23 diciembre 2025

El Tour de Trump

De todos es conocida la controvertida y polémica personalidad del hoy presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. A finales de la década de los 80, todavía no tenía las inquietudes políticas que le han llevado hasta la Casa Blanca. Por entonces era un afamado y exitoso empresario al que los negocios le iban muy bien, gestionando uno de los mayores grupos empresariales inmobiliarios del país, además de varios hoteles y casinos. A lo largo de su vida, su relación con el deporte fue prácticamente inexistente, por eso sorprendió en 1987, cuando aceptó escuchar la propuesta de un grupo de periodistas norteamericanos que planeaban organizar un ambicioso evento ciclista en su país. John Tesh, reportero de CBS Sports, había acudido a retransmitir el Tour de Francia de 1987 y llegó maravillado de la grandeza de la ronda gala. Le sugirió a Billy Packer, comentarista deportivo y empresario, la posibilidad de hacer una prueba equivalente en Estados Unidos. Por aquel entonces, el ciclismo concentraba la totalidad de pruebas de nivel por las carreteras de toda Europa, con el Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España como puntas de lanza. Fuera de allí, no había pruebas de nivel. Sin embargo, paradójicamente, el mejor ciclista del momento era el norteamericano Greg Lemond. Costaba creer cómo un país en el que el ciclismo era un deporte claramente minoritario, y cuyas pruebas más relevantes se reducían a un par de carreras modestas y de poca monta en la costa oeste, era capaz de sacar corredores de su nivel. Y no era el único, porque los Andrew Hampsten, Lance Armstrong y Tyler Hamilton llegaban también pisando fuerte. 

La idea era crear una prueba por etapas que no sólo rivalizara con las tres grandes vueltas del calendario internacional, sino que compitiese de tú a tú con la más grande de todas, el Tour de Francia. Para ello, era necesaria una cuantía económica muy elevada, con la que se intentaría atraer a los mejores equipos y ciclistas del momento. Para lograr esta financiación, los organizadores acudieron a Atlantic City, también conocida como "Las Vegas de la costa este", ya que albergaba una cantidad ingente de casinos, hoteles, centros comerciales y de ocio... A Trump, dueño de tres de los mayores casinos de Atlantic City, le apasionó la idea y accedió a ser el gran mecenas del evento deportivo, además de socio comercial, viendo siempre al ciclismo como un medio ideal para servir a sus intereses. Lo de la promoción del deporte en aquel país lo dejó para otros. "Miro al futuro con optimismo. Siempre estoy haciendo inversiones y creo que este evento puede ser enorme en el futuro, incluso más grande que el Tour" argumentaba justificando su postura, a la par que reconocía llevar más de 30 años sin montar en una bicicleta.

Sin tiempo que perder, lo primero que se hizo fue buscar un nombre a la prueba. Inicialmente, los periodistas habían pensado llamarla Tour de Jersey, pues la prueba tenía su final en Atlantic City, ciudad del estado de New Jersey. Sin embargo, aprovechando el tirón mediático de Donald Trump, se decidió que le prueba llevase el nombre del mecenas. "Cuando se mencionó el nombre inicialmente, prácticamente me caí del asiento. Dije, ¿estás bromeando?. ¡Me matarán en los medios si uso ese nombre!. Tienes que estar bromeando'. Sin embargo, pensándolo de nuevo, Trump le dio mucha importancia al valor comercial del nombre y, sobre todo, los posibles beneficios que podrían derivarse de él.
“Podríamos llamarlo de otra forma, pero tendríamos menos éxito. Le pongo mi nombre porque creo que el Tour de Trump será pronto como el Tour de Francia”, aseguró sin complejos. Pero no estuvo sólo en la empresa, puesto que el tres veces ganador del Tour de Francia e icono del ciclismo estadounidense, Greg Lemond, se mostró también entusiasmado con la novedosa iniciativa. "Le auguro un enorme impacto y un gran futuro a largo plazo" comentaba a la prensa durante la presentación oficial de la prueba a los medios. 

La primera edición de 1989 se configuró en base a 1.347 kilómetros, repartidos en 10 etapas por cinco estados de la costa este del país. La idea era darla a conocer al pelotón internacional en sus primeras ediciones, con un recorrido sencillo, para luego ampliarla en ediciones posteriores, cruzando el país desde New Jersey hasta California. El ganador se embolsaría una suma de 50.000 dólares, cifra únicamente superada en aquel momento por el ganador del Tour de Francia, y además repartiría 250.000 dólares en premios. Se propusieron varias fechas del calendario para la prueba, evitando siempre, al menos de momento, la confrontación directa con la prueba francesa. Pero Trump, polémico donde los haya, buscó coincidir con las otras dos vueltas por etapas, intentando desbancarlas para ocupar su sitio o, al menos, unirse a ellas. El Giro de Italia y, sobre todo, la Vuelta a España, vieron como algunos grandes equipos europeos (PDM, Panasonic, Lotto...) que venían participando habitualmente en sus ediciones anuales, renunciaban esa temporada para hacerlo en su lugar en el Tour de Trump. Los casi 10 millones de dólares que Trump se gastó en la organización de la prueba tuvieron mucho que ver en ello. La lista de participantes incluía a varios de los mejores ciclistas del momento: Greg Lemond, Andrew Hampsten, Raúl Alcalá, Viacheslav Ekimov, Dag Otto Lauritzen... Muchos acudieron a la prueba para ultimar su puesta a punto de cara al Tour de Francia y, aún así, la prueba fue todo un éxito según la prestigiosa revista deportiva Sport Illustrated, que señaló: "Si pudieras superar el nombre, el Tour de Trump, sin perder la cabeza, y si pudieras de alguna manera separar el evento deportivo del exceso de equipaje que conllevaba... lo que tendrías sería una carrera ciclista bastante buena". Lo cierto es que la carrera transcurrió por carreteras, generalmente, de gran anchura y bien asfaltadas, en las que no faltaban carteles y pancartas con el nombre de Trump por todas las esquinas. La prueba no estuvo exenta de polémica, sobre todo cuando el belga Eric Vanderaerden, ganador de 4 etapas y gran favorito para hacerse con la victoria final, se equivocó en un giro de la contrarreloj final cuando seguía a la moto que les precedía. También hubo una etapa en la que hubo un desajuste a la hora de cortar el tráfico general, lo que motivó que gran parte del pelotón se viese inmerso en la situación inédita de tener que andar sorteando en medio de la carrera a otros vehículos ajenos a la misma.

Tras la buena experiencia de su primera edición, los organizadores quisieron que la segunda llegase a más estados. Sobre a todo a aquellos en los que Trump, como no podía ser de otra manera, tenía intereses económicos. La pléyade de participantes de nuevo incluía a varias de las primeras espadas mundiales que repetían participación, como Greg Lemond o Raúl Alcalá, a los que se sumaban otros debutantes como Steve Bauer, Olaf Ludwig o Davis Phinney. Las cifras empleadas para la promoción del evento y las destinadas a los premios en metálico destinados a los corredores no cesaban de crecer, acortando considerablemente su diferencia con los del Tour. Sin embargo, las empresas de Trump empiezan a dar serios problemas financieros y empieza a haber problemas para llegar a las cifras planificadas inicialmente. En esta edición la victoria final sería para el mexicano Raúl Alcalá. La organización de la prueba fue mejor que en la edición anterior, contando nuevamente con el beneplácito de un Greg Lemond que afirmaba que “el Tour de Trump tiene un enorme impacto y, si queremos que el ciclismo crezca en Estados Unidos, necesitamos carreras así. Los efectos se verán a largo plazo". Lo que no sabía era que Donald Trump estaba pasando un mal momento financiero, tras varias inversiones fallidas, lo que le llevó a declararse en bancarrota. Y, como era de esperar, abandonó el patrocinio de la prueba ciclista. Los organizadores se movieron rápidamente para encontrarle un sustituto y lo encontraron en el magnate John Dupont. A partir de ahí, la prueba, ya con el nombre de Tour Dupont, irá comenzando un progresivo declive que terminará con su desaparición definitiva en 1996, cuando John Dupont fue encarcelado por el asesinato del luchador olímpico David Schultz.

Ahora, casi 4 décadas después, Donald Trump tiene más que enterrada su pasión ciclista, si es que algún día la tuvo. En una de sus habituales salidas de tono desde la Casa Blanca criticó al que fuera Secretario de Estado, John Kerry, por ir en bicicleta. “Pararé el programa de Irán para fabricar armas nucleares, y no lo haré usando un hombre como John Kerry. Además de negociar mal, se arriesga a montar en bici con 72 años, se cae y se rompe una pierna. Prometo que yo nunca iré en bici ni pondré en peligro a mi país”. Sin comentarios.
📷Marca, Art of wheel, La Vanguardia

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