Hablar de fútbol en Escocia es hacerlo de algo más que un deporte. Se dice que los escoceses pueden cambiar de coche, de partido político, incluso pueden divorciarse y cambiar de pareja... pero nunca de equipo de fútbol. Y es que en los dos grandes equipos históricos del país, el Celtic de Glasgow y el Glasgow Rangers, los salarios y las fichas altas son importantes para muchos de sus jugadores, pero no tanto como los valores que representan. Cuando uno nace como bhoy o como gers, lo es para toda la vida.
Nuestra historia de hoy comienza en Glasgow, la ciudad más industrial y poblada de toda Escocia. Corría el año 1951 cuando el Celtic de Glasgow contrataba para jugar en su equipo de reservas a John "Jock" Stein, un central bastante limitado técnicamente pero muy fuerte, disciplinado y aguerrido. Quitando su última temporada en las filas del Llanelli Town galés, nunca se había dedicado al fútbol de forma profesional. Es más, muy probablemente nunca hubiese llegado a poder jugar en la Scottish Premier League de no ser porque, durante la II Guerra Mundial, la mayoría de los jugadores británicos profesionales se habían tenido que alistar en las Fuerzas Armadas Británicas para ir al frente. Ese vacío en los grandes clubes escoceses fue aprovechado por jugadores más del montón, como Jock Stein, minero de profesión y que habían quedado liberado de ir a filas por su rol estratégico en la producción de mineral.
Ese mismo año, Jock Stein ve como la fortuna vuelve a sonreírle de nuevo. Al poco de comenzar la temporada, la defensa del primer equipo del Celtic de Glasgow sufre una plaga de lesiones. Y, ante la falta de jugadores para ese puesto, su entrenador Jimmy McGrory se ve obligado a tirar del equipo filial, haciendo debutar a varios canteranos, entre ellos Jock Stein. Desde ese día, ya nunca más regresaría a jugar con el filial. Su aura, y su ascendencia entre los aficionados y sus compañeros del equipo, lo convirtió rápidamente en todo un referente dentro y fuera del terreno de juego. Incluso llegó a ser nombrado capitán del equipo, lo cual no debería de ser noticia. Pero es que Jock Stein era protestante y el Celtic de Glasgow es el equipo católico por excelencia de Escocia. El sectarismo religioso en Escocia era tal, por aquel entonces, que sus vecinos del Glasgow Rangers vetaban el acceso de jugadores católicos en su plantilla.
Tras ganar la Scottish Premier League en la temporada 1953-54, el club decidió premiar a la plantilla con un viaje a Suiza para asistir a varios partidos del Mundial de fútbol en el país helvético. Sus compañeros escoceses cayeron a las primeras de cambio por lo que los jugadores del Celtic tuvieron oportunidad de ver en acción a otras selecciones nacionales. Hungría, con la hornada de los magiares mágicos en sus filas, fue la sensación del torneo. Los Puskas, Czibor, Kocsics... deslumbraron al mundo con su aluvión de fútbol ofensivo, de gran calidad y revolucionando las tácticas, hasta entonces conocidas, con un sorprendente 4-2-4. Para Jock Stein aquello supuso un antes y un después en su concepción futbolística. Y, desde ese momento, se volvió en todo un estudioso de las tácticas húngaras y de todas las variantes que se irían desarrollando a partir de ellas.
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| Fuente: Dunfermline Athletic |
Al frente de los pars logrará despachar cuatro grandes temporadas (1960-1964) en las que lleva a un equipo programado para pelear por no descender a ser campeón de la Copa de Escocia (derrotando en la final a su ex-equipo, el Celtic) e incluso a jugar competiciones europeas. El juego alegre, ofensivo y vistoso que desarrolla el Dunfermline no pasa desapercibido en las islas británicas. Y, como cabría esperar, comienzan a llegarle cada vez más ofertas de importantes clubes ingleses y escoceses que le ofrecen poder absoluto de cara a la gestión del equipo. Pero Jock Stein las rechazará todas, sin importar de dónde vienen. Él sólo quiere entrenar al Celtic, donde muchos aficionados comienzan a pedir su regreso, y esperará el tiempo que haga falta. Pero la llamada católica no llega. Así que, en otra hábil maniobra de acercamiento al Celtic, decide firmar en 1964 por una temporada con el otro gran equipo de marcada herencia católica de Escocia, y equivalente del Celtic en Edimburgo, el Hibernian. Los Hibs, uno de los grandes clubes escoceses y con una importante masa social detrás, atravesaban una mala época en la que coqueteaban peligrosamente con el descenso. El equipo necesitaba una revolución y Jock Stein ve en él un trampolín para volver a Glasgow. Reestructuró el equipo a partir de descartes de los grandes equipos escoceses (John McNamee, Willy Hamilton...) o de la Premier League inglesa (Pat Quinn). Configuró un sistema de juego en el que sacó el mejor rendimiento visto a cualquiera de los jugadores que tomaban parte en él. Incluso derrotó contundentemente al Real Madrid de los Di Stéfano, Puskas, Amancio, Muller..., pentacampeón europeo, en un partido disputado en Edimburgo durante aquella temporada.
Al acabar esa temporada, el Celtic sumaba otro rotundo fracaso. Eran ya 11 temporadas seguidas sin ganar la liga, mientras que sus archirrivales del Glasgow Rangers seguían sumando casi la mitad de los títulos en juego. Y, como los dirigentes del Celtic seguían sin mover ficha, Jock Stein decide aprovechar una importante oferta que recibe del Wolverhampton inglés para presionar a la directiva del Celtic. Les pide consejo sobre si debería aceptarla, siempre con la esperanza de que, al conocer su disponibilidad, le ofreciesen coger las riendas del banquillo católico. Pero lo único que le ofrecen es el puesto de segundo entrenador a las órdenes del entrenador irlandés, y ex-compañero suyo en las filas católicas, Sean Fallon. Aquello no convence a Jock Stein, que comienza a valorar seriamente la oferta inglesa tras ver que en Glasgow siguen sin darle la oportunidad que cree que merece. Así que, cuando Bob Kelly, el máximo mandatario del Celtic de Glasgow, ve que el riesgo de perder definitivamente a Jock Stein es real, decide dar el paso y colocarlo al frente del cuerpo técnico. En 1965, por primera vez en la historia, se rompía un tabú: un entrenador protestante llevaría las riendas del club más emblemático de la población católica escocesa.
Su llegada fue muy aclamada por una hinchada católica que llevaba demasiados años lejos de los éxitos a los que habitualmente estaban acostumbrados. Y Jock Stein no decepcionó a nadie. En el terreno de juego, sus planteamientos tácticos, basados en aquellos complejos e innovadores sistemas que había descubierto visionando partidos de la selección húngara, fueron toda una revolución. Logró mezclar esa riqueza táctica con el carácter indómito y la garra tan típica del jugador escocés, dando como resultado un fútbol dinámico, ofensivo y muy vistoso. Esa fue su principal seña de identidad. Esa y la cantidad de jóvenes canteranos que ascendió y que consolidó en el primer equipo. La mayoría habían pasado por sus manos cuando estuvo al frente años atrás del equipo reserva. Frases suyas como "La única forma de traer a los aficionados al estadio es hacer que se diviertan. Por tanto, hagámoslo" o "el mejor sitio para defender es el área rival" resumen muy bien su filosofía de juego.
Las ligas, en la década anterior tan esquivas, comienzan a caer de forma consecutiva. Hasta en 9 ocasiones seguidas logra colocar al Celtic en lo más alto de la clasificación. En Escocia ya no tienen rival, así que el siguiente paso era ser competitivos en las competiciones europeas, donde el equipo comienza a hacerse un nombre. En 1965 están a punto de clasificarse para la final de la Recopa de Europa. Pero, un polémico arbitraje en Anfield, en el que se le anula un gol legal a Bobby Lennox a 5 minutos del final, les impide eliminar al todopoderoso Liverpool FC. Pero, sin duda, su momento álgido llegaría en la Copa de Europa de 1967. Un Celtic que funcionaba con la fiabilidad y precisión de un reloj suizo, se fue deshaciendo de los campeones nacionales de las diferentes ligas europeas con una facilidad pasmosa. Primero el Nantes francés, luego el Zurich suizo dirigido por Kubala, más tarde el Duckla Praga... Tan sólo pasó algunos apuros ante la sorprendente Vojvodina yugoslava del viejo zorro Vujadin Boskov, a la que eliminaron con un gol en los instantes finales. En la final, que aquel año se celebraba en Lisboa, les esperaba el todopoderoso Inter de Milán, el equipo que hizo del catenaccio un arte. La escuadra transalpina repleta de figuras como Corso, Mazzola, Jair da Costa, o el balón de oro español Luis Suárez, estaba considerado como el mejor equipo del mundo. Las dos temporadas anteriores habían hecho doblete, Copa de Europa y Copa Intercontinental, lo que le valió el sobrenombre de "La Grande Inter". Además, en su banquillo, contaban con el prestigioso Helenio Herrera, uno de los entrenadores más revolucionarios y laureados en la historia del fútbol.
Los pronósticos no eran muy favorables al Celtic. La mayoría de expertos consideraban como un equipo vistoso pero muy bisoño y que poco, o nada, podía hacer frente al experimentado y potente once italiano, que llegaba de eliminar al todopoderoso Real Madrid. Sin embargo los escoceses, lejos de amilanarse, tenían la motivación de convertirse en el primer equipo británico que ganase la Copa de Europa. Nadie lo había conseguido antes. Hasta ese momento, las Copas de Europa únicamente habían ido a engrosar las vitrinas de clubes españoles, portugueses e italianos. Además, todos sus jugadores eran de Glasgow o de su extrarradio, lo que le confería una mayor cohesión grupal, y un sentido de pertenencia que no se da en los clubes hechos a base de talonario. Sin lugar a dudas, se trataba de un partido de contrastes entre dos equipos totalmente antagonistas.
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| Fuente: PES miti del Calcio |
Aquella derrota supuso el final de aquel Inter y de su entrenador, Helenio Herrera, que acabaría abandonando el club. Elegante en la derrota, reconoció que "nosotros no podemos tener ninguna queja. El Celtic mereció la victoria. Fuimos golpeados por la fuerza del Celtic. Aunque nosotros perdiéramos, el encuentro fue una victoria para el deporte". Al Celtic, la victoria le colocó en el mapa de los grandes clubes europeos del momento. Los jugadores fueron bautizados como Los Leones de Lisboa, y Jock Stein fue galardonado con la Orden del Imperio Británico. Además, una grada de Celtic Park, desde esa temporada, lleva su nombre en su honor. A día de hoy está considerado como el mejor entrenador escocés de la historia, por delante de Álex Ferguson.




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