo de los blancos, un mundo hostil donde el "blanco" más fácil' era él. Por eso buscó refugio de nuevo en el gueto, aquel del que tantas ganas tenía de salir desde la infancia y del que, en realidad, nunca salió. Allí pasaría el resto de sus días, ahogando sus penas en el alcohol y las drogas. Sin dinero, sin trabajo, malvivía en las mismas condiciones con las que se había criado. 

A finales de los años noventa los Lewis recibieron una dura noticia: Raymond había contraído una gravísima infección en su pierna derecha y para salvarla era necesario amputársela. Raymond se negó a perder la pierna porque no podría seguir jugando al baloncesto, lo único que le ataba a la vida. Pero los médicos informaron a su madre de que si no le cortaban la pierna terminaría muriendo. Tardó mucho en dejarse intervenir. Tanto que el 11 de febrero del 2001 falleció en el más absoluto anonimato cuando únicamente contaba con 48 años. 

En el año 2023 se estrenó un documental sobre su vida "Raymond Lewis: L.A. legend" que trata, por primera vez, de darle un poco de visibilidad. Cuesta creer que Holywood, la meca del cine, situada a unos kilómetros de donde nació Raymond, aún no se haya dignado a llevar a la gran pantalla la vida de Raymond.

16 julio 2025

¿Sabías que...

¿Sabías que el pájaro del logo de la red social Twitter, ahora llamada X, se llamaba Larry en honor a un jugador de baloncesto? 

Cuando Biz Stone -cofundador de Twitter- era un adolescente, era todo un fanático del baloncesto norteamericano. Se pasaba el día jugando partidos y, cuando llegaba a casa, veía tantos partidos como podía. Especialmente si se trataba de los Boston Celtics del mítico Larry Bird. Por aquel entonces, el alero de los de Massachusetts estaba considerado como el mejor jugador del mundo, con 3 títulos de la NBA y 3 nombramientos como mejor jugador de la liga (MVP).

Años más tarde, cuando Biz Stone ultimaba su desarrollo de Twitter, decidió que el símbolo de su red social sería un pájaro (bird en inglés) y que éste se llamase Larry en honor del que había sido su gran ídolo durante su juventud. El propio Stone confirmó esta historia en una entrevista con el jefe del Departamento de Comunicación del club de Massachusetts.
📷Basketball Network

01 febrero 2025

Heráldica deportiva: Milwaukee Bucks

Los Milwaukee Bucks son un equipo profesional de baloncesto que tienen su sede en la ciudad de Milwaukee (Estados Unidos), la ciudad más poblada del estado de Wisconsin. La franquicia fue fundada en el año 1968 cuando la NBA, dentro de su política de expansión, decidió aumentar el número de equipos participantes en la liga profesional. Antes de salir a competir se convocó, como suele ser popular en los Estados Unidos, una consulta popular para ver con qué apodo se podría conocer al club. La propuesta ganadora fue la de rovins, haciendo referencia a los petirrojos, un pájaro con mucha presencia en aquella zona. Sin embargo, ese nombre no acabó de convencer a los propietarios, que escogieron en su lugar la segunda propuesta más votada: bucks. Los bucks son los venados de cola blanca, el animal emblemático por excelencia del estado de Wisconsin. Además, tiene mucha vinculación con una de las principales fuentes de ingresos estatal, la caza. Inspirándose en el uniforme de los Boston Celtics, escogieron el verde y blanco como colores emblemáticos para su uniforme, aunque rápidamente se desmarcaron y el verde irlandés se tornó en verde cazador. 

Actualmente, sus aficionados guardan una gran rivalidad con los de los Indiana Pacers. Tienen en su palmarés el ser el único equipo de la historia de la NBA que ha logrado ser campeón de la conferencia este y oeste.

30 diciembre 2024

Citas

"En la vida hay ganadores y perdedores, ambas cosas pueden ocurrir. Lo que nunca aceptaré es el abandono"

EARVIN "MAGIC" JOHNSON
Ex-jugador y actual General Manager de Los Ángeles Lakers. Campeón olímpico JJOO 1992, ganador de 5 títulos de la NBA , 3 MVP y 12 veces All Star.

23 diciembre 2024

Citas

"El cansancio es un tema mental, y dependes de ti mismo para poder superarlo. Yo tampoco pienso en que terminé de jugar allí (su partido número 100 en una misma temporada) y ahora tengo esto. No pienso en eso, sino en prepararme, entrenar para jugar bien y ayudar al equipo."

SERGE IBAKA
Jugador español de baloncesto. Ganador de 1 título de la NBA con los Toronto Raptors.

21 diciembre 2024

Heráldica deportiva: Club Baloncesto Breogán

El Club Baloncesto Breogán es un club de baloncesto español que tiene su sede en la ciudad de Lugo. Fue creado en el año 1966 por los los hermanos Varela-Portas, que aprovecharon la gran afición que existía en la ciudad al deporte de la canasta. Los colores azul celeste y blanco de su uniforme representan a la bandera de Galicia, en lo que fue un claro guiño de galleguismo y arraigo a la cultura gallega en tiempos de la dictadura. El nombre escogido para dar nombre al club es el de Breogán, un rey celta de Galicia. Sus partidos de máxima rivalidad los disputan contra el otro gran equipo gallego, el Obradoiro C.A.B. de Santiago de Compostela.

16 diciembre 2024

¿Sabías que...?

¿Sabías que ... el récord de salto vertical de toda la historia de la NBA lo tiene el ex-jugador de los Chicago Bulls, Michael Jordan?

Michael Jordan
, lider de los míticos Chicago Bulls que ganaron 6 anillos en los 90, y para muchos el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, sigue siendo el jugador con el salto vertical más potente de toda la historia de la NBA. Los 1,22 metros que fue capaz de elevarse no han sido alcanzados nunca por ningún otro jugador. Ni si quiera otro fuera de serie, como es Lebron James, se le ha acercado, quedando en 1,09 metros. El futbolista que más se le acerca es el turco Hakan Çalhanoğlu (0,84 metros).


07 diciembre 2024

Heráldica deportiva: Indiana Pacers

Los Indiana Pacers son un equipo de baloncesto profesional estadounidense con sede en la ciudad de Indianápolis. Su fundación data del año 1967 en la capital del estado de Indiana, cuando un grupo de seis inversores locales junta el capital necesario para hacerse con una plaza en la ABA (Asociación Americana de Baloncesto). Como el baloncesto en Indiana es casi una religión, decidieron que el equipo llevase el nombre de todo el estado para que todos los habitantes se sintiesen identificados con él. El apodo de pacers fue escogido en honor a uno de los grandes eventos deportivos de todo Estados Unidos y que se da en el estado de Indiana, las 500 millas de Indianápolis. El pacer es el coche que, cuando se produce un accidente durante la prueba, se encarga de marcarle el ritmo al resto de coches que aún quedaban rodando sobre la pista. Años más tarde, en 1976, tras la disolución de la ABA, liga en la que fueron grandes dominadores, el equipo se integró dentro de la NBA (siglas de Asociación Nacional de Baloncesto). Son uno de los pocos equipos que no han cambiado a lo largo de su historia ni de ciudad ni de apodo. 

Su escudo representa una P con un balón de baloncesto en su interior, todo rodeado por un doble círculo, que simula el circuito sobre el que se disputan las pruebas de automovilismo, y que contiene el nombre del equipo. Los colores empleados, azul y amarillo, provienen de la bandera del estado de Indiana. Guardan una gran rivalidad con los Detroit Pistons (contra los que se llegó a sancionar a Ron Artest, jugador de los Pacers con 86 partidos sin poder vestirse de corto, la más dura en la historia de la NBA), los New York Knicks y los Miami Heat.

26 octubre 2024

Heráldica deportiva: San Antonio Spurs

Los San Antonio Spurs son un equipo profesional de baloncesto estadounidense, con sede en la localidad tejana de San Antonio. El equipo fue fundado en 1967 en la localidad tejana de Dallas, con el nombre de Dallas Chaparrals. Posterioremte, en 1971, en un intento de mejorar más la asistencia a los partidos, fueron rebautizados con el nombre de Texas Chaparrals. Finalmente, en 1973, el equipo fue movido a la localidad de San Antonio para pasar a tomar su nombre actual, San Antonio Spurs. Allí han cambiado totalmente la dinámica del equipo, pasando a ser uno de los mejores y más laureados equipos de la NBA.

Su logo no es más que el nombre del equipo pero sustituyendo la U de Spurs, por una espuela (el apodo del equipo, las Espuelas de San Antonio). Es un logo sencillo y que, además, resume los colores de la indumentaria del club: blanco cuando juega en casa y negro cuando juega fuera. Sus aficionados guardan una gran rivalidad con Los Ángeles Lakers, Phoenix Suns, Houston Rockets y Dallas Mavericks