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15 octubre 2026

¿Qué fue de... Eddy Merckx?


Édouard Louis Joseph Merckx, más conocido como Eddy Merckx, nació el 17 de junio de 1945 en la comuna flamenca de Meensel-Kiezegem (Bélgica). Primogénito de tres hermanos, pasó sus primeros años de vida al cuidado de su abuela ya que sus padres regentaban un ultramarinos en la capital belga. Al cumplir los 5 sus padres se lo llevaron a Woluwe-Saint-Pierre, una pedanía de Bruselas. En su nuevo hogar encontró el deporte como medio ideal para integrarse en una sociedad que no hablaba flamenco, su idioma natal. Así que, mientras destacaba por su gran habilidad y destreza practicando fútbol, tenis o baloncesto, aprendió a comunicarse en francés con sus coetáneos. Sin embargo, lo que más le gustaba a aquel joven hiperactivo y travieso era el ciclismo. Desde que le regalaron su primera bicicleta a los 8 años no paraba de imaginarse a sí mismo corriendo el Tour de Francia. Se pasaba horas pegado a la radio escuchando la retransmisión de las hazañas de sus ídolos, Stan Ockers y Jaques Anquetil, por las carreteras francesas. Tanto que, muchos de sus amigos, le llamaban cariñosamente Tour de Francia. Sin embargo, académicamente era un joven que tenía grandes problemas para atender y concentrarse en el aula. Le costaba un mundo permanecer varias horas al día sentado en un pupitre, y mucho más en un aula cerrada. Por desgracia, el sistema educativo belga no encontró soluciones para dar respuesta a las necesidades educativas de un joven Eddie, abocado al fracaso escolar. "Odiaba estar dentro de la escuela. La abandoné tan pronto como pude. Esto me causó problemas en casa, espacialmente con mi padre. Pero también apoyó mi decisión cuando vio que me gustaba el ciclismo y vio que se me daba bien" recuerda. Después de varios cursos acumulando frustraciones, por no encajar en lo que académicamente se esperaba de él, decidió abandonar sus estudios con apenas 17 años. Durante todos ese tiempo acumulando años de malas experiencias en el aula, la bicicleta se había convertido en su compañera inseparable de fatigas. Sentía que pedaleando, aquel joven inseguro y reservado, se convertía en un competidor implacable obsesionado por ganar. "Sólo soy feliz cuando estoy encima de una bicicleta", solía decir.

Sus inicios en el ciclismo no fueron todo lo fáciles que la gente piensa. Destacó mucho más en otras modalidades deportivas en las que, de primeras, se hubiera codeado con lo mejor de su país. En su primera carrera ciclista para corredores no federados, a los 12 años, fue doblado varias veces por sus rivales. Lejos de desanimarse, el joven Merckx se centró en mejorar sus prestaciones en carrera. Primero lo hizo de forma improvisada, atendiendo a sus sensaciones, y luego de forma cada vez más profesional gracias a la ayuda del exciclista belga Felixien Vervaeke. Desde su tienda de bicicletas en Bruselas se encargó de diseñar y planificar detalladamente todos los entrenamientos: cargas de entrenamiento individualizadas, ejercicios de técnica para mejorar la frecuencia de pedaleo, instrucciones acerca de las posiciones que debía adoptar sobre la bicicleta, lectura táctica sobre los movimientos en carrera... También comenzó a alternar los entrenamientos en carretera con los entrenamientos en el velódromo del Palacio de los Deportes de Schaerbeek. Las mejoras no se hacen esperar y, a los 16 años, es convocado por primera vez por la Federación Belga de Ciclismo para competir en un critérium, en donde quedó 6º de 33 participantes. Aquel año disputó 14 carreras y logró hacerse con su primera victoria ante gente de cierto renombre, lo que le valió para fichar por el club ciclista Evere Kerkhoek Sportief. 

Durante su primer año como juvenil enlazó victorias sin parar, destacando sobre todas ellas el título de Campeón belga de ciclismo en ruta juvenil. Todos los años que había pasado trabajando a la sombra, desarrollando una capacidad de sufrimiento y una disciplina férreas, comenzaron a dar sus frutos. Durante su segundo año de juvenil continuó acumulando victorias, mostrando una superioridad nunca vista hasta entonces en corredores belgas de su edad. En 1964 un médico de la Royale Ligue Vélocipédique Belge estuvo a punto de cortarle su carrera deportiva tras detectarle un problema cardiaco durante una revisión médica. Buscó una segunda opinión, que descartó cualquier anomalía, y fue declarado apto para el deporte de alto rendimiento. Semanas más tarde se alzó con el Campeonato del Mundo de ciclismo en ruta amateur, su primer éxito internacional. Con semejante palmarés, su paso a profesionales estaba más que cantado y pretendientes no le faltaron para ello. Pero, como tenía que cumplir su servicio militar obligatorio, Merckx decidió fichar por el entonces equipo emblema del ciclismo belga, el Solo-Superia. Junto a su entrenador, habían llegado a un acuerdo con los dirigentes del equipo para que no se incorporase a la competición hasta mediados de la primavera de 1965. Estimaban que ese era el tiempo necesario para coger la forma y retornar al pelotón en condiciones. Sin embargo, lo que prometía ser un año de aprendizaje al lado de dos auténticos superclases de talla mundial como eran Rik Van Steenbergen (67 victorias como profesional) y Rik Van Looy (164 victorias), acabó convirtiéndose en toda una pesadilla para Merckx. Van Steenbergen estaba quemando sus últimos cartuchos y se centró casi exclusivamente en la competición en pista. Pero a Van Looy, El Emperador de Herentals, uno de los mejores corredores del mundo, le incomodó su fichaje tras observar en los entrenamientos el enorme potencial que atesoraba el joven Merckx. Temiendo por su status de figura indiscutible en el equipo, inició una campaña de acoso sobre Merckx, que incluía insultos ("el paleto" o "la niñita asustada") y desprecios en público, prácticamente a diario. Merckx, conocedor de su posición de desventaja, ignoró todas las afrentas y se dedicó a lo que mejor sabía hacer, competir. Eso sí, nada más acabar la temporada, y tras haber estrenado su casillero de victorias en el ciclismo profesional, decidió abandonar el equipo.

En 1966 encontró acomodo en las filas del equipo francés del Peugeot-BP-Michelín, que le ofreció un contrato por dos temporadas. No todos los aficionados belgas aceptaron de buen agrado su fichaje por un equipo galo, tachándolo muchos de traidor y antipatriota. Tampoco cayó bien su marcha entre el pelotón belga, siendo retado abiertamente por muchos ilustres corredores de la época: los hermanos de Vlaemink, Monseré, Maertens, Godefroot, Verbeek, Dierickx, Planckaert... Pero el joven Merckx ya hacía tiempo que dejara de soñar en convertirse en uno de sus ídolos porque ya estaba en camino de convertirse en uno de ellos. Las victorias dejaban de ser un objetivo para convertirse en parte de su identidad. Las 14 victorias de esa temporada, Milán - San Remo incluida, fueron un serio aviso para sus rivales. Y podrían haber sido mas de no haberse negado su director deportivo, Gaston Plaud, a reforzar el equipo con los gregarios flamencos que tanto le pidió Merckx. La tensión entre ambos fue a más durante la segunda temporada. De nada sirvieron las 18 victorias alcanzadas en 1967, con importantes triunfos en clásicas de renombre como la Flecha Valona o el Campeonato del mundo en carretera de Heerlen (Países Bajos). Gaston Plaud sólo tenía ojos para sus proyectos en la fórmula 1 y los rallies. Además, consideraba a Merckx como un buen esprínter, un tipo muy rápido pero al que le faltaba para llegar al nivel de sus compañeros de equipo Tom Simpson, Roger Pingeon o Ferdinand Brake. Compañeros que, en más de una ocasión, no jugaron limpio con Eddy. "No recuerdo a un sólo compañero de mi equipo que me pasara una rueda o me diese un relevo" llegó a quejarse amargamente tras una prueba. Así que su salida del equipo galo estaba más que cantada al finalizar la temporada.

En 1968 firma por el equipo italiano Faema, uno de las mejores escuadras deportivas del momento, con un rol destacado y arropado por hasta 10 corredores flamencos de su total confianza. Por un lado, la empresa cafetera que les patrocinaba tenía interés en mejorar su presencia en el mercado belga. Y Merckx podía ser un buen reclamo para ello. Pero, por otro, a finales de 1967 habían citado al joven Merckx para un test en las exigentes rampas del puerto de Cervinia. Su exhibición aquel día fue tal que, nada más concluir la prueba, el técnico que le acompañó llamó rápidamente al director deportivo y le dijo: "hazle firmar un contrato ahora mismo, en un papel si hace falta, de por vida si te lo pide, y dale todo el dinero que quiera, sin preguntas. Puede ganarlo todo". Y no se equivocó. Porque aquel mismo año Merckx se quitó la etiqueta de esprínter y se fue hasta las 21 victorias, muchas de ellas de prestigio como la Paris-Roubaix, el Tour de Romandía, la Vuelta a la Comunidad Valenciana y, por encima de todas, el Giro de Italia, su primera gran vuelta por etapas. En ella Merckx, de la mano del veterano corredor italiano Vittorio Adorni, que actuó como su mentor, guiándole y aconsejándole en todo momento, aprendió a controlar su impulsividad, a economizar los esfuerzos y, sobre todo, a leer las carreras. La tendencia de Merckx a atacar en las carreras demasiado pronto le hacía despilfarrar un montón de energía que, a buen seguro, necesitaría en etapas posteriores. "Il profesore", como le llamaba Merckx, le enseñó a ser mucho más disciplinado dentro y fuera de las carreras. Le insistió mucho en el control del peso (bajó de 76 a 72 kg. en ese año), en el control de la alimentación, la importancia del descanso y la preparación física durante todo el año... También, gracias a los técnicos del equipo, aprendió a alternar el uso de diferentes cuadros, a experimentar con diferentes ángulos, diferentes horquillas, diferentes zapatillas... El resultado fue la aparición de un ciclista total que fue capaz de rendir en todo tipo de pruebas, rompiendo el monopolio de especialistas reinante hasta la fecha.

En 1969 el Faema pasa a competir bajo pabellón belga, reduciendo considerablemente la participación de ciclistas italianos, que eran mayoría hasta entonces. Merckx comenzó la temporada con triunfos incontestables en la París-Niza, Milán-San Remo y Lieja-Bastogne-Lieja. Pero todo se tuerce mientras disputa el Giro de Italia, en donde, con la carrera perfectamente encarrilada a su favor, es suspendido por dopaje. De nada sirvió que los ocho controles anteriores hubieran sido negativos, ni que la mayoría del entorno ciclista le defendiese. Aquello fue un golpe devastador para el joven Merckx que consideraba que se estaba cometiendo una terrible injusticia con él. Puso a sus abogados a trabajar y éstos descubrieron muchos errores de forma en todo el proceso: no se extrajo una segunda muestra, los laboratorios en donde se realizaron los análisis estaban repletos de gente externa, los restos de anfetamina desaparecieron antes de lo estipulado... Todo invitaba a pensar que había sido un sabotaje perfectamente orquestado. Años más tarde se supo que Merckx había recibido en su hotel de concentración la visita de un extraño desconocido que trató de intimidarlo con amenazas para que el corredor italiano Felice Gimondi ganase aquel Giro, como finalmente acabó sucediendo. Aquel incidente cambió para siempre a Merckx. Desde entonces se volvió una persona más desconfiada, obsesionado por controlarlo todo y, sobre todo, con demostrar sobre la bicicleta que nadie podía quitarle aquello que consideraba como suyo. 

Tras levantársele la sanción, decidió acudir por primera vez al Tour de Francia, con la idea de limpiar su maltrecho honor.  Se presentó con un equipo conformado por su guardia pretoriana, a base corredores flamencos, y el italiano Pietro Scandelli. Desde el primer kilómetro en ruta se vio que Merckx no venía sólo a ganar la carrera, venía a destrozar a todo aquel que se interpusiera entre él y la victoria. Nunca se vio, ni se verá, semejante exhibición en un debutante. Además de llevarse la clasificación general y 6 etapas, ganó las clasificaciones al mejor escalador, la regularidad, la combatividad y, como no, al mejor equipo. Distanció al segundo clasificado, su excompañero Roger Pingeon, en más de 17 minutos y al tercero, Raymond Poulidor, en más de 22. La mezcla de rabia y competitividad con la que, a sus 24 años, afrontó ese Tour le granjeó el apodo que le acompañará durante toda su vida, "El Canibal". Pero, unas semanas después, con el eco de su hazaña en tierras francesas aún resonando, Merckx sufre un gravísimo accidente en el velódromo de Blois (Francia) que a punto está de costarle la vida. El corredor francés Marcel Reverdy chocó con la barandilla y salió disparado, llevándose por medio a Merckx y a su compañero Fernand Wambst, que falleció al instante. Merckx quedó seriamente afectado psicológica y físicamente. Ya nunca volverá a poder atacar los puertos pedaleando con esa cadencia fluida que desconcertaba a sus rivales. Su zona lumbar y sus caderas quedaron seriamente afectadas por el accidente, con importantes secuelas a nivel biomecánico. Desde entonces, los problemas de espalda se convertirán en su talón de Aquiles particular. Para contrarrestarlo se convirtió en un hacha de la mecánica, realizando sus propias pruebas para aligerar los cuadros y comprobar su rigidez. "Eddy Merckx es igual a un revisor de metro, Hace agujeros por todas partes con un taladro, arriesgándose a romper el cuadro de su bicicleta. Hace lo mismo con el pedalier. Su plato parece un trozo de queso suizo" afirmaba el ciclista Robert Chapatte.

Después del turbulento 1969, Merckx inició la temporada 1970 implicándose de lleno en la confección de su equipo. La presencia mayoritaria de corredores belgas, especialmente flamencos, llevó su sello personal. La Campine Connection, el mote con el que serán conocidos por su ascendencia flamenca, será clave en los éxitos futuros. Implacables, valientes, siempre ninguno dudó en aparcar su ego personal para poner todo su talento al servicio de su jefe de filas. "Cada uno tenía un papel preciso, inmutable, lo que significaba que no había lugar para la improvisación ni para la más mínima sorpresa" recuerda Van den Bossche, uno de sus mejores gregarios. "Entrar en su círculo imponía una disciplina y un rigor que no permitían aflojar. La gente nos ha comparado con las legiones romanas del César" comenta Italo Zilioli, otro de sus hombres de confianza. Aquel año Merckx definitivamente abandonó su rol de gran promesa en ciernes para dar paso al de máximo favorito y rival a batir. Su equipo, a sabiendas de que estarán en el punto de mira del resto de equipos, programa por primera vez en la historia del ciclismo una concentración obligatoria de pretemporada. Quieren controlar las cargas minuciosamente y cohesionar al grupo, algo que encaja como anillo al dedo con la filosofía de Merckx, que no dejaba nada al azar. La temporada será todo un éxito pues, además de escapar de las malas experiencias del año anterior, Merckx consigue alzarse con 35 etapas, haciendo top10 en 81 de las 83 etapas disputadas. Además de alzarse con varias clásicas y monumentos a los que nos tenía acostumbrados, consigue un doblete Giro de Italia - Tour de Francia. Sus rivales, conscientes de su manifiesta inferioridad, revolucionaron las tácticas del ciclismo ese año. Lo probaron todo, ataques desde todas las distancias y terrenos, alianzas entre otros jefes de filas, sucesiones de ataques para desgastarlo...pero todo en vano. Sabían que, si querían tener alguna oportunidad de desbancarlo, debía de ser anticipándose a sus movimientos. Pero Merckx, lejos de verse intimidado, respondía lanzando ataques cada vez desde más lejos, imprimiendo ritmos que ninguno podía seguir. 

La popularidad del ciclismo se había disparado en los últimos años. Y, como prueba de ello, en 1971 Merckx firmó un nuevo contrato que le cuadriplicó su sueldo. La empresa italiana Faema inexplicablemente había decidido abandonar el ciclismo y será otro equipo transalpino, el Molteni Arcore, quien se lleve a Merckx. Junto a él, y como parte del acuerdo, tuvo que acoger a sus corredores y técnicos de confianza. A nivel de resultados será la mejor temporada de su carrera, con 36 victorias en tan sólo 71 días de competición. Comenzó el año con un estado de forma altísimo, ganando las primeras pruebas del calendario con una facilidad pasmosa. Se sentía presionado porque era el rival a batir y porque todos querían ganarle. Sus rivales le tenían muy estudiado y cada vez era más difícil sorprenderles. Pero, aún así, su fortaleza era tal que lograba ganarles cómo y cuando quería. Pero todo cambió durante la edición de ese año del Tour de Francia. Pese a llegar como indiscutible favorito, la fulgurante aparición de Luis Ocaña, le hizo por primera vez saborear las mieles de la derrota en la ronda gala. Corredor de raza, impulsivo, orgulloso e incansable, "el español de Mont de Marsan" se convirtió en su némesis, arrebatándole el maillot amarillo. Merckx, herido en su orgullo, y sintiendo la presión de ver cómo todos corrían en su contra, atacó incansablemente en todas las etapas de los Pirineos para intentar rebajar aquella desventaja de 8 minutos. Pero Ocaña, muy seguro de sí mismo, respondió a todos ellos sin mayor problema. "Pedaleaba como poseído, jamás podré olvidarlo" decía el holandés Zoetemelk tras una etapa en el que Ocaña dejó fuera de control a 67 corredores. Y cuando el español acariciaba ya el triunfo final, un desafortunado accidente bajando el Col de Menté, en el que Ocaña arriesgó más de la cuenta, devolvió el amarillo a Merckx. Sin embargo, en su fuero interno siempre supo que aquel maillot no le correspondía así que se negó a llevarlo en homenaje al único corredor que le había logrado poner contra las cuerdas. Unas semanas más tarde, en el Campeonato del Mundo de Mendrisio 1971 logró desquitarse del mal sabor del Tour, alzándose con su segundo maillot arco iris. El triunfo no estuvo exento de polémica ya que el polémico ciclista italiano Felice Gimondi, que había estado detrás de su falso dopaje en 1969, trató de comprarlo. "Gimondi me ofreció 9 millones de francos (unos 225.000 euros de la época) por dejarle ganar. Podría haberme ofrecido el doble o el triple, y mi respuesta no habría cambiado. Fue no".

Y para 1972, Merckx, lejos de acomodarse en su status de dominador absoluto del ciclismo mundial, afrontó su octava temporada como profesional endureciendo su preparación y afinando su puesta a punto en las carreras más exigentes. Sabía el tipo de corredor que era Luis Ocaña y trató de poner tierra de por medio con él consiguiendo victorias en las prestigiosas clásicas como la Paris-Niza, Milán-San Remo, Lieja-Bastogne-Lieja y Flecha Valona, además de en grandes vueltas por etapas como el Giro de Italia. Sin embargo, el ansiado duelo no llegó a producirse en la ronda gala porque el español, aquejado de una bronquitis, tuvo que dejar la carrera. Tras lograr una cómoda victoria en el Tour de Francia, aprovechó su excelso estado de forma para batir el récord de la hora en el velódromo de la Ciudad de México, a 2.250 metros de altitud, superando en 778 metros el anterior récord del danés Ole Ritter. Finalizó la temporada con 33 victorias de gran prestigio en su haber, desterrando cualquier atisbo de duda sobre su decadencia.

Sin embargo, la presión de ganar siempre comenzaba a ser una losa cada vez más pesada sobre los hombros de Merckx. Durante mucho tiempo había malacostumbrado a sus fans a ganarlo prácticamente todo así que, el día en que no lo lograba, aunque quedase en segunda posición, el tema de todos los corrillos era saber qué le pasaba al belga. Obsesionado con ello, enlazó el final de la temporada recién acabada con el inicio de la pretemporada de 1973, donde de nuevo empieza ganando varias clásicas durante la primavera. Por primera vez acude a la Vuelta a España, la única gran vuelta por etapas que le faltaba en su palmarés. Allí le esperaba Luis Ocaña, que esta vez jugaba en casa. Sin embargo, la organización diseñó un recorrido poco montañoso y cargado de bonificaciones, lo que causó malestar entre los corredores españoles que entendían que se favorecía a Merckx claramente con este diseño. La carretera de nuevo puso las cosas en su sitio y, pese a los duros y repetidos ataques sufridos por Merckx, los Molteni no tuvieron mayor problema en neutralizarlos y hacerse con la victoria final. Gracias a ello, Merckx entró en el selecto grupo de corredores, conformado por Jaques Anquetil y Felice Gimondi, que lograron ganar las 3 grandes vueltas por etapas. Y, sin apenas tiempo para descansar, se presentó en la salida del Giro de Italia, en donde lució la maglia rosa durante las 20 etapas que duró. Renunció a correr el Tour de Francia para recuperar de el elevado volumen de kilómetros y días de competición que llevaba encima y, de paso, preparar el Campeonato del Mundo de Barcelona 1973. Ofreció una prima de 100.000 francos belgas a todos los componentes de la potente escuadra belga si aceptaban correr para él. Salvo Maertens y De Vlaeminck aceptaron todos. Y sería precisamente su compañero de equipo Maertens, enemigo declarado de Merckx, quien le privó de la victoria final tras una nefasta colaboración con Merckx, en plena fuga, para servirle en bandeja la victoria al italiano Felice Gimondi. 

La siguiente temporada, en 1974, comenzó de la peor forma posible para Merckx. Una neumonía severa le impidió hacer una pretemporada de calidad, llegando a tener que dejar de competir durante más de un mes. Como era de esperar, llegaron las primeras derrotas en las clásicas de primavera, saltando las alarmas sobre su estado de forma a escasas semanas de comenzar el Giro de Italia. "Ya llegarán los resultados, no os preocupéis" les decía a los periodistas. Nada más comenzar el Giro de Italia, el escalador asturiano Jose Manuel Fuente le puso contra las cuerdas durante las primeras etapas de montaña pero Merckx, que fue de menos a más, supo reponerse con el paso de las etapas, ganando el Giro con una exigua diferencia de 12 segundos sobre el segundo clasificado, el italiano Baronchelli. Por primera vez se vio a un Merckx que ya no pedaleaba con la fluidez que le caracterizaba y al que no era extraño ver en carrera sacarse una llave del bolsillo del maillot y comenzar a ajustar la tija. Las secuelas de la grave caída sufrida años atrás le llevan a adoptar posturas antinaturales que, a medio y largo plazo, derivarán en molestias y/o lesiones. Aún así, sufriendo más que nadie y tirando de orgullo será capaz de resurgir cual ave fénix y hacerse también ese año con el Tour de Suiza y el Tour de Francia. Llegó a Paris de amarillo pese a completar gran parte de la ronda gala con una molesta herida en el perineo que no le terminaba de cicatrizar y que muchos días dejaba su culotte empapado en sangre. Y, lejos de conformarse con lo alcanzado, acude al Campeonato del Mundo de Montreal 1974, para hacerse con el que sería su su tercer y último entorchado, completando un triplete Giro-Tour-Campeonato del Mundo, que nadie ha vuelto a repetir. 

Con la nueva versión de un Merckx más humanizado, después de los problemas de salud que sufrió durante parte importante de la temporada pasada, comenzó 1975 con el objetivo de desquitarse de su anterior año en blanco en todas las clásicas de primavera.  Comenzó la temporada arrasando en el Giro Cerdeña, la Milán-San Remo, la Amstel Gold Race y también en la Semana Catalana. Pero, para él, aquello no era suficiente. Quería más y planificó detalladamente su participación en el Giro de Italia. Sin embargo un inoportuno proceso vírico en los días previos le impidió participar en esa edición, volcando todos sus esfuerzos en hacerse con su sexto Tour de Francia. Llegó a Francia con la vitola de gran favorito para la victoria final tras su espectacular inicio de temporada pero, un puñetazo de un aficionado en el ascenso al Puy de Dôme y una crisis física en los Alpes, le arrebataron el maillot amarillo y cortaron su racha de victorias en la ronda gala. Tres de los mejores escaladores del pelotón, el holandés Joop Zoetemelk, el belga Lucien Van Impe y, sobre todo, el francés Bernard Thevenet supieron jugar sus cartas y esperar su momento. En cuanto vieron síntomas de debilidad en Merckx lanzaron repetidos ataques durante las etapas montañosas que lograron descolgar a Merckx y ponerle en apuros. Y, por si fuera poco, una fractura de pómulo tras una caída, le dio la puntilla a un Merckx que, aún así logró acabar en segunda posición, dando toda una lección de garra y pundonor. Tras este amargo final de temporada se jugó todo a una última carta, el Campeonato del mundo de Yvair 1975, donde finalizó en octava posición.

En 1976 se confirma lo que era ya un secreto a voces: Merckx había comenzado su declive. Empezó la temporada haciéndose con su séptima Milán - San Remo, todo un hito en las clásicas y algo que nadie ha conseguido igualar. Pero una nueva caída mientras disputaba la Setmana Catalana vuelve a lastrar su puesta a punto de cara al Giro de Italia. Llegó como favorito pero, por primera vez, no fue capaz de ganar ni una sola etapa. Aquejado de una úlcera, sufrió importantes molestias físicas que lastraron mucho su potencial a la par que aumentaban la motivación de sus rivales, sabedores de su posición de ventaja, a la hora de lanzarle ataques. Sorprendentemente renunció a participar en el Tour de Francia para recuperarse bien y centrarse en el Mundial de Ostoni 1976, donde se quedó a tan sólo unos segundos de las medallas, teniendo que conformarse con un quinto puesto.

En 1977 habrá profundos cambios en el equipo. Estrenan patrocinador, Fiat Francia, y también director deportivo. Visto que su planificación habitual había dejado de funcionarle con los años, decide cambiarla. En lugar de apurar su puesta a punto para llegar a tope a las clásicas de primavera, va a ir aumentando la carga poco a poco, de forma progresiva, partiendo siempre de cargas livianas. Será un modelo que en los 80 también utilizarán ganadores del Tour como el norteamericano Greg Lemond. De nuevo completa otro año en blanco en lo que a las clásicas de primavera se refiere, pero no le preocupa porque sabe que está buscando ahorrar energías de cara a lo que será su último Tour de Francia. Allí se constata la irrupción de una nueva hornada de corredores, como el bretón Bernard Hinault, llegados para dominar el ciclismo mundial durante los próximos años, y donde Merckx ya no tiene sitio. Aún así conseguirá un octavo puesto en la general final. En el Campeonato del Mundo de San José 1977, obtuvo uno de sus peores registros de siempre. Pero las malas noticias no acabarán ahí, Fiat Francia, su patrocinar, anuncia que deja el equipo, que queda en una situación económica bastante comprometida. Comienza el año 1978 sin patrocinador principal y con falta de liquidez. Merckx, aprovechando que aún tenía tirón mediático, se pone al frente de la búsqueda de un nuevo mecenas y, mientras tanto, se hace cargo de las nóminas de los 18 compañeros de equipo. Se llega a un acuerdo con la empresa francesa de material de afeitado Wilkinson y, cuando ya tienen todo listo para sacarlo a relucir en competición, sorprendentemente deciden echarse atrás. Las llamadas telefónicas a empresas se suceden porque la situación económica del equipo se agrava. Afortunadamente, la cadena de ropa C&A aceptó convertirse en el nuevo patrocinador del equipo y salvó la temporada. La tensión acumulada en estas fechas de la temporada, sumada a los 14 años que ya llevaba como profesional Merckx, hacen que enlace una lesión tras otra. Además las gestiones administrativas realizadas durante las últimas semanas para tratar de reflotar el equipo le impiden poder desarrollar una pretemporada en condiciones. Mantiene ese espíritu luchador que le caracterizó todos estos años aunque sabe perfectamente que algo ya no marcha como antes. Las malas sensaciones en sus piernas presagian lo que nadie quería ver llegar.  "Ya no puedo más. Se acabó" declaró a mediados de marzo, tras finalizar 12º en el Circuito de Saint-Niklaas. Dijo adiós, dejando su impronta en casi todas las carreras que ha disputado a lo largo de estos 14 años, con un total de 525 victorias en sus 1800 carreras como profesional. Está considerado como el mejor ciclista de todos los tiempos y, aunque algunos de sus compañeros del pelotón criticaban su extrema competitividad, él siempre tuvo claro que "El día que empiece una carrera sin intención de ganarla, no podré mirarme al espejo".

Desde su retirada continuó vinculado al mundo del ciclismo. Primero creando en 1980 su propia fábrica y marca de bicicletas, Eddie Merckx Cycle. También dirigió los Campeonatos de Bélgica de ciclismo durante más de 11 años. Tomó parte en la organización de varias pruebas oficiales y fue mecenas de equipos belgas de ciclismo.  

01 mayo 2026

El águila de Toledo (2026)

La biografía definitiva del primer español que conquistó el Tour de Francia. Federico Martín Bahamontes, el Águila de Toledo, es venerado universalmente como el mejor escalador de la historia del ciclismo. Primer español en ganar el Tour de Francia y seis veces rey de la clasificación de la montaña, se convirtió en un héroe nacional en una España que trataba de levantarse tras la devastación de la Guerra Civil. De hecho, su leyenda se forjó gracias a la supervivencia. En los duros años de la posguerra, al borde de la inanición, el joven Bahamontes utilizó la bicicleta para el estraperlo, antes de descubrir que aquellas huidas de la Guardia Civil le preparaban para un futuro de gloria deportiva. Desde su explosivo debut hasta su consagración en 1959, su carrera estuvo marcada por un estilo carismático, temperamental y polémico, dejando para la historia anécdotas imborrables como la del helado en la cima de la Romeyère. En esta segunda edición, Alasdair Fotheringham ofrece el retrato completo de un deportista genial y excéntrico. A través de entrevistas exclusivas, esta obra reconstruye la vida del hombre que, pese a las controversias y su apropiación por el régimen, sigue siendo el gran pionero del ciclismo español.

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01 agosto 2024

¿Sabías que...?

¿Sabías que, durante el Tour de Francia 2024, el corredor esloveno se convirtió en el corredor que ha llegado a mover más watios en la historia de la ronda francesa?.

Y es que el récord hasta la fecha lo ostentaba, un prodigio de la naturaleza, el corredor español Miguel Induráin que, cuando ganó su quinto Tour de Francia, llegó a alcanzar 451 watios. Desde entonces nadie, incluso en los años en que el escándalo del dopaje salpicó de lleno a la ronda francesa, logró batir esa marca. Hasta este año, cuando el esloveno Tadej Pogacar logró desarrollar una potencia de 454 watios, unos 6,9-7 W/kg, en plena ascensión a Plateau de Belle (puerto de 16 kilómetros a una media del 8%). Y si nos vamos a tiempos de carrera, destrozó en más 3 minutos la mítica ascensión del malogrado Marco Pantani en el Tour de Francia del año 1998. 

Una vez más queda demostrado que, como todo en la vida, el deporte evoluciona con mejoras a todos los niveles que permiten destrozar récords que hasta hace nada parecían imbatibles. Y para muestra, un botón. En los 90, el doctor Ferrari decía que para ganar el Tour había que ser capaz de movilizar 6,4 watios/kg durante periodos de 30 minutos. En este Tour, Tadej Pogacar ha conseguido movilizar 7 watios durante 40 minutos. No son pocos los científicos y fisiólogos que estudian estos asombrosos números.

Fuente:@festinaboy

15 junio 2024

¿Qué fue de... Vicente Blanco?


Se llamaba Vicente Blanco Echevarría, aunque todos le conocían como "El cojo". Nació en Deusto (Euskadi) allá por 1884 en el seno de una humilde familia marinera. Cuando apenas contaba 13 años decidió embarcarse para apoyar económicamente en su casa. Primero trabajó como pinche de cocina y, posteriormente, como palero en la sala de máquinas. Allí, peleándose con el carbón, soportando altas temperaturas y rodeado de agua sucia, consiguió desarrollar un físico privilegiado y, sobre todo, una resistencia al sufrimiento fuera de lo normal. Cuentan que su vitalidad era tal que, cuando arribaban a algún puerto extranjero, siempre que podía, en lugar de descansar como la mayoría sus compañeros embarcados, el bueno de Vicente buscaba la forma de alquilar alguna bicicleta y recorrer las calles de la ciudad. Y es que la bicicleta fue siempre su gran pasión. 

Con 20 años decide poner final a su etapa marítima y encuentra trabajo en la siderurgia "La Basconia". Allí, lejos de encontrar la estabilidad del trabajo en tierra firme, lo que casi encuentra es la muerte. Debido a su arrojo, jovialidad y atrevimiento, sufrió varios accidentes que bien pudieron costarle la vida. En uno de ellos, por una apuesta con sus amigos se cayó desde una casa que estaba en construcción. Poco tiempo después una barra de metal al rojo vivo le entró de abajo a arriba por el talón, dejándole todos los músculos del pie izquierdo destrozados. Y menos de un año más tarde, en los diques de Euskalduna, los engranajes de una máquina le atraparon el pie derecho, haciéndole perder los cinco dedos y quedando cojo.

Con los dos pies prácticamente inutilizados Vicente, lejos de amilanarse por la imposibilidad de caminar con normalidad, se volcó con su gran afición: el ciclismo. Lo primero que hizo fue comprar una vieja bicicleta oxidada y sin ruedas, que poco a poco fue arreglando para poder competir con ella. Con 22 años solicita federarse en la Federación Atlética Vizcaína para tomar parte en sus competiciones, pero lo único que consigue es ganarse su compasión. Les enseña sus heridas, les cuenta su historia, incluso sus enfrentamientos nadando, en bici y corriendo frente a profesionales que vivián de estos retos. Consigue que le inviten a competir en un velódromo pero la diferencia de su bicicleta con las del resto es abismal y lo paga. Incluso casi acaba preso porque, viendo que los demás corredores iban con las piernas y los brazos descubiertos, al no tener él el uniforme, no tuvo mejor idea que ponerse a correr en calzoncillos.

Poco después consigue su primer pódium en una prueba celebrada en Vitoria. Con las 125 pesetas del premio regresó a su casa en Bilbao y se casó con su novia. Debido a su nueva situación personal, desapareció una temporada del panorama competitivo. Corrieron rumores de que había fallecido pero acalló todas esas leyendas urbanas cuando en 1908 se proclama Campeón de España. Dicen las crónicas que, por aquel entonces, los ciclistas debían de parar a mitad de la prueba y firmar en un control. Se comenta que Vicente, que iba escapado junto a otros tres corredores, tiró de picaresca. Firmó en primer lugar y rompió intencionadamente la mina del lápiz con el que se firmaba. Sus compañeros de fuga tuvieron que esperar a que el juez lo afilase con una navaja y, cuando fueron a reanudar la marcha Vicente ya les sacaba una importante ventaja. La suficiente como para ganar en solitario en las calles de Gijón. 

En 1909 repite su victoria en el Campeonato de España, esta vez celebrado en Valencia. A su vuelta a casa se encuentra con muchas tiendas de Bilbao engalanadas con su efigie. Es un héroe y, como tal, recibe múltiples invitaciones a eventos populares. Se cuenta que en un sólo día tuvo que acudir a cinco alubiadas. En España sigue sumando victorias de prestigio, como la Irún - Pamplona - Irún prueba de gran prestigio internacional. Es entonces cuando le empieza a rondar por la cabeza la idea de acudir al Tour de Francia, prueba de más prestigio por entonces pero que, por su dureza, ningún español había catado aún.

En su octava edición, la prueba gala estaba más próxima a un Paris-Dakar que a la carrera ciclista que conocemos hoy en día. Durante más de 4.000 km , repartidos en 15 etapas, los corredores debían de pedalear por carreteras no asfaltadas, polvorientas, plagadas de baches y piedras, convirtiéndose muchas veces en trampas mortales. Y, por si fuera poco, aquel año, en aras del espectáculo y como gran novedad respecto al resto de carreras ciclistas, se había decidido incluir en el recorrido algunas etapas de alta montaña. El Tourmalet, Aspin, Aubisque, Peyersourde o Soulor, cimas míticas de los Pirineos, serían ascendidas por primera vez aquel año. La dureza del recorrido fue tal que una cuarta parte de los inscritos se retiraron nada más darse a conocer públicamente.

Y, donde muchos vieron un problema, Vicente vio una oportunidad. Daba igual que no tuviese dinero para costearse el viaje hasta la capital francesa o que apenas pudiera juntar un zurrón con algunos mendrugos de pan y alguna moneda para todo el camino. Él iba a participar en aquella prueba sí o sí. Hizo caso omiso a los rumores de la época según los cuales los corredores pasaban hambre y frío, e incluso padecían enfermedades durante el transcurso de la carrera gala. Así que, con la ilusión por bandera, decide partir en bicicleta desde Bilbao a París. Programó un viaje que le permitió llegar justo el día antes de darse la salida, ya que su ajustado presupuesto no daba para más. A la postre, esta fatiga previa y la imposibilidad de recuperar en condiciones, le pasaría factura en su rendimiento posterior. De poco le sirvió que un mecánico español le proporcionase una bicicleta mucho más ligera y profesional que la suya. Vicente no duró ni una jornada porque, como él mismo reconoció, "no pude hacer nada contra aquellas fieras bien alimentadas".  

El citado cansancio, las averías, el hecho de tener que buscarse la vida para solventar necesidades tan básicas como comer o alojarse... fueron un muro infranqueable para una persona que debía hacer frente a todas esas adversidades además de a la dureza propia de la carrera. Le quedó la satisfacción personal de haber competido y conocido a los grandes ciclistas de la época, los Cruppelandt, Faber, Lapize o Garrigou, porque ya no los volvería a ver más. 

Tras su regreso a España, Vicente siguió compitiendo pero ya no quiso saber más del Tour de Francia. En 1916 colgó la bicicleta y se dedicó a invertir sus ahorros en diversos negocios que no le fueron muy bien. En 1957, falleció a los 73 años, sólo y arruinado.

02 marzo 2020

Plomo en los bolsillos (2020)

Pélissier, ganador del Tour de 1923, protestaba contra la dureza del reglamento: "Pronto nos colocarán plomo en los bolsillos". El pequeño Robic, ganador del 47, se cargaba de plomo para bajar más rápido. Para el autor, la magia del ciclismo nace siempre de ese misterio que existe más allá de la frontera del sufrimiento, y el sufrimiento que impone el Tour de Francia es de plomo, como lo es el empeño de los ciclistas.

En ese equilibrio se mueven los dieciséis episodios de este libro en el que se descubre la cara B del Tour de Francia, desde las victorias y derrotas más legendarias hasta las malandanzas de los primeros corredores del Tour; historias trágicas como las últimas 40 pedaladas de Tom Simpson antes de morir en el Mont Ventoux o divertidas como la de Vicente Blanco, un cojo bilbaíno que se dopaba con bacalao y que pedaleó hasta París para salir en el Tour. Anécdotas que destacan la épica y el sufrimiento del ciclismo pero también la generosidad y gentileza que se desprenden de este deporte. Los duelos memorables entre Coppi y Bartali, Anquetil y Poulidor, Kübler y Koblet, Merckx y Ocaña o las hazañas de Induráin, Hinault y Amstrong, pero también el reconocimiento a las figuras menos visibles y reconocidas como Walkowiak, que se arrepintió de ganar el Tour, o el argelino Zaaf que a las puertas de ser el primer africano en ganar una etapa del Tour se emborrachó y cayó mareado.

Si lo quieres leer, ya lo tienes dentro de nuestro #PLEIEF, con ejemplares en la biblioteca del I.E.S.

03 febrero 2014

A golpe de micrófono (2014)

Nuestra recomendación para el #PLEIEF hoy es un libro de Pedro Delgado, uno de los ciclistas más prestigiosos y queridos del ciclismo español. Ganador de un Tour de Francia (1988) y dos Vueltas a España (1985 y 1989), entre otros títulos, fue profesional entre los años 1982 y 1994, cuando militó en las filas de equipos como Reynolds, Seat-Orbea, PDM y Banesto, donde escribió algunas de las páginas más inolvidables del deporte español. En 1994, tras colgar la bicicleta empieza a colaborar haciendo crónicas de las grandes vueltas en programas de radio y televisión, y en la prensa deportiva. "A golpe de micrófono" es el fruto de muchos años colaborando con estos medios a pie de cañón, con cientos de historias y divertidas anécdotas que contar sobre los grandes acontecimientos del ciclismo en los últimos años.