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01 mayo 2026

Heráldica deportiva: Leeds United

El Leeds United es un equipo de fútbol profesional que tiene su sede en la localidad de Leeds (Inglaterra). Inicialmente el rugby era el deporte más arraigado en un Condado de York que, al revés que en la gran mayoría del país, no se mostró interesado en el fútbol. Fueron los obreros de las empresas siderúrgicas locales los que impulsaron la creación de los primeros clubes de fútbol, todos ellos con un paso efímero y casi siempre como secciones dentro de equipos de rugby o cricket. En 1904 se funda el Leeds City, germen del actual Leeds United, que logra consolidarse y toma parte de la English Football League, la competición futbolística más antigua del mundo. Sin embargo, en 1919, la propia liga expulsa al Leeds por pagos ilícitos a jugadores durante la I Guerra Mundial. Es en este momento cuando un grupo de aficionados decide reunirse en la Capilla de Salem para conformar un nuevo club, el Leeds United. Toman los colores azul y amarillo, los de la bandera del condado, como representativos del club. Aunque años más tarde, en 1962, su entonces presidente, Don Revie, decide añadirle el blanco porque creía que eso animaría, a jugadores y a aficionados, a creer que podrían llegar a tener el mismo éxito que el Real Madrid. Desde entonces, el club ha ido alternando esos tres colores en su indumentaria.

Su escudo original fue el de armas de la ciudad de Leeds. Tras varios modelos, en el que llegaron a figurar animales como búhos (aludiendo a los que salen en el escudo de armas de la ciudad) o pavos (en honor al mote con el que eran conocidos sus jugadores, "los pavos reales"), o incluso una especie de emoticono llamado "smilley", su escudo fue orientado a una visión más europea. En el actual destaca la rosa blanca de York, distintivo heráldico de la Casa Real de York, junto a las iniciales del club orientadas en vertical. Todo ellos sobre los tres colores que identifican al club: azul, amarillo y blanco. Sus aficionados, conocidos como "The whites" (los blancos) o "Peacocks" (los pavos reales), conforman una de las 10 más numerosas de toda Inglaterra además de ser la más inclusiva (dispone de grupos vinculados al movimiento LGTB, otro de aficionados de origen hindú, otra de aficionados que presentan discapacidad...). Son famosos por cantar su himno "Marching on together" antes y durante los partidos. Guardan una gran rivalidad, para muchos una de las más intensas del fútbol mundial, con el Manchester United. Al ser ambos clubes los más representativos de los Condados de Yorkshire y Lancashire, cada año se rememora sobre el verde la fraticida Guerra de las rosas. En menor medida, también son considerados rivales el Chelsea y el Galatasaray turco.

02 febrero 2026

El fútbol es descomplicado (2026)

El fútbol es pasión, espectáculo… y también secretos que incomodan. Este libro te lleva detrás del telón para descubrir lo que no verás en la tele ni leerás en los periódicos: las redes sociales como enemigo de los jugadores, las casas de apuestas, el blanqueo de dinero, la homosexualidad, el papel de la mujer, fenómenos como la Kings League y el marketing que mueve millones. Steve Calzada, cofundador del medio digital Post United líder en España, comparte historias reales y opiniones sin filtros para demostrar que, pese a todo, el fútbol sigue siendo descomplicado. Un relato honesto, provocador y cercano para quienes aman este deporte y quieren entenderlo más allá del balón.

Desde hoy, ya forma parte de nuestro #PLEIEF
 

15 mayo 2025

¿Qué fue de...Greg Louganis?


Gregory Efthimios Louganis nació el 29 de enero de 1960 en la localidad californiana de San Diego (Estados Unidos). No tuvo una infancia fácil. Sus padres, un samoano y una sueca que no eran ni pareja, lo tuvieron en plena adolescencia por lo que, al no ser un hijo deseado, lo entregaron al poco tiempo de nacer en un orfanato. A los ocho meses es adoptado por un matrimonio de origen griego, Frances y Peter Louganis, que vivía en la localidad californiana de El Cajón. El matrimonio decide apuntar al joven Greg a clases de baile, acrobacias y gimnasia, para paliar en cierta medida los efectos del asma y las múltiples alergias que padecía. Allí, desde el primer momento, muestra un talento innato para la ejecución de estas complejas habilidades y destrezas gimnásticas en alguien de tan corta edad. A los tres años ya entrenaba a diario, competía e incluso participaba en exhibiciones. Pero, paralelamente, los problemas no sólo no desaparecen de su vida sino que comienzan a agrandarse. Primero, su padre adoptivo, exitoso empresario en el mundo de la pesca, comienza a abusar de él. Y en el colegio, debido al tono oscuro de su piel, comienza a recibir ataques racistas por parte de sus compañeros. Además, sin saberlo al no habérsele detectado aún, es disléxico, lo que le va a provocar grandes dificultades con sus estudios y lo llevará a tartamudear cada vez que quiera hablar en público. Todo ello, unido a su homosexualidad, algo que no estaba tan aceptado socialmente en aquella época, hicieron que con tan sólo nueve años comenzara a aislarse socialmente y buscar refugio en el consumo del alcohol y las drogas. 

Y, cuando su vida parecía entrar en una espiral de autodestrucción, encontró en la piscina familiar su salvación. Un día observó cómo su hermana ejecutaba en la piscina una serie de saltos que incluían algún sencillo elemento acrobático. Aquello llamó poderosamente su atención y comenzó a imitarlo como si fuese un inocente juego infantil. Pero para Greg aquello era más que un simple juego, era un lugar en el que no encontraba límites y donde podía fusionar sus amplios conocimientos gimnásticos, de acrobáticos y rítmicos. Así que decide apuntarse al Parks and Recreation Center de Las Mesas, un centro especializado en el que comenzará a entrenar de forma planificada.

Cuando cuenta con once años, en medio de una competición de saltos de trampolín disputada en Colorado Springs, Greg comienza a sobresalir sobre el resto de participantes. A su destreza y habilidades técnicas con el paso de los años le añadió un físico envidiable, con sólo un 7% de grasa corporal para sus 1,73 metros y 70 kilos. Allí estaba viéndolo en directo Sammy Lee, doble oro olímpico en la prueba de salto de trampolín, que quedó totalmente prendado del talento y la clase que atesoraba aquel joven saltador desconocido. Declara que es el mayor talento que jamás ha visto y le vaticina un gran futuro. Greg no hace oídos sordos a los cumplidos que recibe y pasará, desde ese momento, a integrarse dentro del equipo de saltadores que entrenaba Sammy. A su lado, su progresión es constante. Tanto que, con tan sólo 16 años, se clasifica para disputar sus primeros juegos olímpicos de verano, los de Montreal 1976, con el equipo estadounidense. Allí gana la medalla de plata en la prueba de salto de plataforma (plataforma de 10 metros), siendo únicamente superado por uno de los grandes saltadores de todos los tiempos: el italiano Klaus Dibiasi, el ángel del trampolín. Greg despachó una gran actuación que obligó a la leyenda transalpina a exprimirse a fondo para poder conseguir su tercer oro olímpico. Sería la primera y única vez que Louganis no se subiría a un pódium para colgarse el oro al cuello. Para muchos aquella competición supuso un punto de inflexión, un cambio de poderes entre dos leyendas de los saltos de trampolín. El propio Dibiasi, al finalizar la prueba, fue en busca de Louganis para alabar su gran concurso y pronosticar, no sin éxito, que el futuro de los saltos de trampolín era suyo.

Dos años más tarde, en los Campeonatos Mundiales de Berlín 1978, el joven Louganis se hace con el oro de manera incontestable, iniciando una época de dominio total en las pruebas de saltos de trampolín que se prolongaría durante diez años. En los Juegos Panamericanos de Puerto Rico 1979, de nuevo se hace con el título. Y esta vez derrota a otra de las leyendas de los saltos de trampolín, el mexicano Carlos Girón. Para los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 nadie duda de que Louganis es el máximo favorito para hacerse con el oro. Sin embargo el gobierno de Estados Unidos, liderando el bloque occidental, decide boicotearlos a consecuencia de la invasión soviética de Afganistán y renuncia a llevar a su delegación a tierras soviéticas. Pero aquello no supone un problema para Louganis, quien sigue entrenando con el objetivo puesto en la siguiente cita internacional. Entre tanto, consigue llevar los saltos de trampolín a un nivel de perfección como nunca antes se había visto, y con récords de puntuación inimaginables hasta la fecha. Así consigue revalidar los títulos de Campeón del Mundo en Guayaquil (1992), y de Campeón de los Juegos Panamericanos de Caracas (1993). Y es en la primera en la que establece un hito que aún prevalece en nuestros días: es el primer deportista que con su salto consigue que los siete jueces califiquen su ejecución con un diez. 

Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, además de disputarse en casa, suponen también una revancha para desquitarse de su ausencia durante la celebración de los de Moscú 1980. Se hace con los dos oros en liza y se permite el lujo de realizar un último salto, con el oro ya perfectamente encarrilado y sin ninguna necesidad de complicarse la vida, clavando el llamado "salto de la muerte". Técnica que consiste en un triple mortal y medio hacia atrás y que, tan sólo un año antes, se había cobrado las vidas del soviético Sergei Chalibashvili y del australiano Nathan Meade. Consigue elevar los saltos de trampolín a un nivel desconocido hasta entonces, convirtiéndose en el gran triunfador de aquellos juegos junto al atleta Carl Lewis y a la gimnasta Mary Lou Retton. El propio Louganis reconocería a los medios que "no creo que sea posible hacerlo mejor". Este sería uno de los motivos por los que, tras la finalizar cita olímpica, Greg se planteó seriamente retirarse. Pero su entrenador, Ron O´Brien le convence para que aguante hasta los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, en donde, de ganar el oro, podría consagrarse como uno de los deportistas más grandes de todos los tiempos. Y trataba de motivarlo dando titulares como "los periodistas me han pedido que lo compare con el rendimiento en otro deporte. Yo diría que es como alcanzar los 9,15 metros en el salto de longitud o correr los 100 metros en 9,50".

Louganis prosigue con su preparación y renueva por segunda vez, y de forma consecutiva, su título mundial en Madrid (1986) y el Panamericano en Indianápolis (1987). Pero 1988 le deparaba algunas sorpresas con las que no contaba. Primero, el que era entonces su pareja y con el que ya se había ido a vivir, comenzó a maltratarlo y a malgastar en torno al 80% de sus ganancias. Y para rematar todo aquello, unos meses antes de la cita olímpica, Greg descubre que es seropositivo. Las dudas le asaltan. Si lo hace público, se verá privado de competir en la cita olímpica por miedo a contagiar al resto de participantes si sufría alguna herida (por aquel entonces, el conocimiento que había sobre el VIH no era el de ahora). Su médico, un familiar de su total confianza, le aconseja que aguante. Y eso es lo que hace, se presenta a los juegos y, aunque su cabeza no estaba al 100% en la competición, va superando fases hasta plantarse en la final. Y allí sucede lo que nadie espera,  las dificultades que tiene para concentrarse le juegan una mala pasada y se golpea la cabeza con el trampolín. Su sangre se expande por el agua y tiene que ser atendido para suturar la herida. Pero la preocupación de Greg es otra, es que no se contagien sus compañeros con los que comparte el medio acuático (hoy sabemos que el cloro mata el VIH y que la sangre diluida en tal cantidad de agua no puede contagiar). Pese a perder el conocimiento durante unos instantes, retorna a la piscina con tres puntos de sutura y un vendaje, que no le impedirán ejecutar dos de los ejercicios más complicados del programa, que le garantizarán dos nuevos oros para sus vitrinas.  

Tras finalizar los juegos olímpicos de Seúl puso fin a su carrera deportiva, siendo considerado por muchos como el mejor saltador de todos los tiempos. Los 38 títulos oficiales que consiguió de forma ininterrumpida son un récord que difícilmente alguien superará. El Comité Nacional Olímpico de Estados Unidos le concedió el Trofeo al Espíritu Olímpico, que premia al atleta norteamericano que más se destaca en la defensa de los ideales de esta competición. También, en 1993 fue incorporado al International Swimming Hall of Fame, el Salón de la Fama Internacional de los deportes acuáticos. En 1994 hace pública su orientación sexual y confesó ser seropositivo. También revela todas las dificultades que había experimentado durante su infancia: abusos, consumo de sustancias prohibidas, relaciones tóxicas con sus compañeros...  Confesar todo esto provocó que algunos patrocinadores se alejaran de él, ya que las marcas y las empresas publicitarias no querían asociarse con alguien que tuviera VIH en ese momento. Pero él, lejos de venirse abajo, se mantuvo firme en sus ideales como defensor y activista por las libertades civiles y los derechos humanos, especialmente para la comunidad LGTB. En 2023 subastó dos medallas olímpicas y varias pertenencias personales para destinar los fondos recaudados al centro Damien. "Las medallas están en los libros de historia" afirmó.  "En lugar de aferrarme a ellas, mi objetivo es compartir mi parte de la historia olímpica con los coleccionistas; juntos, podemos ayudar al Centro Damien y a su comunidad a crecer y prosperar". 

15 abril 2025

¿Qué fue de... Otto Von Cramm?

 

Gottfried Alexander Maximilian Walter Kurt Freiherr Von Cramm, más conocido como Otto Von Cramm, nació el  7 de julio de 1909 en Nettlingen (Alemania), en el seno de una familia de clase alta. Su infancia transcurrió entre los muros del castillo que su padre, que ostentaba el título nobiliario de barón, poseía en la ciudad de Hannover. Allí, cuando el joven Otto contaba con tan sólo 9 años, sus progenitores construyeron una pista de tenis para que sus hermanos y él practicasen un deporte al que muy pocas personas tenían acceso durante aquella época. Y lo que empezó como una actividad lúdica con la que ocupar su tiempo libre, y de paso estar en forma, acabó convirtiéndose en su verdadera pasión. Ni si quiera cuando, en 1918, tuvo que marcharse a Berlín para completar sus estudios universitarios de derecho se planteó la idea de abandonar el tenis. Siguió compaginando los estudios y las duras sesiones de entrenamiento a las órdenes del prestigioso entrenador y ex-tenista alemán Robert Heinrich Kleinschroth, hasta que llegó un momento en el que ya no disponía de tiempo para todo. Es entonces cuando toma la decisión de abandonar sus estudios, y su vieja aspiración de convertirse en diplomático, para centrarse al cien por cien en el tenis, donde soñaba con poder llegar a convertirse en un jugador profesional. 

Hasta la fecha, a nivel amateur, Otto había ido obteniendo buenos resultados. En el prestigioso Rot Weiss Tennis Club de Berlín, con más medios y personal cualificado a su disposición experimentará grandes mejoras en su juego. Aquel rubio de complexión atlética, con su 1,90 de altura, siempre elegante y ataviado con su equipación de color blanco, empieza a ser conocido más allá de los selectos clubes en los que más se practicaba el tenis. En 1932 ya es la gran promesa del tenis teutón y como tal es convocado, por primera vez, para defender los colores de Alemania durante una eliminatoria de la Copa Davis, el torneo de selecciones más importante del tenis mundial.

Pero el ascenso de Von Cramm no fue el único, también el partido nazi de Adolf Hitler ascendía al gobierno alemán en esa época. Y, aunque al fuhrer no le entusiasmaba mucho el deporte, no iba a desaprovechar los logros de su joven tenista para publicitar la supremacía de la raza aria sobre el resto del mundo. Cuando en 1934 Von Cramm gana su primer torneo de Grand Slam en Roland Garros, se convierte en el gran objetivo mediático del gobierno nazi. Le imponen que, antes de competir, realice siempre el pertinente saludo fascista y que en sus zapatillas blancas apareciese siempre pintada una esvástica. Y Otto acepta porque él se sentía una persona profundamente alemana. Con lo que no comulga es con lo de afiliarse al partido nazi, como estaban haciendo muchos famosos alemanes, porque no comulgaba en absoluto con los principios del régimen nazi. Ni era nazi ni jamás iba a serlo. Además, como persona educada y refinada que era, le resultaba inconcebible renunciar a sus principios y convicciones, a cambio de salvaguardar su prestigio y fortuna. Fue de los pocos que se atrevió a criticar abiertamente al régimen nazi ante la prensa extranjera, sin importarle lo más mínimo las represalias a las que se exponía por ello. "Estoy en contra de la persecución contra los judíos que se hace en mi país", llegó a afirmar a la prensa británica mientras disputaba un torneo de Wimbledon. También se atrevió a protestar públicamente por la exclusión de su compañero de equipo, Daniel Prenn, uno de los mejores jugadores alemanes por entonces, marginado por las autoridades nazis exclusivamente por su origen judío. "Preferimos perder con arios, que ganar con Prenn" decían abiertamente.

A finales de 1934 Von Cramm ya era considerado como uno de los tres mejores tenistas del mundo junto al norteamericano Don Budge y el británico Fred Perry. Este aumento de su popularidad hizo que se aireasen muchos aspectos de su vida privada, especialmente los referentes a su homosexualidad. Su relación con el actor judío Manasse Herbst la había tratado de mantener en secreto ya que la homosexualidad estaba tipificada como delito (A lo largo de los 12 años de su existencia, el gobierno nazi envió a más de 100 mil alemanes gays y lesbianas a distintas cárceles y campos de concentración, con triángulos rosados cosidos en sus trajes a rayas, para mayor humillación). La Gestapo, la policía secreta nazi, estaba al corriente de todo, tanto las críticas al gobierno como su orientación sexual, pero hizo la vista gorda porque le interesaba políticamente la posición que ostentaba Von Cramm a nivel mundial. Otto también era consciente de que su vida dependía de los resultados deportivos que obtuviese en las pistas. Mientras los resultados le respaldasen, como otro nuevo título en Roland Garros en 1936 y dos subcampeonatos de Wimbledon, podría seguir viviendo con tranquilidad. De momento, sus resultados valían más que todo aquello que podría hablar en su contra.

Pero las cosas comienzan a cambiar en 1937 cuando Alemania es emparejada con Estados Unidos en una eliminatoria de la Copa Davis. Adolf Hitler se toma aquella eliminatoria como algo personal. Dos años atrás, en este mismo emparejamiento, Alemania sucumbió en un partido muy igualado tras ganar inicialmente el punto decisivo en el partido de dobles. Fue Van Cramm quien se dirigió al árbitro para informarle de que el golpeo de su compañero había rozado previamente en él. El árbitro, que no lo había visto, había dado punto para Alemania, pero tras el comentario de Von Cramm rectificó y dio el punto para Estados Unidos, que terminaría llevándose aquel partido, y la serie. Von Cramm fue acusado de traidor a la patria, a lo que él siempre respondía que "en absoluto, no creo que haya fallado al pueblo alemán. De hecho, creo que lo he honrado". Como era de esperar, a las autoridades nazis, no les hizo la más mínima gracia aquella actitud tan caballerosa.

Y el destino, que es caprichoso, quiso que fuese de nuevo Otto Von Cramm quien tuviese que participar en el duelo decisivo para llevarse la eliminatoria contra Estados Unidos. Hitler, muy pendiente de aquel duelo tenístico, telefoneó en los instantes antes del partido a Otto advirtiéndole de la importancia de conseguir la victoria en aquel partido y vencer a Estados Unidos. Su rival, y a la vez gran amigo, el norteamericano Don Budge, que estaba a su lado observó como "hablaba con una persona a la que se refería como Mein Führer. Al colgar, estaba muy pálido". Y no era para menos, sin preámbulos, el führer le deslizó que, si no ganaba esa tarde, "no podría protegerlo más". El partido que, durante muchos años, fue considerado como el mejor partido de la historia del tenis, empezó con un Von Cramm muy fuerte. Llegó a ponerse 2 sets arriba pero, cuando todo parecía hecho, Don Budge consiguió reponerse e igualó la contienda. En el quinto, y definitivo, set de nuevo el tenista alemán puso tierra de por medio, adelantándose por 4 juegos a 1. Sin embargo, una nueva remontada del tenista norteamericano, contra todo pronóstico, le hace llevarse el set, el partido y la eliminatoria. Las 15.000 personas que abarrotaban las gradas, entusiasmadas con el espectáculo que acababan de contemplar, no paraban de ovacionar a ambos deportistas. Sin embargo, nada podía consolar a un Von Cramm que no cesaba de llorar incesantemente. Sabía lo que le esperaba a la vuelta en Alemania.

Hitler puso a sus hombres de confianza a seguir a Von Cramm. Aunque se le permitió ir a Wimbledon y a el U.S. Open, dos torneos de Grand Slam, donde alcanzó la final, su destino estaba escrito. En 1938 fue detenido por la Gestapo acusado por un lado de mantener relaciones homosexuales y, por otro, de ayudar a un judío (su pareja) a huir hacia Palestina. Fue condenado a pasar un año en la cárcel que, finalmente, tras declarar su abogado que Von Cram había sido engañado por "un astuto judío", fue reducida a la mitad. Una vez cumplido el castigo y liberado, Von Cramm volvió a competir. Pero nada sería lo mismo. Por un lado, porque pasó a estar ya de manera definitiva en todas las listas negras alemanas. Por el otro, porque también el mundo del tenis le dio la espalda. Irónicamente, ni Wimbledon ni el U.S. Open le permitirían volver a participar en sus campeonatos, dada su condición de ex-convicto (los nobles y aristócratas que regían las federaciones de tenis estaban más preocupados de su prestigio que de valorar la defensa de los derechos humanos que hizo Von Cramm). Sí pudo jugar en Queen's, donde despegó una vez más todo su repertorio tenístico y se llevó el título. Pero poco le duraría la alegría porque el gobierno nazi comenzó a vetarlo allá en donde podía, temeroso de que Von Cramm se impusiera a algún tenista alemán que fuera "más alemán que él".

Con el inicio de la II Guerra Mundial, Hitler demostró que no se había olvidado de Von Cramm y de sus afrentas públicas al régimen nazi. Fue enviado al frente de Rusia, donde le tocó vivir alguna de las batallas más cruentas, como la de Stalingrado. Allí se convirtió en todo un héroe, llegando a ser condecorado con una cruz de hierro por su valor en los combates. Pero poco tiempo después se le retiraría, sería expulsado del ejército y detenido nuevamente por la Gestapo acusado de conspirar para asesinar a Adolf Hitler. Tras ser condenado a muerte, varios amigos suyos comenzaron a mover los hilos para evitar que se ejecutase la condena. El rey Gustavo V de Suecia, gran amigo suyo, intercedió ante los dirigentes nazis para que le fuese concedido asilo en el país escandinavo, lugar donde permanecería hasta el final del conflicto bélico.

Una vez finalizada la II Guerra Mundial y cumplida la sanción que impedía a los alemanes participar en cualquier disciplina deportiva, Otto ya superaba los 40 años y parecía complicado que pudiera relanzar su carrera tenística hasta alcanzar los niveles de antaño. No obstante, tras recuperarse de las congelaciones que había sufrido en sus piernas cuando estuvo en el frente, Von Cramm logró proclamarse nuevamente campeón de Alemania, en 1948 y 1949. Tras su retirada trabajó durante años para la Federación Alemana de Tenis y puso en marcha diversos negocios, especialmente como importador de algodón de Egipto. Sería ahí precisamente, en El Cairo (Egipto), donde fallecería en un accidente de tráfico el 8 de noviembre de 1976. Nunca sabremos cuál habría sido el futuro de aquel elegante tenista alemán si hubiese vencido a Don Budge en 1937… o si hubiese nacido en otro país. Lo que sí es seguro es que será recordado por su deportividad dentro de las pistas de tenis y por no someterse en ningún momento ante el dictador Adolf Hitler, a quien se refería de forma irónica como “un simple pintor de casas”.

15 agosto 2024

¿Qué fue de... Miriam Blasco?


Miriam Blasco Soto nació en Valladolid el 12 de diciembre de 1963. Desde que dio sus primeros años, su vida estuvo orientada al deporte. Su padre era profesor de Educación Física y su madre regentaba una tienda de deportes. A ella, y a sus ocho hermanos, les obligaron a apuntarse a alguna actividad deportiva, así que se puede decir que los inicios de Miriam en el judo fueron un poco por casualidad. Por aquel entonces, el judo era un deporte practicado sobre todo por chicos, por lo que a Miriam le tocaba combatir muchas veces contra rivales masculinos, al ser únicamente eran 3 chicas en su grupo. Poco a poco se fue introduciendo en el mundo del judo y también en las competiciones. Cuando tenía 18 años, su padre se jubila y toda su familia se traslada a vivir a Madrid. Sin embargo Miriam, por cuestiones deportivas y sentimentales, lo hace a Alicante. Allí estaba el que luego fue su marido y, además, la situación le era mucho más favorable para la práctica del judo. Va a poder compaginar sus estudios de magisterio con el judo, donde además de competir empieza a dar clases a los más jóvenes.

A nivel nacional empieza a sumar sus primeros títulos, que se verán refrendados con su primer éxito continental: la plata en el Campeonato de Europa de Pamplona en 1988. En 1989 va un paso más allá y consigue sendos bronces en el Campeonato de Europa de Helsinki y en el Campeonato del Mundo de Belgrado. Sin embargo, en España, seguía siendo una deportista anónima, conocida en el mundo del judo por ser asidua a las rondas finales pero poco más. En 1991 explota todo el potencial que atesora y se proclama doble Campeona, de Europa y del Mundo, pasando a engrosar todas las quinielas como la máxima favorita para hacerse con el oro en la próxima cita olímpica. 

Un par de meses antes de los juegos, gana el bronce en el Campeonato de Europa de París, cita en la que quizás se esperaba un mejor resultado. Y las malas noticias para Miriam no acaban aquí. Una semana antes de que empezara su competición en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, su participación quedará marcada por el fallecimiento de su entrenador, y gran valedor, Sergio Cardell en un accidente de tráfico. Sin embargo Miriam se rehace del golpe cual ave fenix y comienza a superar rondas dejando en el camino a potentes rivales, con las que a priori podría perder: la coreana Cheng Sung, la japonesa Tateno y la cubana González. Se planta en la final, con un Palau Blaugrana abarrotado, y allí, tras una final muy reñida y que sólo se decidió en los últimos momentos del combate, derrota a la británica Nicole Fairbrother (la que hoy es su mujer). Miriam acababa de hacer historia en la historia del deporte español al convertirse en la primera mujer que ganaba una medalla de oro en unos juegos olímpicos de verano. Un hito tan importante que significó derribar una barrera del deporte femenino español, tantos años ignorado y denostado. 

Tras ese éxito, que le había llegado a Miriam con 28 años, sólo le seguiría un bronce continental más -dos años más tarde- en el Campeonato de Europa de Gdasnk en 1994. Antes de su retirada, el Consejo Superior del Deporte le premia en 1994 con la medalla de oro de la Real Orden del Mérito Deportivo, máxima distinción del deporte español. Tras abandonar la competición pasa a ser una reputada entrenadora de judokas a nivel nacional. Así no es de extrañar que se presentase con dos de sus pupilas, Isabel Fernández y Yolanda Soler, en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, ganando ambas la medalla de bronce.

En los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 volvemos a tener a Miriam como participante, pero esta vez retransmitiendo en TVE las competiciones. Pero esta experiencia radiofónica no duró mucho porque Miriam hizo sus pinitos en el campo de la política, enrolándose en las filas del partido popular. Es elegida senadora por la provincia de Alicante en 3 legislaturas (200, 2004 y 2008) y diputada (2011-2015). En esta etapa, fue muy criticada por la comunidad LGTB porque, siendo Miriam parte de ella, en 2005 votó en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, siguiendo la disciplina de partido. Siempre afirma que "voté y me fui al baño a llorar" y que se arrepiente mucho de ello.

Ha sido vocal de la Comisión de la Mujer del Comité Olímpico Español y presidenta de la Comisión especial sobre la situación de los deportistas al finalizar su carrera deportiva. En la actualidad se dedica al voluntariado​ y mantiene su compromiso en promoción de la mujer en el deporte. Tiene sendas calles en las ciudades de Alicante y Valladolid, donde además cuenta también con un pabellón con su nombre.