Lasse Arturi Viren nació en Myrskyla (Finlandia) el 22 de julio de 1949. Su infancia la pasó rodeado de densos bosques, ocho lagos, extensas praderas y empinadas colinas, que conformaban un paisaje rural idílico. Allí, junto a sus tres hermanos, se inició a la práctica del esquí y sus diferentes modalidades. Lasse destacó muy pronto en el esquí de fondo, donde llegó a ganar varias pruebas en categoría infantil. Sin embargo, el deporte que realmente le llenaba era el atletismo. Así que, con 16 años, abandona la práctica del esquí y comienza a tomarse más en serio el atletismo, siendo orientado por su hermano Nisse a la hora de planificar sus entrenamientos. Abandona sus estudios de mecánica para centrarse más en sus entrenamientos de fondo y comienza a trabajar en la empresa de transporte de madera donde lo hacía su padre. Entrenando por aquellos oscuros bosques, soportando las inclemencias del duro invierno finés, desarrolla una gran fuerza de voluntad que le permitirá acumular grandes volúmenes de carga sin mayor problema. También moldeará su carácter y personalidad, mostrándose siempre como una persona muy segura de sí misma, voluntariosa, valiente y muy inteligente en la toma de decisiones que requieren precisión perceptiva. No tarda mucho en comenzar a destacar en las pruebas de fondo juveniles, donde se hace famoso por sus espectaculares finales de carrera.
En 1968 ingresa voluntariamente en las Fuerzas de Defensa de Finlandia, una sección del ejercito que recluta a los mejores atletas de cada generación con el objetivo de tener un cuerpo de exploradores bien preparados para los tiempos de guerra. Allí estará a las órdenes de uno de los más afamados entrenadores fineses del momento: Hannu Posti. Le aumentan el número de sesiones y la intensidad en sus entrenamientos, pero su progresión parece frenarse de golpe. Lasse acusa el sustancial aumento en el volumen y en la intensidad de sus entrenamientos. Un 16º puesto en el campo a través y un 11º en los 5.000 metros no le contentan, ya que esperaba mejores resultados en esta etapa junior. Pero cuando su organismo comienza a asimilar las exigentes cargas de trabajo a las que se le había sometido, sorprende a todos alzándose con el Campeonato nacional de campo a través junior de 1969. Acto seguido se proclama campeón nacional junior del 3.000 y el 5.000, donde pulveriza su propia marca y el récord anterior. En apenas un año había pasado de 14:59 a 13:55.
Desde ese momento Lasse pasa a ser considerado como la mayor promesa del atletismo finés, un país con gran tradición en las carreras de fondo. Por ello, es convocado por la selección absoluta, donde debutará en un meeting corriendo el 5.000 contra Suecia, Noruega y Gran Bretaña, ganando en dos de las 3 pruebas. También se hace con la victoria en el 5.000 absoluto en los campeonatos nacionales, dejando a casi 15 segundos a su más inmediato perseguidor. Pero Lasse no se conforma con eso y aspira a victorias de mucho más calado. Así que decide, a finales de 1969, ponerse en contacto con el prestigioso entrenador finés Rolf Haikkola, que por entonces llevaba a los mejores fondistas escandinavos. Éste, consciente del potencial que atesora la joven promesa en ciernes, no duda lo más mínimo a la hora de convertirse en su nuevo entrenador. El inicio de la colaboración entre ambos, a principios de 1970, coincide con el traslado por unos meses de Lasse a Estados Unidos, donde entrenará y competirá para la Universidad de Bringham Young. El cambio es muy grande, sobre todo porque supone abandonar un sistema de entrenamiento realizado en el medio natural por otro totalmente artificial, cubriendo grandes volúmenes sobre asfalto y pista cubierta. Sus músculos se resintieron con el cambio y Lasse lo acusó a su regreso de la experiencia americana. Enlazó varias competiciones con resultados mediocres, muy por debajo de lo esperado para alguien de su potencial, y le cayeron las primeras críticas. De nuevo entrenando por los alrededores de su tierra natal, como había hecho toda su vida y con Haikkola planificando al detalle sus entrenamientos, no tardó en recuperar su mejor versión y batirá de nuevo el récord nacional del 5.000.
En 1971 Lasse se prepara a conciencia para obtener una plaza en los Campeonatos de Europa. Realiza un pequeño stage de 3 semanas en las Islas Canarias, buscando mejorar rendimiento con entrenamientos en altura. Obtiene buenos resultados en los campeonatos nacionales, pero no gana. También empieza a competir fuera de Finlandia y de nuevo se queda con la miel en los labios pese a realizar buenos resultados. Tan sólo le queda el consuelo de batir el récord nacional de los 3.000 metros y mejorar su marca personal en la prueba reina del medio fondo, los 1.500 metros. Finalmente, es seleccionado para defender los colores de Finlandia en los Campeonatos de Europa de Helsinki 1991. Allí, su ímpetu y las ganas de mostrar todo su talento le jugaron una mala pasada, al excederse con la carga y no llegar a recuperar plenamente para el día de la competición. Tuvo que conformarse con un 7º puesto en el 5.000 y un 17º en el 10.000. Unas semanas después, batió el récord nacional de los 5.000 metros, hasta entonces en posesión del también finés Juha Vaatainen, ganador del 5.000 y 10.000 en el europeo recién finalizado.
Al año siguiente, Lasse focalizó toda su preparación en los Juegos Olímpicos de Munich 1972. Prosiguió con sus entrenamientos en altura, siendo uno de los pioneros en emplear este método con cierta asiduidad. Hizo concentraciones en Font Romeu (Pirineo francés), aumentó considerablemente el volumen de kilómetros que cubría en sus entrenamientos (rondaba los 8.000 kilómetros anuales), trabajó mucho los cambios de ritmo (hacía hasta 273 diarios) y ganó mucha fuerza-resistencia muscular gracias a sus series corriendo sobre las dunas. No se saltó ni un entrenamiento, haciendo muchos días dobles y triples sesiones. Cinco semanas antes de la cita olímpica ya registra la tercera marca mundial en los 5.000 metros y bate el récord del mundo de las 2 millas. Debutó en la olimpiada corriendo los 10.000 metros en una prueba que pasó a los anales de la historia del deporte. Mediada la carrera, cuando Lasse controlaba la carrera desde una cómoda 5ª posición, tropezó con Gammoudi y se fue al suelo. Quedó totalmente descolgado de un grupo de cabeza que rodaba muy rápido, por lo que muchos le dieron por desahuciado de cara a la pelea por las medallas. Sin embargo, Lasse se levantó lleno de rabia y comenzó una remontada que le llevó a unirse al grupo de cabeza y, finalmente, ganar la prueba con récord mundial y olímpico incluido. Sabía que en aquellas circunstancias, si ganaba, no sólo sería campeón olímpico. También sería una leyenda. Y ese fue el pensamiento que repetía en su cabeza y que también alimentó su remontada. En la prueba de los 5.000 metros también se haría con el oro tras adelantar en la última curva a los dos grandes favoritos, el tunecino Gammoudi y el estadounidense Prefontaine. Con esta hazaña, Lasse emulaba, medio siglo después, a los principales exponentes de la escuela finlandesa: Kolehmainen, Nurmi y Ritola.
En 1973, convertido ya en una estrella del atletismo, se le invitó a participar en numerosas pruebas atléticas, pero la mayoría de las veces rehusó las invitaciones. Era un año de transición para él y sabía perfectamente que sus prioridades serían, por este orden, los próximos juegos y el europeo de Roma. No consigue grandes victorias pero siempre está en el pódium o se queda cerca de las medallas. Esta visión particular a la hora de planificar su carrera deportiva mucha gente no lo entiende y comienzan los rumores que cuestionan sus sistemas de entrenamiento, esos que mantenía con tanto secretismo. Lasse, introvertido y reservado, hace caso omiso a todas estos rumores y vuelve a repetir la metodología de entrenamiento que tan buenos resultados le había dado en Munich. De nuevo vuelve a aumentar el volumen de kilómetros anuales cubiertos, mantiene las altas intensidades y prosigue con sus entrenamientos en altura durante el invierno en el extranjero. Pero aparecen dos importantes lesiones en los isquiotibiales y el tobillo, que le impiden completar los entrenamientos como hasta entonces. Su técnica de carrera se resiente a consecuencia de los fuertes dolores que sufre y esto le condicionará su participación en el Campeonato de Europa de Roma 1974. Deberá conformarse con un bronce en la prueba de los 5.000 metros y un decepcionante 11º puesto en los 10.000.
En 1975, desesperado por las molestias que no terminan de desaparecer, se opera de los isquiotibiales. Finalizada la rehabilitación, los dolores desaparecen por completo pero su condición física se resiente. Ha estado parado mucho tiempo para recuperarse y las cargas de entrenamiento tendrá que ir incrementándolas progresivamente, escuchando a su organismo, para evitar recaídas. Como es lógico, su nivel de rendimiento tardará en volver a ser el de antes, pero, a finales de año, ya conseguirá encontrarse muy cerca de su mejor versión. En 1976 prosigue con su planificación habitual: pasará el duro invierno fuera de Finlandia entrenando grandes volúmenes de kilómetros en altura en Colombia, pero también por las arenas de Brasil y Puerto Rico. Además, como gran novedad, empieza a rondarle la idea de correr la maratón, en un claro intento de seguir los pasos del checo Emil Zatopek. Para ello viajará a Kenia, donde realizará un nuevo ciclo de entrenamiento en altura enfocado a esta prueba. Allí fue capaz de desarrollar los mejores ritmos de carrera que se le conocen, llegando a batir el récord del mundo de los 25 kilómetros. Pero unos meses después, la desgracia de nuevo se ceba con Lasse al sufrir una sinusitis cuando estaba en su mejor momento de forma. Tendrá que reposar casi un mes, apartado de las pistas, pero ni si quiera eso logró mermar la gran fortaleza mental que atesoraba. De nuevo, a base de disciplina y capacidad de superación, y con la nueva cita olímpica en el horizonte, logra recuperar su estado de forma en poco tiempo.
Se presenta en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 como abanderado del equipo finés, un honor reservado para muy pocos. Su reto será convertirse en el primer atleta de la historia que logre revalidar sus títulos olímpicos en el 5.000 y el 10.000. Hasta la fecha, todos los que lo habían intentado, habían fracasado. Comenzó con la prueba de los 10.000 metros, en la que logró revalidar su título de campeón olímpico mostrando una gran superioridad sobre el resto de participantes. Pero la hazaña de Lasse se vio enturbiada por una absurda polémica que puso en peligro su título y su continuidad en los juegos olímpicos. Y es que, nada más entrar en meta, no se le ocurrió otra cosa más que descalzarse y dar la vuelta de honor a la pista con los brazos en alto portando sus zapatillas de clavos Asics. Eso, en una época en la que el amateurismo de los deportistas era sagrado, levantó ampollas dentro del Comité Olímpico Internacional. Fue llamado a declarar y despejó todas las acusaciones de profesionalismo justificando su acción "porque le había salido una ampolla en el pie". Fue absuelto de sus cargos y se le permitió seguir compitiendo. En el 5.000 de nuevo revalidó su título tras lanzar uno de sus característicos ataques a 400 metros de la meta, con el que consiguió desarbolar a sus inmediatos perseguidores, el bravo neozelandés Quax y el alemán Hildenbrand. Cubierto su objetivo, al día siguiente se lanzó a por lo que podía ser su quinto oro olímpico, esta vez en la prueba de maratón. El tiempo de recuperación fue muy escaso, apenas 18 horas, para todo el gasto que había hecho hasta entonces. Sus médicos no eran nada optimistas de cara a conseguir un buen resultado. Pero Lasse, valiente y decidido como siempre, se puso al frente de la carrera desde el primer momento. Durante los primeros 25 kilómetros lo mantuvo pero un fallo en uno de los primeros avituallamientos hizo que la fatiga propia de la carrera, más la acumulada de días anteriores, vaciase completamente sus reservas. Aún así entraría en meta en 5ª posición a poco más de 3 minutos del vencedor, el alemán Cierpinski.
Regresó de las olimpiadas convertido en un héroe nacional. Pero, a las pocas semanas, se vuelve a lesionar de gravedad. Esta vez, mientras entrenaba por uno de los bosques que rodeaba su pueblo, introdujo accidentalmente su pie en una grieta entre dos rocas y se rompió el tobillo. La lesión puso en serio peligro su continuidad en el alto rendimiento por lo que tuvo que ser operado por uno de los mejores especialistas del momento. De nuevo consigue recuperarse milagrosamente y comienza a prepararse para llegar a tope a la siguiente cita olímpica. En 1977 corrió su segundo maratón, el de Nueva York, donde consigue terminar en 17ª posición. Las molestias en el tobillo operado le obligan a rebajar notablemente el volumen de kilómetros que habitualmente cubría y los resultados se resienten. Los problemas se acentúan en 1978 cuando, a consecuencia de su maltrecho tobillo, tuvo que modificar su técnica de carrera. Esto motivó que se perdiera los Campeonatos de Europa de Praga 1978 por una lesión de rodilla. En 1979 no consiguió acercarse a sus mejores marcas pero sí logró, al menos, entrenar con mejores sensaciones. Y, a principios de 1980, con los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 a la vuelta de la esquina, dio la sensación de que Lasse había conseguido recuperar gran parte del nivel que le llevó a convertirse en un referente mundial. Pero los años, las lesiones y los kilómetros acumulados en estos últimos años comienzan a pasarle factura en forma de rigidez muscular primero y en una rotura muscular en la musculatura de la ingle después, a escasas semanas de la cita olímpica.
Se presentó en los juegos sin haber llegado a completar su planificación inicial. Por primera vez sufre para meterse en la final de los 10.000 metros. Inicialmente se queda fuera pero, una lesión a última hora del corredor irlandés Treacy, le permite colarse en la final. Allí sorprendentemente mejora su rendimiento, llegando a encabezar la prueba durante la última vuelta, para finalmente alcanzar la 5ª plaza. En la prueba de la maratón las cosas no le fueron mejor. A los 20 kilómetros tuvo que retirarse de la prueba tras sufrir problemas estomacales y calambres en las piernas. Agotado física y mentalmente, los dos años siguientes se dedicaría a correr algún 5.000 aislado, con los que podría fin a su etapa en la pista. A partir de ahí correrá algún maratón mas y alguna carrera corta por todo el mundo "para que algunos puedan disfrutar presumiendo de haberme ganado". Pero lo hizo más como invitado que como competidor.
En los últimos años de su carrera deportiva afloraron las acusaciones de que el secreto de los resultados de Lasse se debía en gran parte a un programa de autotransfusiones de sangre. Por aquel entonces, el hoy llamado dopaje sanguíneo (entrenar en altura para subir el hematocrito, extraer la sangre, congelarla y luego inyectársela para la competición) era algo tan legal como poco ético. Estas sospechas aumentaron cuando décadas más tarde Rolf Haikkola, su entrenador, reconoció que Lasse había competido en varias citas importantes con el hematocrito en torno al 70%. El atleta español Mariano Haro, uno de sus grandes rivales de aquella época, afirmó que "Lasse Viren me ganó dopado en Munich 1972". El hecho de que Lasse pareciese sólo centrarse en los juegos olímpicos, donde mostraba siempre un rendimiento excepcional, siendo el resto del tiempo su rendimiento más bien modesto, tampoco le ayudó mucho a quitarse la sombra de la duda. Él siempre se defendió de estas acusaciones afirmando que, durante los años entre las olimpiadas sufrió lesiones importantes, lo que le impidió poder entrenar con normalidad. En cualquier caso, él siempre se mostró impasible ante las acusaciones de dopaje, afirmando que "corro 8.000 kilómetros al año y eso es suficiente. Nunca nadie me ha pillado en falta". Y es que, en su favor, hay que decir que, a nivel fisiológico, parecía haber sido diseñado para las pruebas de fondo. Poseía un corazón más grande de lo habitual, sus músculos tenían la proporción ideal para un fondista entre fibras rojas y blancas, y su nivel de hematocrito era muy elevado (36,4 - 45,0 ml/kg). Además, de forma natural su organismo producía la hormona luteneizante, la encargada de elevar los niveles de testosterona, en grandes cantidades siempre coincidiendo con competiciones importantes. A nivel técnico, también era un privilegiado, siendo capaz de desarrollar una excelente técnica de carrera que le permitía economizar mucho sus esfuerzos. Los técnicos soviéticos realizaron muchos estudios para intentar conocer más a fondo el secreto de su elevado rendimiento y llegaron a estas conclusiones. Tampoco nos podemos olvidar de sus destrezas a nivel psicológico. Los estudios psicológicos que le realizaron dieron como resultado que Lasse poseía un coeficiente intelectual muy elevado y superior a la media, con una gran capacidad para resolver cálculos mentales y tareas que requieren precisión perceptiva. Eso le permitiría leer mejor que nadie las carreras, trazando líneas de carrera tan eficientes que ahorra siempre correr metros de más. Muchos decían que era frío y calculador pero es que, desde que entraba en la pista, Lasse ya estaba procesad Además, su ética de trabajo y disciplina no hizo más que aumentar todo el potencial que atesoraba.
A nivel de entrenamiento fue todo un pionero que rompió con muchos de los axiomas de la época. Renunció a las planificaciones cerradas, en las que el atleta se dedicaba únicamente a ejecutar lo que se le mandaba, para dar paso a una planificación más abierta y flexible, y en donde el atleta también es partícipe. No seguía una rutina ni un horario semanal, sino que su planificación, siempre sobre una base, se iba modificando semana a semana. Sus sistemas de entrenamiento solían ser continuos variables, a base de fartleks con constantes aceleraciones. "Entrenábamos series de 5.000 metros en una pista de 600 metros, con cambios de ritmo de 200 metros, como si fuera una bala: hasta 273 cambios de ritmo diarios" recuerda Haikkola. La temporada la estructuraba en un sistema de ciclos muy parecido al actual. Realizaba una especie de pretemporada en invierno, donde primaba el trabajo de base y resistencia. A medida que se iba acercando la primavera iba centrándose más en la velocidad para llegar lo más en forma posible de mayo a septiembre. Durante la temporada metía algunos ciclos de gran intensidad para perfilar picos de forma. Y al acabar la misma, fue un adelantado a su tiempo incluyendo una fase de transición entre temporadas para que su organismo pudiese descansar. También fue de los pioneros a la hora de trabajar regularmente con entrenamientos en altura. Toda su planificación era guardada celosamente y trataba de que no saliese a la luz para evitar caer en manos de sus rivales. Hoy en día sabemos que aquel sistema revolucionario era completamente diferente a lo conocido y empleado hasta entonces.






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